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España / 75 cumpleaños del rey

Un Rey forjado en la adversidad

Día 05/01/2013 - 05.15h
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Educado a las duras, Don Juan Carlos pasó su infancia y juventud alejado de su familia

A los 75 años, la mayor parte de los españoles están jubilados, pero el oficio de Rey no entiende de edades y todo se hace, o se deja de hacer, por el bien del país. Mientras Don Juan Carlos tenga fuerzas y sienta que España le necesita, seguirá siendo Rey y el día que deje de serlo lo hará con la tranquilidad de saber que su hijo, el Príncipe de Asturias, está preparado para sucederle con toda normalidad. Esa es una de las ventajas de la Monarquía. No hay vacíos.

Infancia en Roma y Suiza

Desde que nació en Roma en el exilio, toda la vida de Don Juan Carlos ha estado centrada en la misma idea: España. Una tierra que empezó a amar en la distancia y por la que siendo un niño tuvo que renunciar a lo más querido: su familia. Su padre, Don Juan de Borbón, empezó muy pronto a inculcar al joven Príncipe que ambos compartían una misión, restaurar la Monarquía en España, pero sería una Monarquía parlamentaria en una España democrática. El nuevo Monarca habría de ser el Rey de todos los españoles, un Rey que reconciliara a las dos Españas que acababan de desangrarse en una Guerra Civil.

Desde el primer momento, Don Juan se ocupó de forjar en su hijo, a golpe de renuncia y disciplina, un carácter fuerte que pudiera soportar las pesadas cargas de su destino. Con solo ocho años, «Don Juanito», como le llamaban los más próximos, fue enviado al rígido internado de Ville Saint Jean de Friburgo, en Suiza, donde experimentó por primera vez el amargo sentimiento de la soledad y el olvido. Su padre prohibió a su madre, Doña María de las Mercedes, que le llamara por teléfono durante las primeras semanas, con el fin de endurecerle el carácter. Tiempo después, allí tuvo que superar, sin más compañía que la de su preceptor, Eugenio Vegas Latapié, una operación en el oído izquierdo, que requirió varios días de ingreso hospitalario y que le afectó para siempre a la audición.

Sólo una vez, y ya mayor, Don Juan Carlos incumplió la norma que le habían inculcado de pequeño de que los hombres no lloran en público. Fue en el entierro de su padre, el hombre que no pudo reinar en la España que tanto amaba, pero a quien los españoles despidieron con una impresionante manifestación de duelo y afecto que ya hubieran querido para sí otros Reyes.

Negociaciones con Franco

Mientras el Príncipe seguía estudiando en Suiza, Don Juan trataba de negociar con Francisco Franco la restauración de la Monarquía, pero el general le daba largas. Franco estaba de acuerdo con que, a su muerte, se restableciera la Monarquía, pero no en la persona de Don Juan, contra quien orquestó campañas difamatorias. Más proclive se mostraba con el Príncipe, pero aún tardaría veinte años en reconocerlo.

La primera vez que pisó España

En aquel momento, se decidió que si el niño iba a ser Rey de España algún día, lo mejor era que se educara en su país. Y a los diez años el pequeño Don Juan Carlos volvió a separarse de sus padres, que vivían en Estoril, para pisar por primera vez la tierra que amaba su familia y cuya situación tanto les hacía sufrir. La vida en España no fue fácil para Don Juan Carlos, que creció en medio del enfrentamiento entre Franco y su padre y en un ambiente poco favorable a la Monarquía. Pero todo fue más difícil y mucho más triste tras la muerte de su hermano menor, Don Alfonsito, en un trágico accidente mientras jugaban con un revólver en Estoril.

Boda en Atenas

Cuando tenía 24 años, se casó en Atenas con la Princesa Doña Sofía, hija del Rey de Grecia, y la boda, a la que asistieron cinco mil españoles, se convirtió en una verdadera manifestación monárquica. El matrimonio se instaló en un antiguo palacete situado en La Zarzuela, que acababa de ser rehabilitado. La familia creció con la llegada de las Infantas Elena y Cristina y el Príncipe Felipe, que aseguraron la continuidad de la Dinastía. Mientras Don Juan Carlos esperaba que llegara el momento de ser proclamado Rey, soñaba con cómo debía ser España después de Franco.

Proclamación en las Cortes

Ese momento llegó el 22 de noviembre de 1975. Hasta entonces, la historia de nuestro país en el último siglo y medio había sido la historia de media España contra la otra media. Aquel día, Don Juan Carlos habló de un futuro distinto al afirmar que quería ser «el Rey de todos los españoles». Con una mezcla de esperanza y temor, comenzó una nueva etapa que, a pesar de la actual crisis económica, pasará a la historia como el periodo más largo de paz, convivencia, libertad y prosperidad que han conocido los españoles. Si no se hubiera tejido una sólida red de protección social a lo largo del Reinado, los efectos de la crisis habrían sido mucho más dolorosos.

Primeras elecciones democráticas

Año y medio después de la proclamación de Don Juan Carlos, el Rey devolvió la soberanía al pueblo, que acudió a votar el 15 de junio de 1977 en las primeras elecciones de la democracia, y alentó la redacción de una Constitución que, a diferencia de las seis anteriores que había tenido España, contara con el consenso de todas las fuerzas políticas. También por primera vez, la Constitución de 1978 fue ratificada por el pueblo español en referéndum.

Al principio del Reinado los hechos se sucedían a un ritmo frenético. Y también las dificultades. En un solo mes, febrero de 1981, el Rey tuvo que hacer frente al boicot de los abertzales en la Casa de Juntas de Guernica, y al intento de golpe Estado del 23-F, que frustró con firmeza y acabó con los fantasmas del pasado.

A pasos de gigante

Pero España también avanzaba a pasos de gigante. En apenas diez años, nuestro país se adhirió a la OTAN e ingresó en la CEE, el Rey se convirtió en una figura respetada en todo el mundo y de gran influencia internacional, y en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 España mostró al exterior una imagen de éxito y modernidad. Se produjo la alternancia política con normalidad democrática, los socialistas gobernaron por primera vez en España con la Monarquía y, con el tiempo, cedieron en dos ocasiones el testigo al Partido Popular.

España, que había dejado de ser una excepción, entró en la rutina democrática, con sus errores y sus aciertos. Sus problemas eran parecidos a los de los demás países de su entorno, excepto el terrorismo. ETA cometió más asesinatos durante la democracia que durante el franquismo porque trataba de destruir un sistema de libertades que, como se ha visto después, la dejaba sin razones para seguir existiendo.

Pero el Reinado de Don Juan Carlos se ha caracterizado también por la proximidad de la Familia Real, que ha compartido con el pueblo sus logros y sus tragedias, desde las catástrofes de Biescas o del «Prestige» a los atentados del 11-M, pasando por los accidentes del Yak 42 o del avión de Spanair, entre otros momentos difíciles.

El último año del Reinado, sin embargo, no ha sido fácil. La implicación de su yerno, Iñaki Urdangarín, en un supuesto caso de corrupción –aún pendiente de juicio– cayó como un jarro de agua fría en el ánimo de los españoles, aunque el Rey le apartó de la actividad institucional y afirmó que en nuestro país «la Justicia es igual para todos».

El pasado abril, un inoportuno viaje privado a Botsuana, en el que se cayó y se fracturó la cadera, desencadenó por primera vez un reproche generalizado, al que Don Juan Carlos respondió con un gesto sin precedentes en la vida pública española: «Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir», afirmó al abandonar el hospital. Era cuando más le necesitaba una España ahogada por la crisis y amenazada por el separatismo. Sin apenas tiempo para la convalecencia, se propuso recuperar la confianza, a golpe de trabajo. Ocho meses después, el Rey había conseguido recuperar también los niveles de popularidad anteriores al viaje.

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