Weidmann descarta ya un rescate a España y lo ve un éxito del Gobierno
encuentro con el presidente del bundesbank

Weidmann descarta ya un rescate a España y lo ve un éxito del Gobierno

Alerta de atajos artificiales para el crecimiento y pide que no haya dudas para proseguir con las reformas

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En la apariencia hay ejemplo. La austeridad y el rigor que predica en sus ordenadas disertaciones se compadecen con el adusto edificio que acoge el Banco Central Alemán, en las afueras de Fráncfort. Jens Weidmann, que cumple dos años como presidente del Bundesbank, muestra la imagen y la seguridad del estudioso que siempre fue primero de la clase y que ahora se esfuerza por imponer criterio con puño de hierro en guante de seda.

Desde el ventanal del piso 13 en el que nos recibe, el economista que se graduó entre París y Bonn y se forjó como negociador del Gobierno alemán en las trastiendas del G-8 y el G-20 nos señala la doble torre que compite por sobresalir entre los rascacielos de la capital financiera del continente: es la sede del BCE, que cuando el 1 de abril de 2014 asuma la supervisión bancaria de la zona euro acogerá mil nuevos funcionarios y, quizá, otra torre hermana de nueva construcción. Es el coste preventivo de la Europa que quiere evitar otra crisis sistémica.

El hombre más poderoso de la Europa financiera (con permiso de Mario Draghi, presidente del BCE) envuelve el encuentro en una suerte de clase magistral sobre la crisis por endeudamiento de la zona euro, que a su juicio va camino de la recuperación si no hay errores. Sin el optimismo inapelable del «lo mejor está por llegar» del político Obama, eslogan interiorizado también por el equipo de gobierno de Merkel, el experto Weidmann está convencido de que la crisis no va a volver a agudizarse.

Pero el presidente del Bundesbank siempre llena su discurso de condicionales y adversativas para recordarnos que es el hombre de la ortodoxia: hay indicios de relajación en los gobiernos, incluido el de Alemania, precisamente porque el mercado se ha calmado. Su mensaje sobre España es esperanzador, moderadamente optimista, pero con el frío realismo de los academicistas. Calcula que nuestro país está en tránsito de superar el bache, pero todavía tendrá que sufrir.

Sin variar el tono sea cual sea el asunto que aborde, asume que las recordadas palabras de Draghi (con quien no siempre ha estado de acuerdo, y entonces tampoco) han ayudado a apuntalar el euro y aportado tranquilidad suficiente como para que la posibilidad de que España no pida el rescate sea ya muy elevada. Por eso, no ahorra elogios hacia el Gobierno español, para el que sería un éxito no tener que recurrir a ese extremo.

Además, a su juicio, Rajoy está conduciendo al país por el camino adecuado para que el Estado y las empresas privadas puedan financiarse a un precio asequible. Pero enseguida vuelven las advertencias del guardián de las esencias presupuestarias: no hay atajos ni debe haber dudas si se quiere recuperar la confianza, para Weidmann el principio del fin de la sufrida travesía del desierto de la economía española. Para que nadie se llame a engaño, su estimación es que nos hallamos aún en la mitad de los diez años que prevé de duración total de la crisis, iniciada en 2007.

Ni el contexto político de la cumbre hispano-alemana de este lunes en Berlín hace inmutarse al hombre que dirige el Banco Central Alemán, quien aprecia otra oportunidad para asentar su doctrina, consistente en que los políticos deben seguir tomando decisiones para la consolidación presupuestaria. Consciente de que Rajoy volverá a pedir a Merkel medidas para impulsar el crecimiento para que la sola austeridad no mantenga a España estancada, Weidmann martillea en el clavo: la consolidación presupuestaria y el crecimiento no son diferentes ni se deben contemplar por separado; para que los crecimientos sean sostenibles, se necesitan presupuestos sólidos y reformas claras.

Y aunque la alusión a las opciones sobre los ajustes son teóricas y advierte que no necesariamente se refieren a un país concreto, se muestra más partidario de que vengan por el lado de los gastos (recortes) que por el de los ingresos (subidas de impuestos). Algo así como una enmienda parcial a la política del Ejecutivo español durante su primer año largo de gobierno. Para rematar, desde su particular «checkpoint charlie», el árbitro financiero se da tiempo para una tarjeta amarilla a España: una expresa inquietud y preocupación por la elevada tasa de paro juvenil.

Modelo para empleo juvenil

En toda la conversación, Weidmann huye del discurso triunfalista de Alemania y se muestra mucho más cerca de la humildad que de la soberbia, aunque no por eso renuncia a la claridad al comparar ambos países. Además de recordar que el mercado laboral alemán puede ser un buen modelo, asegura que Alemania va a crecer más rápido porque forma parte de un proceso de ajuste que los germanos hicieron antes.

Por la misma razón por la que España en el año 2000 era el ejemplo para Europa y Alemania era el pato cojo. No le gusta pronosticar, pero, a pesar de la actual ralentización y de que Alemania no crecerá más que un 0,5% en 2013, está convencido de que el último trimestre del año el ritmo estará ya en el 1,3%. En el caso de España, no espera un crecimiento claro hasta 2014. Y vuelve a la carga frente a intentos artificiales de los Estados de lo que llama dopaje: daría crecimiento relativo a corto plazo, pero a la larga beneficiaría a los competidores de Europa.

Su repaso de la situación de Europa no obvia a Italia, país a las puertas de unas trascendentales elecciones y al que envía un recado: el Gobierno que salga de las urnas tiene que seguir el programa de consolidación. Si no fuera así, afirma que no le sorprendería que los mercados reaccionaran con una presión sobre la prima de riesgo y con la vuelta a la inestabilidad en toda Europa.

Quizá el único punto débil del presidente del Bundesbank (si puede tenerlo un teórico de apariencia consistente como Weidmann) se muestra cuando defiende el sistema de cajas de ahorro de Alemania, que sólo al final, tras la repregunta del periodista, sitúa en una posición robusta. Antes, su repaso es superficial y suena a «excusatio manifiesta».

Arguye que las entidades de ahorro germanas han sufrido el mismo proceso que en otros países: algunas han desaparecido, afectadas primordialmente por proyectos fallidos en el sector naviero, y en el caso de las otras, han sido los bancos centrales de los lander los que han asumido sus títulos de riesgo. En conclusión: han recibido ayuda, pero el sector está ya saneado.