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Pablo Iglesias ensalza ahora la Transición y su «notable consenso social»

El líder de Podemos busca seducir a las mayorías reconociendo las «virtudes» del 78

Pablo Iglesias, secretario general de Podemos
Pablo Iglesias, secretario general de Podemos - MAYA BALANYA

No era un aula universitaria, pero como si lo hubiera sido. Pablo Iglesias se vistió ayer martes de académico y, con un discurso mucho más pedagógico, quiso dar una lección sobre la Transición española, cuyo «candado» quería abrir hace año y medio y cuyas «virtudes» no duda ahora en ensalzar.

El candidato de Podemos a la presidencia del Gobierno aprovechó la presentación de su último libro, «Una nueva transición» -una recopilación de artículos, entrevistas y discursos que ha protagonizado este 2015-, para colocar a su partido como principal actor de esa segunda transición que da título a su obra. Iglesias situó su inicio en el 15-M y ubicó a Podemos como «la mejor expresión política» del movimiento indignado, que vino a cambiar los viejos discursos y sumar «amplias mayorías sociales». Esas mayorías son las que persigue Podemos para alcanzar La Moncloa, y explican lo que calificó como «la evolución» de su partido: «Podemos ha evolucionado de expresión de la indignación a alternativa de gobierno. Eso se nota, tiene implicaciones», se justificó.

Iglesias ensalzó las «virtudes» de la Transición, que logró un «notable consenso social, supuso una promesa de modernización y trajo avances innegables»

Parte de esa evolución es precisamente el discurso que Iglesias mantiene sobre la Transición. Quien en 2014 prometía acabar con el «régimen» del 78, «abrir el candado» de la Carta Magna, proclamaba un «nuevo proceso constituyente» y «poder discutir de todo», ahora prioriza «buscar consensos» y se conforma con incluir cinco reformas constitucionales. Y ensalza las «virtudes» de un periodo histórico que logró un «notable consenso social, supuso una promesa de modernización y trajo avances innegables». Incluso citó la descentralización de la administración como un «éxito». Este elogio de la Transición se encuadra en el mensaje que Podemos quiere trasladar esta campaña, de «dar las gracias» a lo que supuso 1978 y dar la bienvenida al nuevo periodo que, a su juicio, se abre en 2016.

Iglesias sostuvo que el pacto de la Transición tuvo límites, entre los que citó expresamente una ley fundamental de Sucesión que «impidió a los españoles poder decidir sobre el modelo de Estado», algo que sin embargo tampoco recoge en su programa electoral para los próximos cuatro años ni se incluye entre sus propósitos para la reforma de la Carta Magna.

El líder de Podemos ensalzó también el «heroísmo del antifranquismo» de entonces, que, sin embargo, «no acumuló la fuerza suficiente para lograr sus objetivos». Por ello, el 15-M es «mucho más poderoso que el antifranquismo» y va «mucho más allá de la izquierda, que lo vio con sorpresa y no lo comprendía». De nuevo hubo quien le preguntó por la fracasada unidad, e Iglesias volvió a deshacerse del estigma de la II República y la «vieja izquierda»: «En 2015 no cabe una venganza del antifranquismo, pero sí de una fuerza política que comparta ese mismo ADN pero no se exprese con los mismos símbolos o colores de bandera. Un excesivo fetichismo del pasado es un límite para el cambio y beneficia al adversario», lanzó. «No es una suerte de disfraz, es entender los cambios del lenguaje político en España». Un lenguaje que ya no habla de «proceso constituyente» ni de «derrumbar un régimen de oligarcas».

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