Economía

El «progresivo envejecimiento» de la población reduce a la mitad el crecimiento potencial de España

El Banco de España alerta en su informe anual de que «menor ritmo de avance de la población» ha recortado desde el 3% al 1,5% el PIB potencial para la próxima década

El gobernador del Banco de España, Luis María Linde
El gobernador del Banco de España, Luis María Linde - AFP

España envejece, y las consecuencias comienzan a sentirse ya en la economía. Los organismos internacionales llevan años advirtiendo sobre los efectos del continuo envejecimiento de la población y el fenómeno, como ha constado hoy el Banco de España, no ha hecho más que comenzar. En el informe anual publicado por la entidad central, el supervisor alerta de que el «menor ritmo de avance de la población» ya ha reducido el potencial de crecimiento del país desde el 3% del período 2001-2007 hasta el 1,5% esperado para la próxima década. Además, «ya ha empezado a afectar a la evolución de la participación laboral», «supone un reto para el sistema público de pensiones» y «puede producir efectos negativos sobre la productividad».

Así, al entidad señala que los principales retos que afronta nuestro país son «el elevado componente estructural de la tasa de paro, el envejecimiento de la población y la baja productividad total de los factores son los principales factores que limitan el crecimiento a largo plazo de la economía española». El Banco de España concreta que «de acuerdo con las estimaciones disponibles, el crecimiento potencial de la economía española se ha reducido significativamente desde el inicio de la crisis. En concreto, frente a una tasa cercana al 3% en el período 2001-2007, se estima que el crecimiento potencial se situará alrededor del 1,5% en la próxima década, ralentización debida fundamentalmente al menor ritmo de avance esperado de la población».

Y es que, la estabilización de la población española en 2016, tras varios años de ligeras caídas, «oculta un comportamiento heterogéneo por grupos de edad. En concreto, el pasado año se produjo un nuevo aumento de la población mayor de 65 años (del 1,6%), que contrastó con un descenso generalizado de los demás grupos de edad». Esta evolución no es nueva, sino que viene prolongándose desde 2008 y ha impulsado la tasa de dependencia un 5%, hasta el 29%. Además, las proyecciones realizadas por el INE apuntan a «aumentos muy intensos de esta variable en las próximas décadas, hasta alcanzar el 36% en 2026 y superar el 60% alrededor de 2045».

Otro factor fuertemente afectado por el envejecimiento de España es la tasa de actividad. «De cara al futuro, se prevé que el progresivo envejecimiento de la población genere un descenso adicional de la tasa de actividad de otros 2% entre 2016 y 2020», asegura el informe. Además, «el envejecimiento también puede producir efectos negativos sobre la productividad» y «supone también un reto para el sistema público de pensiones, que exige definir una estrategia para afrontarlo». En este sentido, el organismo que preside Luis María Linde reconoce que las reformas del sistema de pensiones introducidas en los últimos años han afrontado este reto retrasando de la edad de jubilación, el factor de sostenibilidad y la aprobación de un nuevo mecanismo que condiciona la revalorización anual de las pensiones al equilibrio entre los ingresos y los gastos del sistema.

«Estas reformas (...) contribuyen a reforzar la sostenibilidad del sistema en el largo plazo. Ahora bien, sin incrementos adicionales de los ingresos, el mecanismo de ajuste previsto en la actual configuración del sistema se produciría principalmente a través de reducciones de la pensión media con respecto al salario medio». alerta el Banco de España. Por ello, «es deseable que cualquier estrategia de reforma elegida aumente la transparencia del sistema, refuerce la relación entre las contribuciones y las prestaciones y, en especial, mantenga un mecanismo de ajuste automático que garantice el equilibrio financiero», concluye.

El desafío del populismo

La entidad también ofrece en su análisis posibles «tablas de salvación» para hacer frente a esta situación. La principal, la reducción del desempleo estructural, evitando que los desempleados pierdan habilidades y sean expulsados definitivamente del sistema. «A la hora de mejorar la empleabilidad de los parados, las políticas de formación desempeñan un papel decisivo. En particular, el escaso uso de este instrumento en los planes de empleo españoles y el elevado desajuste observado entre la cualificación de los desempleados y la requerida por las empresas sugieren que el margen de actuación en este ámbito es amplio». Además, la reducción del desempleo «resulta también crucial para invertir el incremento de la desigualdad de la renta originado durante la crisis».

No obstante, no todo está en nuestras manos. «La materialización de las perspectivas positivas en torno a la economía española depende de la capacidad de la Unión Europea monetaria y E de alcanzar un crecimiento equilibrado. Más allá de los factores internos, la evolución de la economía española se encuentra fuertemente condicionada por los desarrollos en la UE y en la UEM». Así, el Banco de España destaca que «se requieren avances más decididos en el reforzamiento del marco institucional de la unión monetaria mejorando la convergencia estructural y avanzando hacia elementos comunes de estabilización fiscal. La salida del Reino Unido y el auge del populismo en algunos países han situado a la UE frente a una encrucijada que debe servir para fortalecer los fundamentos de la Unión»

Buen ritmo en 2016

No obstante, y pese a todos los retos que afronta España, la entidad central confía en que la recuperación de la economía, aunque el camino no estará exento de riesgos «significativos» que pueden truncar su avance. El Banco de España destaca que el ritmo de crecimiento del PIB siguió siendo elevado a lo largo del año pasado, con un avance del 3,2%, y subraya «la positiva evolución del empleo», que permitió reducir la tasa de paro hasta el 18,6 %.

Del boletín anual del Banco de España también se extraen cuáles fueron los factores que impulsaron el crecimiento de España el año pasado. Por un lado, la demanda interna «mantuvo un elevado dinamismo, y por otro, el saldo exterior registró «un comportamiento muy favorable». Así, el consumo privado siguió mostrando una notable fortaleza mientras que la inversión moderó su expansión por la atonía del gasto público.

De cara al presente año, la entidad central ha pronosticado que la recuperación se mantendrá pero advierte de «riesgos significativos» que provienen del entorno exterior por el avance del proteccionismo y la subida de tipos de interés como la acometida por la Reserva Federal. El organismo dirigido por Luis Linde también alerta sobre la desaparición de los factores que actuaron como vientos de cola -como los bajos precios del petróleo-, que conllevarán una moderación en las tasas de crecimiento. Sin embargo, esta coyuntura se verá compensada por la aceleración de la economía a nivel mundial.

Fusiones y vulnerabilidad de las entidades

El informe anual del Banco de España también alerta de que la baja rentabilidad obtenida por la banca es un reto para el sistema financiero. «La caída de rentabilidad desde el inicio de la crisis se debe, sobre todo, al menor volumen de actividad y al aumento de la morosidad, pero, más recientemente, el factor clave es la reducción de márgenes unitarios, a lo que se ha unido también un aumento de los costes legales», explica el Banco. «Desde 2007, el margen de intermediación del negocio en España se ha reducido un 24%, debido sobre todo al menor volumen de actividad y al aumento de la morosidad», prosigue. Así, las fusiones siguen siendo una alternativa, en un contexto que «exige aumentos adicionales de eficiencia a los que potencialmente podrían contribuir una cierta consolidación adicional dentro del sector y la exploración de fuentes alternativas de recursos».

Y es que a pesar de la situación de solvencia de las entidades de crédito, «su reducida rentabilidad es un elemento de vulnerabilidad para la economía». No obstante, en el entorno internacional tan convulso como el actual «no se puede descartar que episodios de tensión en los mercados de financiación de las entidades de crédito den lugar a potenciales efectos contractivos sobre la oferta de fondos al resto de sectores productivos», afirma el informe.

Por otro lado, el Banco de España alerta sobre el impacto de la subida de los precios del petróleo en la economía española. «El reciente encarecimiento del petróleo genera efectos adversos más intensos en la economía española que en el conjunto de la UE», asevera el organismo. Por ello, «el reto a corto y medio plazo es evitar una excesiva traslación del aumento de los costes energéticos a los precios finales y a los salarios, que reduzca la competitividad de la economía española» y, a más largo plazo, «sigue siendo necesario reducir la dependencia de los consumos energéticos importados»

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