El principal motivo de indecisión es si acudir o no a votar el domingo
El principal motivo de indecisión es si acudir o no a votar el domingo - EFE

Elecciones 2016El espejismo de los indecisos

El último CIS destacó que un 32,4% de los electores no tenía claro a quién votar aunque, esa cifra, no es tan elevada y tampoco tendrá una gran incidencia en los resultados ya que los votantes se repartirán entre los distintos partidos

-MadridActualizado:

Del dicho al hecho hay un gran trecho. Eso escribió Cervantes en el Quijote y mañana, cuando habrán pasado 400 años de su muerte y sólo seis meses desde las últimas elecciones, los votantes le van a dar la razón al Manco de Lepanto quitándosela al CIS, que abrió la puerta de la especulación y las quinielas al asegurar que un tercio de los electores —concretamente el 32,4%— no sabía a quién iba a votar.

La estadística es fría y los números, interpretables porque, a tenor de las opiniones de los expertos consultados por ABC, ni son tantos indecisos, ni todos están perdidos, ni van a votar en masa al mismo partido. De hecho, se espera que la mayoría vote igual que el 20-D, que los que cambien se repartan entre los diferentes partidos y que, a menos que estas variaciones se concentren en las circunscripciones en las que baila algún escaño, no tengan demasiada influencia en el resultado.

«Todos los indecisos no van a votar al mismo partido»

«Ese 32% no es real», sostiene Carmen Galbete, consultora en Redondo y Asociados quien, acto seguido, se explica: «Hay un 11% indeciso y un 22% categorizado en el 'no sabe, no contesta', que son los que se callan, los no informantes que, aunque siempre acaban votando a los mismos que en elecciones anteriores, durante el periodo de campaña están buscando argumentos para reafirmarse en su voto».

Igual piensa Pablo Simón, polítologo y profesor en la Universidad Carlos III de Madrid, que no lo duda: «Efectivamente, lo de los indecisos es una milonga». En este sentido, Simón indica que el 26-J la indecisión está en niveles parecidos a las elecciones de 2008 y por debajo del 20-D. «En las anteriores elecciones, el 18% de los indecisos se abstuvo y, entre los que votaron, el 22% se fue con Podemos, el 18% con el PP, otro 18% con el PSOE y un 14% con Ciudadanos», destaca el politólogo dejando claro que, los indecisos, se van a repartir de forma casi equitativa entre todos los partidos.

El Brexit también podría jugar su papel en estos comicios ya que, como manifiesta Galbete, la salida de Reino Unido de la Unión Europea, podría activar «el voto de la estabilidad», es decir, algunos indecisos podrían decantarse a última hora por PP o PSOE, pese a que los cuatro grandes partidos sostienen la misma postura europeísta.

Importancia territorial

«No va a ser una cosa loca, lo interesante es saber cómo se distribuirán territorialmente, que es lo que puede marcar la diferencia», suscribe el profesor, quien no cree que las oscilaciones se vayan a alejar «más de dos o tres puntos» de lo que dicen las encuestas pese a que, según su criterio, «las estimaciones son muy malas porque tienen unos márgenes de error muy altos». Estos márgenes oscilan entre los 2,5 y 3 puntos, exactamente lo que podrían crecer o decrecer los partidos. Conclusión: habrá café para todos.

Para reforzar la tesis de que los indecisos no serán tan decisivos, Rubén Tamboleo, miembro del Colegio Nacional de Doctores y Licenciados de Ciencias Políticas y Sociología, deja claro que la palabra «indeciso no significa que no tengas ni idea». Por ello, el experto prefiere denominarlos indecisos orientados, «puesto que tienen una tendencia bastante segura de lo que van a votar y, en todo caso, dudan entre dos partidos afines».

Votar o no votar

Oriol Bartomeus, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Barcelona, cree, por su parte, que los indecisos sí que van a ser «decisivos», especialmente aquellos que no saben si van a votar o no. «La participación es un elemento fundamental y en estas elecciones juega un papel importante el cansancio: el elemento clave del 26-J es si los indecisos van a votar o no».

A partir de ahí, el politólogo advierte de que, en un escenario de escasa participación —como el que algunos presuponen para mañana—, los cambios, por pequeños que sean, pueden tener una influencia mayor. «Que un millón personas cambie su voto puede significar un cambio muy grande», suscribe Bartomeus quien señala tres espacios de indecisos: en la izquierda (entre Unidos Podemos y PSOE y entre IU y Unidos Podemos), en el centro (entre Ciudadanos y PSOE) y en la derecha (entre Ciudadanos y PP). Sin embargo, la lógica, como apunta Simón, no dicta que todos estos indecisos acudan en masa a las filas de una formación.

«Que un millón personas cambie su voto puede suponer un cambio grande»

Esto, por lo tanto, destruye cualquier interpretación que vaticine grandes sorpresas con respecto a los últimos sondeos. «El podio es el que es», insiste Galbete, quien no duda que el PP ganará las elecciones, Unidos Podemos será segundo y el PSOE tercero. «Los cambios, si los hay, serán muy en el margen», aporta Simón, quien añade que a la gente «no se le va a olvidar lo que ha votado» el 20-D.

Con todo, el mensaje de los que de verdad saben de Ciencia Política a quienes pronosticaron el vuelco de los indecisos parece claro: no hay que precipitarse. «La tasa de indecisos es de lo más normal», recalca Bartomeus, quien avanza que en las próximas elecciones «habrá más».

Y lleva razón porque en esta segunda campaña no ha pasado mucho más allá de las grabaciones de Fernández Díaz. Nadie ha llamado indecente a nadie, tampoco se ha hecho mención a la cal viva y el debate, pese a la audiencia, ha pasado como pasa la luz por el cristal. Esto, además de aburrir al personal, parece que tendrá poca incidencia en las urnas. Al final, como dijo Cervantes, lo que parecían gigantes sólo serán molinos.