Toni Comín, exconsejero de Sanidad de la Generalitat, y Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat
Toni Comín, exconsejero de Sanidad de la Generalitat, y Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat - AFP
AGENCIA DEL MEDICAMENTO

El peor enemigo de la candidatura de Barcelona... el Govern

La inestabilidad política generada por el secesionismo penaliza sus posibilidades

BarcelonaActualizado:

Agarrarse a la última esperanza para que la nueva sede de la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés) se traslade a Barcelona. Pero siendo consciente de que hay pocas opciones. El Gobierno de España se resiste a aceptar en público, tal y como ayer manifestó el portavoz, Íñigo Méndez de Vigo, que Barcelona no sea la sucesora de Londres (Reino Unido) para albergar la sede central de la EMA, como efecto directo de la aplicación del Brexit, pero todo indica que la ciudad agraciada será o Bratislava (Eslovaquia) o Milán (Italia).

Así, «el Gobierno no da por perdido nada, se va a batir hasta el final», señaló Méndez de Vigo. Aunque, según fuentes del sector, en el Ejecutivo se sabe que la sede de la EMA está perdida para Barcelona desde que en una de las reuniones de presentación de la candidatura, el entonces consejero de Salud de la Generalitat de Cataluña, Toni Comín, dijo a los evaluadores que la ciudad estaba preparada y que entre los objetivos de la Generalitat había dos compatibles: «Avanzar en la construcción de una república (...) dentro de la UE» y que la EMA se instale «cuando Cataluña sea independiente».

Oportunidad perdida

Si finalmente la sede de la EMA no se traslada a Barcelona, España habrá perdido una inyección económica -al margen del prestigio y del reconocimiento mundiales- que supone alojar una central europea con 900 funcionarios (cuyos sueldos varían alrededor de los 5.000 euros) con sus respectivas familias, y que recibe unas 30.000 personas al año. Además, tal y como recordó recientemente la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, la EMA genera una fuerza laboral de unas 1.600 empresas. A ello habría que dejar de sumar la inversión de tres millones que estaba prevista para reforzar el personal de la agencia española.

En cualquier caso, la apuesta por Barcelona ya está en la recta final y el 20 de noviembre se conocerá el nombre de la ciudad europea agraciada. En 1992, Barcelona quedó segunda, tras la capital del Reino Unido. Desde entonces, España ha mejorado en innovación e investigación, un sector en el que trabajan más de 200.000 personas. El país es pionero en desarrollar una legislación nacional de ensayos clínicos y es líder en ensayos clínicos de medicamentos de terapias avanzadas.

Sin Londres como rival y pese a un sector pujante, la penalización llegará por la inestabilidad política creada en Cataluña debido a la reivindicación secesionista unilateral y al margen de la ley. El mayor enemigo de Barcelona es el secesionismo.