Elecciones CataluñaVictoria histórica de Ciudadanos, decepcionante PSC y descalabro del PP

Arrimadas consigue la primera victoria electoral de su partido, Iceta frena la huida de votantes pero sólo araña un escaño más y el PP de Albiol sucumbe en Cataluña

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Ciudadanos: Arrimadas consigue la primera victoria electoral de su partido

Ciudadanos ganó ayer por primera vez unas elecciones. Lo hizo en la tierra que lo vio nacer hace once años y tras lograr 1.090.000 votos, al 98% escrutado. El resultado se convierte en el hito más importante de la historia del partido, que inició su andadura en el año 2006 en Cataluña con 89.840 votos. Y significa un ascenso notable desde los 734.910 votos logrados en 2015.

La victoria de Ciudadanos se sustentó en dos ejes. La primera es que se convirtió en la fuerza más votada en las provincias de Barcelona y Tarragona. La segunda, y que en el partido se considera clave, es que asaltaron el territorio independentista y alcanzaron resultados por encima del 15% en Lérida y rozando el 20% en Gerona. El partido se convirtió en la fuerza más votada en la provincia de Barcelona de manera muy rotunda, con más de 850.000 votos y el 26,43% de los sufragios. La formación se impone también en Tarragona con cerca de 120.000 votos y el 27,36% de los votos.

Esta victoria se vio claramente empañada por el hecho de que los independentistas retienen la mayoría absoluta en el Parlament, lo que cierra la puerta a cualquier posibilidad de ver a Arrimadas como presidenta de la Generalitat. Conforme avanzaba la tarde en el partido decían mostrarse «sorprendidos» por el resultado de PSC y PP, porque sabían que eso les cerraba de golpe la puerta a cualquier opción de gobernar. Albert Rivera lo lamentó en su valoración: «Nosotros hemos hecho lo que os prometimos. Ganar», pero se refería al descenso de PP y PSC con crudeza: «Nosotros ya no podemos hacer más».

El resultado mejoró todas las expectativas que el partido había hecho. Ser la fuerza más votada era algo que creían que estaba al alcance de la mano, pero eran mucho más pesimistas con la posibilidad de ser primera fuerza en escaños. En el último mitin de campaña Rivera cifró el objetivo en superar la barrera del millón de votos y también se logró con comodidad.

Arrimadas comparecía al filo de la media noche en la Plaza de España en la que proclamó que «por primera vez en Cataluña ha ganado las elecciones un partido constitucionalista y ha sido Ciudadanos». El partido considera que su victoria en votos y escaños deslegitima cualquier atisbo de continuar con el proceso independentistas. La candidata proclamó que «la mayoría social de Cataluña quiere la unión con el resto de españoles» y destacó que «las diez ciudades más pobladas de Cataluña hoy son naranjas». Unos resultados que Arrimadas consideró que inhabilitan el proyecto independentistas: «Los partidos nacionalistas nunca más podrán hablar en nombre de toda Cataluña. Ha quedado claro que el procés no representa un futuro para todos los catalanes».

Tanto Arrimadas como Rivera lamentaron el sesgo de la ley electoral. «Debería ser la presidenta de la Generalitat de Cataluña», dijo el presidente del partido, que no dudó en darle dimensión nacional recordando que «Ciudadanos ha sacado más votos que los otros tres partidos nacionales juntos en Cataluña» y al asegurar que hay que «ganar en las urnas» al independentismo pero que «España tiene que tener un proyecto de futuro que ilusione al conjunto de españoles».

PSC: Iceta frena la huida de votantes pero sólo araña un escaño más

Se veía Miquel Iceta como próximo presidente de la Generalitat gracias a algún tipo de carambola postelectoral que situase al PSC en el centro del relato parlamentario y a una mano izquierda que, llegado el momento, le permitiese llegar a acuerdos con Ciudadanos, PPe incluso Catalunya En Comú. Un escenario que quedó en prácticamente nada después de que los socialistas catalanes lograran únicamente un escaño más respecto a la última contienda electoral. Una mejoría también en número de sufragios que frena la sangría de votos de los últimos años pero que, sin embargo, deja al primer secretario del PSC lejos de esa posición de bisagra a la que aspiraba.

Sobre el papel, el PSC lo tenía relativamente fácil: después de firmar en 2015 sus peores resultados, con 16 diputados y 523.282 votos, y de consumar tres lustros de caída libre en los que ha perdido más de medio millón de sufragios, el repunte que apuntaban todas las encuestas parecía inevitable. Máxime después de una campaña en la que Iceta, el más veterano de todos los candidatos que concurrían a estas elecciones, se ha alineado con el flanco constitucionalista pero sin perder de vista cierta ambigüedad para asegurarse más de una salida en caso de tener la llave de la Generalitat.

Con todo, es precisamente esa posibilidad de auspiciar un nuevo tripartito de izquierdas y la posibilidad de incluir a ERC en alguno de sus pactos lo que puede haber frenado el avance de un Iceta que ni siquiera ha logrado conquistar mayorías en feudos tradicionales del socialismo como L’Hospitalet del Llobregat, Cornellà, Esplugues del Llobregat o Santa Coloma de Gramanet, donde anoche se impuso Ciudadanos.

Así, con el antiguo cinturón rojo cada vez más teñido de naranja, tampoco la presencia de algunos excargos de Unió en sus listas parece haber servido de revulsivo. Al contrario: si en 2015 la suma de porcentajes de ambas formaciones llegaba al 15,23%, anoche el PSCse quedó por debajo del 14% con 594.634 votos y 17 escaños al 98,58% esrutado. No logró rentabilizar las alianzas con Ramon Espadaler y Montserrat Surroca, entre otros.

El propio Iceta reconoció ayer al poco de conocerse los resultados que, pese a haber experimentado una subida de votos por primera vez desde 1999, el de anoche no era el resultado buscado ni deseado. «No hemos conseguido dar forma a una alternativa ni ser el eje de este alternativa en el Parlament», subrayó el primer secretario del PSC en clara alusión a la mayoría constitucionalista a la que apelaban Ciudadanos, PP y el propio PSC.

Aún así, Iceta quiso recordar que el nuevo presidente de la Generalitat tendrá que actuar «en el marco legal» y aseguró una vez más que la solución en Cataluña no pasa «ni por el independentismo ni por el inmovilismo». «Hay que descartar la vía unilateral que ha perjudicado al país. Seguiremos emplazando a los gobiernos catalán y español a dialogar en el marco de la ley», avanzó el líder socialista, quien se puso a disposición del Parlament para encontrar soluciones al bloqueo político de Cataluña.

PP: Albiol sucumbe en Cataluña

El PP se hundió ayer en el abismo de la irrelevancia política en Cataluña. Tras años de retroceso electoral, los populares no aspiraban más que a salvar los muebles, con el único consuelo de poder sumar para una mayoría constitucionalista, aunque fuera a costa de la victoria de Ciudadanos. Pero nada de eso ocurrió el 21-D. Los de Xavier García Albiol se cayeron de su maltrecho colchón directos al suelo.

La debacle fue histórica, tres diputados y el 4,23% de los votos con el 98,58 por ciento escrutado, lo que les sitúa en última posición, por detrás incluso de los antisistema de la CUP (4). Los dos partidos compartirán grupo mixto en un Parlament otra vez con mayoría independentista.

El PP venía de 11 escaños de los 135 del Parlament después de que Inés Arrimadas le arrebatara en 2015 casi un tercio de su fuerza electoral. Ayer, Cs le fagocitó uno de cada dos votantes y lo dejó en los huesos, al borde de la extinción. Los populares se quedan con 170.000 votos, la mitad que hace dos años, sin representación en Gerona, Lérida. ni el escaño de Tarragona que era de Alejandro Fernández. Su hasta ahora portavoz parlamentario, uno de sus máximos valores, se queda fuera de la Cámara. El PP tendrá solo tres diputados, por Barcelona: para su candidato, Xavier García Albiol, Andrea Levy y Santi Rodríguez. El ambiente anoche tras el escrutinio era de funeral. «La valoración es muy clara, no voy a entrar en matices, ha sido un mal resultado», admitió Albiol, que felicitó primero a Ciudadanos, pero que luego reprochó a Albert Rivera que llamara al «voto útil» y dijera que votar al PP era «tirarlo a la basura». «Algunos lo celebrarán durante cinco minutos, pero Cataluña va a salir perdiendo», se lamentó. No hay planes de dimisión, de momento.

Lo cierto es que ni siquiera Rajoy, que asumió todo el protagonismo en esta campaña, logró detener la hemorragia de votos hacia Ciudadanos, al que los votantes del centro-derecha constitucionalista identificaron como claro caballo ganador en estas urnas. El presidente sustituyó a Albiol y se volcó participando en cinco días de campaña. Pero pronto vio el PP que no rentaría la aplicación del artículo 155 en Cataluña. No es que no hubiera premio, es que el castigo era mayúsculo. «La política es ingrata», reconocía ayer un cargo del PP catalán, sumido en la más profunda depresión. «Nosotros hacemos el trabajo y otros se benefician», fue la reflexión de otro miembro del Gobierno tras el sinsabor de unas encuestas que ya apuntaban la debacle. El CIS, normalmente rácano con el PP, le otorgaba esta vez siete escaños.

Los resultados del 21-D desatarán una fuerte crisis interna en Génova, donde muchos temen el efecto contagio del avance de Ciudadanos en otras comunidades autónomas. «Y quien no lo quiera ver está ciego», advierten fuentes populares. Rajoy ha convocado este mediodía en Génova a la cúpula del partido y a todos sus barones regionales, incluido Xavier García Albiol. El partido asume internamente que «ha faltado equipo» en Cataluña aunque el examen de conciencia tendrá que ser colectivo. No es sólo que el candidato no ha sido capaz de seducir al electorado, sino que en palabras de un cargo de la dirección nacional «existe un problema más profundo, no tenemos implantación territorial, no logramos sintonizar con nuestra gente. Corremos serio riesgo de desaparecer» en Cataluña. A punto están.