Mariano Rajoy con el primer ministro luso, Antonio Costa
Mariano Rajoy con el primer ministro luso, Antonio Costa - JAIME GARCÍA

Portugal y España, dos socios que se necesitan 350 años después

Lisboa mejora sus indicadores económicos a mayor velocidad que Madrid

LisboaActualizado:

350 años después de su independencia, Portugal es para España el quinto mercado más importante y el octavo proveedor. La balanza comercial entre los dos países no deja de desarrollarse y las inversiones también, a pesar de que la dimensión del país vecino se retrata en que su PIB equivale a una sexta parte español.

La cercanía geográfica, distribuida a lo largo de más de 1.215 kilómetros de frontera común, juega a favor del flujo constante, cada vez con mayor protagonismo del tejido empresarial ibérico.

Unas 2.600 empresas mixtas trabajan en ambos mercados, de las cuales 2.200 son españolas y 400 portuguesas, según datos aportados por la Agencia para la Inversión y Comercio Exterior de Portugal (AICEP) y D&B. Exactamente, 1.843 firmas españolas operan (con un 50% del capital o más) al otro lado de la frontera y el valor global de los activos en manos españolas supera los 90.000 millones de euros.

España se distingue como la gran referencia comercial y económica de Portugal, pues de hecho más de 17.000 empresas españolas exportan a Lisboa, Oporto y el Algarve, por 5.300 que lo hacen en sentido inverso.

Una de las principales consecuencias se resume en que España es el principal proveedor de bienes de Portugal (más del 30%), así como su cliente más aventajado.

El 7,16% de las exportaciones impulsadas desde España tiene como destino Portugal y el 3,90% de las importaciones, tal cual refleja el análisis de la Cámara de Comercio e Industria Luso Española.

Portugal ha visto cómo el paro desciende del 8% por primera vez desde 2004, cuando arrancó el vigente sistema de medición. La tasa se limita al 7,8%, un dato histórico que impulsa todavía más la economía de un país que ha dado un vuelco a su situación en pocos años, al menos en lo que se refiere al respaldo de las cifras macroeconómicas. En cuanto a España, del 16,4% puede pasarse a poco más del 15% en este 2018.

Se habla del ‘milagro portugués’, pero los ciudadanos no se encuentran en unas circunstancias idílicas, con unos sueldos que habitualmente no alcanzan ni los 800 euros netos mensuales y un salario mínimo que solo en enero subió a los 580 euros.

En relación a la banca, las posiciones se han reforzado tanto en Portugal que desembocaron en el debate y la polémica sobre su «excesiva españolización». 11 entidades financieras de este lado de la frontera se implantan allí de una u otra forma, con especial calado por parte del Santander desde que adquirió Totta.

Lo que está claro es que el Gobierno de signo socialista, sustentado en los apoyos puntuales del Bloco de Esquerda y de los comunistas, tiene una pesadilla pendiente al margen de estos buenos indicadores: la deuda pública.

Bruselas no quita ojo a este desfase, sobre todo porque el más reciente informe del Banco de Portugal determina un incremento de 1.600 millones de euros en esta partida a lo largo de un año, por lo que se alza hasta los 242.600 millones de euros, un 126,2% del Producto Interior Bruto. Y eso que el Gobierno apenas las tenía todas consigo para que bajara del umbral del 127%.

Las razones de semejante subida están relacionadas con los aumentos de títulos de deuda pública (9.400 millones de euros) y de los certificados del Tesoro, que representaron 3.800 millones.

Aún falta por confirmar el déficit exacto de 2017, pero António Costa anticipó hace escasas semanas que no iba a sobrepasar el 1,2% del PIB. Y España cumplió el techo del 3%.