Presupuestos 2018, el canto del cisne del presidente Rajoy

Tanto si las cuentas salen adelante como si no, Rajoy se despedirá de sus actuales funciones con los deberes hechos, porque su reino ya no estará en este mundo, el que venga detrás «que arree». Un proyecto de Presupuestos cual canto del cisne del presidente

María Jesús Pérez
MadridActualizado:

Antiguamente, existía la leyenda que decía que el cisne acostumbraba armonizar un sublime canto momentos antes de su muerte. En la mitología griega, el cisne estaba relacionado con Apolo, deidad reconocida y asociada con la medicina, la música y la poesía, por lo que escritores como Virgilio y Marco Varelio Marcial, entre otros, dotaron en sus letras las referidas características divino-poéticas al ave. En la actualidad, tras varios informes científicos publicados a lo largo de la historia, se ha certificado que el cisne no canta como se creía antaño. Lo único que emite es un sonido áspero, pero para nada melodioso. Sin embargo, aquella creencia sobre el canto del cisne se convirtió en una expresión utilizada para referirse, por ejemplo, a la última obra de un autor o a la última actuación de algún actor.

Pues bien, la última obra del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, podría ser perfectamente el proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado para 2018. Su particular canto del cisne de despedida, con el que tiene el firme propósito de resarcirse del coste de la crisis. Más bien, de resarcir a aquellos que la han sufrido. Rajoy entona un canto para aquellos colectivos de ciudadanos españoles a los que tuvo que sacrificar para evitar que España cayera en desgracia con un rescate-país que nunca aconteció.

Poco importará –y me explicaré a continuación– que lleguen a ser aprobados o no. Porque muchos en el seno del Partido Popular y del gabinete del Gobierno Rajoy están ciertamente convencidos de que efectivamente no serán apoyados. A pesar de que el mayor valedor, el presidente del PNV, Andoni Ortuzar –con sus cinco diputados, cinco votos para el sí a las cuentas–, esté llorando por las esquinas porque quiere todo lo contrario, apoyarlos –que las concesiones para su comunidad son importantes– pero su oda anterior y continua al «NO es NO» al 155 le tiene atado de pies y manos.

Además, dicen por ahí que salvo el propio presidente y su ministro de Hacienda, Cristobal Montoro, el resto de los populares descartan que efectivamente vayan a ser apoyados. Ni por PSOE, ni mucho menos por Podemos, ni por las fuerzas políticas catalanas, –por su lógica claro–. Y, lo dicho, ni por el PNV. Atados y bien atados, sí los tienen con Ciudadanos. Aunque más que atados, me cuentan, cerrados. Si bien parece que algunas propuestas de los grandes empresarios podrían ser incluidas. Introducción de mejoras, vamos.

Rajoy, aprobados del todo o no, dejará que sea la historia quien juzgue su legado y su última obra. Porque de repetir legislatura o candidatura, nada de nada. Una retirada, para muchos, más elegante y honesta, porque ni siquiera nombrará sucesor, como hiciera con él su antecesor. Su reino ya no será de este mundo, si los apoyan o no, que los que vengan detrás «arreen».

El presidente cumple así con las intenciones con las que, obligado o no, desembarcó en el poder, allá a finales de 2011. Su gabinete heredó un país asfixiado y lo traspasará, si así ocurriera, tras ser oxigenado, sin respiración asistida. Recuperado. De ahí los guiños en las cuentas a los sacrificados –votantes de pro: pensionistas, funcionarios y rentas más bajas–. Porque España tuvo que cambiar radicalmente desde que esquivara el rescate. Desde mediados de julio de 2012. En cumplimiento de las exigencias de la Unión Europea. Con impuestos más elevados, bajada de salarios a los funcionarios, restricción de prestaciones a los parados, menos estructura en las administraciones públicas... Entonces, el flamante presidente del Gobierno certificaba también el giro de su proyecto político. Y de su programa, al exponer una serie de medidas que, según admitió reiteradamente, no quisiera tomar y que han sido expresamente rechazadas por él y por sus ministros hasta la misma víspera.

Hoy, la economía española, tras tanto apretar el cinturón de muchos, crece por encima del 3%; crea empleo neto, incluso hay economistas e instituciones que ya aventuran que podría recuperar en 2019 los 20,5 millones de afiliados que tenía su mercado laboral antes de las crisis económica; exporta en cifras record trimestre tras trimestre; recibe turistas a mansalva; y, el país saldrá este año «seguro» –según Montoro, porque otros en el Gobierno creen que en 2019– del procedimiento de déficit excesivo en el que lleva inmerso desde 2009, ya que reducirá su déficit por debajo del 3% e intentará cumplir la meta del 2,2% comprometida con Bruselas.

Entre los escritos de Leonardo da Vinci se encontró una nota que decía: «El cisne es blanco, sin ninguna mancha, y canta dulcemente antes de morir; ese canto pone fin a su vida».

María Jesús PérezMaría Jesús PérezRedactora jefeMaría Jesús Pérez