Hillary Clinton, el duro precio de querer hacer Historia

Hillary Clinton ha hecho todos los esfuerzos y concesiones posibles para colmar su ambición de ser la primera mujer en la Casa Blanca

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«Es una luchadora», dijo Donald Trump sobre Hillary Clinton al final del segundo debate presidencial. Es quizá lo único bonito que declaró sobre su contrincante en toda la campaña. Lo hizo ante el requerimiento del moderador de decir algo bueno sobre el oponente. Por una vez, Trump derrochó elegancia. «Pelea duro, no abandona, no se rinde», agregó.

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No le faltaba razón al multimillonario neoyorquino. Clinton ha demostrado una resistencia envidiable a las bofetadas políticas y personales para cumplir su ambición de llegar a la Casa Blanca. De alguna manera, es una pelea que ya dura medio siglo. No había cumplido los 20 años cuando sus compañeras de Wellesley College ya lo pronosticaban. «Tú vas a ser la primera presidenta de EE.UU.», le decían. La entonces Hillary Rodham era un producto de la próspera clase media de la época, criada en una familia pujante y conservadora, en un suburbio de Chicago sin minorías.

Su primer impulso político fue apoyar al «Trump» de la época, el populista republicano Barry Goldwater. Pero el ambiente liberal de Wellesley hizo mella y al acabar la Universidad ya era demócrata y con ambiciones políticas. «Durante demasiado tiempo, nuestros líderes han hecho de la política el arte de lo posible. El desafío ahora es tomar la política como el arte de hacer lo que parece imposible, posible», dijo en un discurso de graduación que presentía su futuro. Entonces, colocar a una mujer en la Casa Blanca parecía imposible.

Poco después, en Yale, conoció a la persona más importante de su vida y con quien formaría la dupla política más influyente en EE.UU. en las últimas cuatro décadas: Bill Clinton. Era 1971 y al año siguiente, con elecciones presidenciales, ambos hicieron campaña en Texas a favor del candidato demócrata, George McGovern, que perdió con Richard Nixon. Clinton seguía vinculada a sus orígenes, y salía a captar el voto hispano con la Biblia debajo del brazo.

Bill y Hillary se instalaron en Arkansas, la tierra origina de él, donde se casaron en 1975 y donde arrancó su carrera política. Ella fue mucho más que la mujer del joven gobernador del estado. Fue pieza esencial en su equipo, ideóloga y colaboradora cercana mientras compaginaba su trabajo como abogada.

A finales de los 80, Bill Clinton era una joven figura carismática del partido demócrata. Su asalto a la Casa Blanca en las elecciones de 1992 fue un trabajo en pareja. En sus mítines, el candidato llegó a decir que los votantes elegirían «dos por el precio de uno». «Billary», como se les conoció, conquistaron la presidencia y Hillary no se dedicó a redecorar los salones del número 1600 de Pensilvania Avenue. Su marido le puso al frente del grupo de trabajo destinado a impulsar una compleja reforma sanitaria, uno de los asuntos que Hillary ya trató como Primera Dama de Arkansas.

Fracasó en su intento ante la oposición de los republicanos y de las industrias farmacéutica y sanitaria. Pero ese no fue el mayor contratiempo de sus años en la Casa Blanca. Después de varios escándalos de faldas de Bill, el «affaire» con la becaria Monica Lewinsky, que propició el procesamiento del presidente, monopolizó el debate político de buena parte de su segundo mandato.

Premio final

Hillary optó por perdonar y apoyar al mayor estandarte en aquel momento del partido demócrata. Al mismo tiempo, se aseguró la continuidad de su propio futuro político. Otro contratiempo del que salió reforzada. Nada más abandonar la Casa Blanca, en 2000, tuvo todos los apoyos del partido para ser senadora por Nueva York. Tras ocho años en el cargo, llegó el momento histórico para el que esta destinada: convertirse en la primera presidenta de EE.UU.

Pero Barack Obama, con más carisma y un relato con mayor peso histórico -convertirse en el primer negro en la Casa Blanca- le ganó la partida tras unas primarias muy ásperas. Clinton supo de nuevo salir a flote: apoyó con fuerza a Obama en la elección general y él le recompensó con el puesto de secretaria de Estado, y el partido con su apoyo para la presente cita electoral.