La reforma laboral cumple cinco años con un millón de parados menos

La economía ha pasado de destruir empleo a tasas superiores al 3% a crearlo a ritmos del 2,9%, casi al mismo nivel que crece el PIB

MADRIDActualizado:

A finales de 2011 España volvía a entrar en recesión por segunda vez desde el inicio de la crisis y la economía destruía empleos a ritmos superiores al 3%, una sangría que exigía medidas inmediatas para taponar el chorro de despidos que durante esos años acometieron muchas empresas en España. En febrero de 2012, en medio de fuertes críticas, el Gobierno de Mariano Rajoy puso en marcha un nuevo modelo de relaciones laborales con la vista puesta en frenar la destrucción de empleo.

Hoy, cinco años después, el balance es positivo para unos y negativo para otros. Pero las cifras hablan por sí solas. La economía ha pasado de destruir empleo a tasas superiores al 3% a crearlo a ritmos del 2,9%, prácticamente el mismo porcentaje en el que crece la economía, y el desempleo se ha reducido más de un millón. La tasa de paro ha pasado del 22,56% a finales de 2011 al 18,63% a finales de 2016. Esta evolución ha permitido que España sea responsable del 44% de la reducción del paro en la zona euro y de que lidere junto a Alemania la creación de puestos de trabajo.

Según BBVA Research la reforma laboral evitó que desde 2012 se destruyeran 900.000 puestos de trabajo y ha permitido comenzar a crear empleo a partir de tasas de crecimiento inferiores al 1%. Son mayoría los analistas que insisten en que España ha ganado en competitividad gracias a las rebajas salariales y a las condiciones laborales más flexibles, dos pilares de la reforma laboral que han contribuido de forma decisisiva, según los analistas, a atraer golosas inversiones hacia España, inversiones que han generado empleo.

Recuperar las inversiones

La marca España, dañada por los malos datos económicos durante al crisis, ha ido recuperando progresivamente el tirón entre los inversores extranjeros y ya en 2016 nuestro país recibió una inversión bruta de entre 20.000 y 22.000 millones, cerca de los niveles registrados en 2007 y 2008, antes de la crisis.

Pero, ¿qué encuentran ahora las multinacionales en España que no hubiera hace cinco años? Expertos laboralistas consultados coinciden en que la nueva normativa ha logrado cambiar la dinámica de las relaciones laborales. Frente al anquilosamiento de las condiciones en el pasado, explican que desde 2012 hay flexibilidad laboral. Es la palabra clave que se ha traducido en una nueva «cultura de la negociación», un «dogma» en periodos de vacas flojas para las empresas, en los que ajustar las condiciones laborales se convierte en imprescindible para evitar despidos, cuyas indemnizaciones, por otro lado, también se rebajaron con la nueva reforma. El despido improcedente se redujo de 45 a 33 días por año trabajado y un máximo de 24 mensualidades y se facilitó el despido por causas económicas (20 días por año con un tope de un año).

Para evitar durante estos años los despidos la reforma laboral ha dado prioridad a los convenios de empresa independientemente de lo que se pacte en convenios de nivel superior con la intención de facilitar la flexibilidad interna de las empresas (modificación de la jornada de trabajo, el horario, el salario y sistema de rendimiento, entre otros) y conseguir que el despido sea el último recurso cuando las cosas no van bien.

Flexibilidad y también estabilidad en el empleo. Es la primera vez que nuestro país inicia una recuperación con incrementos en el empleo estable y que logra encadenar el periodo más largo de subidas acumuladas: 36 meses. Sin embargo, España es el segundo de la UE con la tasa de temporalidad más alta, con el 24%, únicamente por detrás de Polonia (28,3%), según Eurostat, que sitúa la media de la UE en el 14%.

Pese a que los datos acreditan el carácter estructural de la temporalidad laboral en España, sindicatos y oposición insisten en atribuir el escaso empleo fijo en el mercado a la reforma laboral aprobada por el Gobierno en febrero de 2012 y piden su derogación.

Así, la secretaria confederal de UGT, Isabel Araque, afirma que «aún tenemos unos altos niveles de paro, con 4,5 millones de desempleados, y hay 445.000 parados más que en 2009. Además, la recuperación del empleo ha sido únicamente de carácter temporal. De los 19 millones de contratos en 2016, tan solo 1,7 millones son de carácter indefinido y 5 millones han sido de corta o muy corta duración. De esta forma, del total de los contratos, solo 819.000 han tenido la calidad suficiente como para garantizar un nivel de vida digno para los trabajadores».

Además, recuerda que «se consolida la parcialidad involuntaria, que ha aumentado 5 puntos desde 2011, se ha expulsado del mercado laboral a los jóvenes y a los mayores de 55 años, se ha enquistado el paro de larga duración, con más de tres millones de personas en desempleo más de un año, se ha devaluado los salarios en 5,3 puntos desde 2009, y han aumentado los niveles de desigualdad y pobreza», entre otras cuestiones.

Por su parte, el FMI ha vuelto a insistir en que el Gobierno español debería endurecer aún más la reforma laboral y subrayó que los contratos indefinidos deben ser «más atractivos» para las empresas. También aboga por simplificar los numerosos contratos laborales que ofrece nuestro mercado laboral y reducir las diferencias en términos de protección laboral entre los trabajadores temporales y los indefinidos.