Economía

«Subprime»: la crisis que puso en jaque al mundo

Las previsiones a partir de ahora son favorables, aunque quedan tareas pendientes como recuperar la inversión y disminuir el paro

El mundo no ha vuelto a ser igual después del estallido de la crisis
El mundo no ha vuelto a ser igual después del estallido de la crisis - ABC

No son pocos los economistas que sitúan el verdadero comienzo del siglo XXI en un mes de agosto de hace diez años. Fue entonces cuando, en Estados Unidos, estalló la llamada burbuja de las hipotecas «subprime», o basura, bautizadas así por ser concedidas a cambio de jugosos tipos de interés a personas con poca solvencia. El colapso vivido entonces fue tan brutal que tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo se vieron obligados a inyectar miles de millones al sistema y bajar los tipos de interés en un intento desesperado –e inédito– de dar oxígeno a un enfermo agonizante.

Ciertamente, el mundo no ha vuelto a ser como antes de las «subprime». Lo que primero fue una crisis financiera de liquidez se convirtió poco después en una de solvencia bancaria y llegó a Europa como una «tormenta perfecta» que sacó a relucir todas sus debilidades. Diez años después, se acaban de recuperar los niveles previos de PIB, pero sigue habiendo deberes ineludibles que no se han logrado completar. El paro, la inversión y la confiaza en las autoridades monetarias siguen sin parecerse a lo que se acostumbraba en los años dulces previos al colapso.

Incertidumbre

Las previsiones a partir de ahora son favorables, aunque la incertidumbre no ha terminado de desvanecerse. Y es que tras años de una abundancia monetaria sin precedentes, la economía avanza ahora por terreno inexplotado. Así lo explica Santiago Carbó, catedrático de Economía de Cunef y director de Estudios Financieros de Funcas: «La que hemos vivido estos años (seguimos viviendo en muchos aspectos) es la primera gran crisis del siglo XXI. Esta crisis ha tenido una respuesta inusitada, principalmente monetaria, con un experimento de provisión de liquidez de extraordinarias proporciones cuyo funcionamiento hasta ahora parece poco discutible pero con consecuencias de largo plazo que aún tardaremos en conocer. Lo que vemos en esta crisis es una recuperación con extraordinaria acumulación de deuda pública y un esfuerzo tremendo para reducir la privada, lo que detrae ahorro hacia el pago de deuda en lugar de destinarlo a inversión, uno de los grandes costes de oportunidad».

La propia Comisión Europea reconocía esta semana en un informe en el que hacía un balance positivo de estos diez años que estimular la inversión sigue siendo uno de los grandes retos. «La unión económica y monetaria de Europa se ha revisado considerablemente y la economía europea –y en particular la economía de la zona del euro– está de nuevo en forma. La recuperación europea es sostenida y el desempleo está disminuyendo constantemente». Los esfuerzos se centran ahora en «incentivar la inversión privada y el crédito con programas de estímulo como el Plan Juncker» .

Avance lento

Lo cierto es que la recuperación a partir del año 2012 ha sido lenta pero sostenida. «En mi opinión, el balance en Europa es algo decepcionante pues estamos alcanzando ahora el valor del PIB del año 2008 y en algunos países, como por ejemplo España, no lo hemos conseguido aún en términos de PIB per cápita. La crisis ha dejado importantes secuelas porque ha dañado severamente el crecimiento potencial de las economías y esto se ve reflejado en unas tasas de crecimiento tibias y un empleo en ocasiones precario», asegura Emilio Ontiveros, catedrático Economía de la Empresa de la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de Analistas Financieros Internacionales (Afi). «A los dos lados del Atlántico se observa un recuperación del empleo (a distintos ritmos) pero también una calidad del mismo en términos de condiciones y salarios inferior a la de antes de la crisis», incide Carbó.

Revolución tecnológica

El proceso de recuperación ha sido tan dilatado que ha propiciado que la revolución tecnológica haya entrado en escena cuando algunos de los sectores no había conseguido digerir plenamente los excesos anteriores. «Tal ha sido la magnitud de los desequilibrios que aún parece que podamos sentirnos afortunados de no haber encauzado un desastre aún mayor pero quedan muchos desafíos. Además, la larga recuperación coincide con una evidencia cada vez mayor (ya era perceptible con la crisis) de un cambio hacia la digitalización que está cambiando las relaciones laborales, empresariales y sociales», apunta Carbó.

Además, esta crisis sigue siendo una crisis de educación. Muchos agentes continúan desinformados respecto a lo que dan y reciben del sistema, respecto a la situación última del sistema financiero y de cómo funcionan los rescates, respecto a qué sí y qué no puede protegerse por los sistemas de bienestar creados en la segunda mitad del siglo XX», puntualiza.

Pero, ¿puede darse por zanjada la crisis? ¿Puede la abundante liquidez originar nuevamente una burbuja similar? «La crisis, en su etiología, puede darse por zanjada. Ya no vemos las tensiones financieras ni económicas que vivimos años atrás. Pero actualmente sí que hay un caldo de cultivo que no permite dar por zanjado el escenario de inestabilidad», explica Ontiveros.

«Desgraciadamente, la crisis volverá. Así ha sido de forma recurrente históricamente. Las fuentes de problemas, además, se diversifican en un mundo global y complejo. Algunos ven una excesiva sobrevaloración en la bolsa estadounidense, otros una burbuja tecnológica y de empresas relacionadas con la digitalización. Y otros también consideran que hay una crisis transformativa social, con ruptura de los equilibrios tradicionales», concluye Carbó.

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