Fachada de una surcursal de Bankia.
Fachada de una surcursal de Bankia. - ABC

En torno a la venta de Bankia

El economista Carmelo Tajadura cree que «ninguna de las alternativas parece demasiado clara. Ni ampliar el plazo, ni vender el control a otro banco, ni vender en múltiples colocaciones. Deberían combinarse la primera y la tercera»,

MADRIDActualizado:

El Estado, a través del FROB, tiene que devolver completamente la entidad al sector privado intentando obtener los mayores ingresos posibles para así minimizar las ayudas netas otorgadas a la entidad.

El FROB hizo ya dos ventas, a 6,04 y a 4,06 euros por acción, y el precio actualmente es menor (3,66 al acabar la sesión del viernes 13) por lo que el mercado no acompaña. Es razonable pensar que, si se espera tiempo para vender, podría obtenerse teóricamente un mayor precio. Por tres razones: Bankia es una entidad cuyo margen de intereses es muy sensible a la subida de tipos; un volumen creciente de negocio debería ir rentabilizando su balance; y la entidad está muy bien gestionada en lo que depende de sí misma, aunque no pueda controlar el entorno. De hecho, su reciente plan estratégico contempla importantes incrementos de beneficio que, aunque el mercado no se los crea del todo, deberían ayudar al precio.

Hay un plazo límite para la desinversión -finales de 2019- si bien podría retrasarse, como ya se hizo antes. No obstante, una nueva ampliación del plazo tiene también claros inconvenientes. Porque ni a Bruselas le gusta la situación actual, ni un banco con una importante participación pública es un competidor neutral para las demás entidades financieras, ni la propia Bankia se encuentra cómoda con algunas limitaciones derivadas de ser mayoritariamente pública. Además, aplazar la venta implica algún riesgo, tanto político (color futuro del gobierno) como económico (el mercado es imprevisible, aunque lo lógico sea que Bankia valga más).

Si no se amplía el plazo se podría, teóricamente, vender de golpe una participación de control a otra entidad financiera o seguir enajenando paquetes en el mercado.

La venta de toda la posición pública (aproximadamente el 61%) a otro banco debería incluir una prima de control en el precio, lo que podría maximizar la recuperación de ayudas para el Estado. Pero, aparte de que ello reduciría el nivel de competencia (salvo que lo adquiriese una entidad extranjera), hace falta que haya alguien dispuesto a comprar. Y no parece muy probable encontrar bancos interesados. Desde luego no extranjeros, pero quizás tampoco nacionales porque algunos ya han hecho otras operaciones y porque la ampliación de capital necesaria (Opa incluida) para no dañar sus ratios de capital sería fuerte o incluso prohibitiva en algún caso.

Queda la venta por paquetes, que se haría en sucesivas operaciones fuera de los períodos inhábiles (algunas semanas/meses tras cada colocación o antes de presentar resultados). Pero, vender así, exigiría ofrecer descuentos a los compradores sobre los precios de mercado, quizás tanto mayores cuanto más grandes sean los paquetes. Aparte de que el mercado es consciente de la necesidad que tiene el Estado de vender y anticipa la consiguiente oferta de papel, lo que desde luego está perjudicando al precio. Podría temerse que intentar apurar los plazos para vender toda la participación en paquetes antes del fin de 2019 quizás acabase minimizando la recuperación de ayudas.

En definitiva, ninguna de las alternativas parece demasiado clara. Ni ampliar el plazo, ni vender el control a otro banco, ni vender en múltiples colocaciones. En mi opinión, salvo sorpresa que permitiera la segunda opción a buen precio, deberían combinarse la primera y la tercera. Es decir, el FROB podría ir vendiendo algo, pero -si confía en el plan estratégico de Bankia- no debería liquidar el grueso de la participación hasta ver subidas de precio satisfactorias en el futuro, aunque se rebase 2019.

Siempre teniendo en cuenta que nunca se recuperarán los 24.000 millones de ayudas e incluso, vendiendo rápido, no se obtendría ni siquiera la mitad. Porque, los dividendos y ventas han permitido ingresar algo menos de 3.000 millones y el paquete restante vale actualmente otros 7.000. Lo que no quiere decir que la operación de rescate haya sido desafortunada. Porque se evitó la quiebra de la entidad (y consiguiente liquidación de los depósitos), así como la desconfianza en todo el sistema bancario. Aparte de que se ha indemnizado con 5.000 millones a accionistas, preferentistas y otros.

Otra cosa es que algunos hicieran promesas demasiado “alegres” de recuperación plena de ayudas, que en absoluto resultaban lógicas.