OPINIÓN

Nervis Villalobos hace recomendaciones para la próxima gran subasta de las renovables

Las subastas eléctricas son fórmulas bien testadas a nivel nacional e internacional, que ofrecen un excelente retorno cuando se parte de un sistema equitativo y bien construido

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Hace pocos días Rajoy anunciaba la celebración de una próxima subasta eléctrica para energías renovables antes del verano. Esta vendrá a ser la segunda gran cita anual de las energías limpias tras la subasta celebrada, no sin polémica, el pasado 17 de mayo. Al ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal, le han llovido las críticas por una subasta compleja, en la que las reglas del juego estaban poco claras y se parecía beneficiar a una tecnología sobre otras. La licitación del 17 se ha saldado con menos beneficios de los esperados y con algunas recomendaciones de cara a la próxima gran subasta de las renovables.

Las subastas eléctricas son fórmulas bien testadas a nivel nacional e internacional, que ofrecen un excelente retorno cuando se parte de un sistema equitativo y bien construido. América Latina ha sido escenario frecuente de este tipo de contratación, lo que ha permitido la introducción gradual de las energías renovables en el mix energético del continente. A pesar de contar con sistemas y mercados eléctricos, en muchos casos, menos maduros que el español, las licitaciones de este perfil se han saldado con importantes incrementos en la capacidad de generación (como en el caso de Uruguay), en la generación de electricidad (como en Perú), o en una combinación de ambas (como en Guatemala). Casos de éxito que podrían proporcionar una valiosa lección al entorno español. La experiencia latina apunta a varios puntos de mejora para la próxima gran subasta de la eólica y fotovoltaica en España.

Empezamos por la recomendación más evidente y más repetida. La presencia de cupos por tecnología para esos 3.000 megavatios que se van a subastar. En la próxima subasta de verano solo participarán dos tecnologías: eólica y fotovoltaica, pero aun así se recomienda seguir la estela de otros países y poner freno a la mera competencia económica. Partir del precio ofertado más bajo como única variable a tener en cuenta desoye calendarios y objetivos, obvia los distintos grados de desarrollo de cada tecnología, y promueve un desarrollo territorial muy desigual. Todo el sector energético de las renovables en España está de acuerdo con las políticas de cupos, incluidas los segmentos que saldrían más beneficiados de competir sin cortapisas. Y ello responde a que en un área tan estratégica como la de la energía el precio no puede ser todo, existen otras variables sociales y económicas a tener muy en cuenta.

De cara a la próxima subasta se debería además reformular el criterio de desempate. El utilizado en la subasta de mayo era el de hacer prevalecer los proyectos con mayor número de horas de funcionamiento, lo que favorecía artificialmente a la potencia eólica sobre el resto. El resultado de esta decisión fue que la gran mayoría de los megavatios adjudicados fueron a parar a la tecnología eólica. Lo que menoscaba la seguridad del sistema y las posibilidades reales de conseguir los retos de la UE para 2020. De cara a la próxima subasta es necesario tener en cuenta que las tecnologías eólica y fotovoltaica son complementarias, sin olvidar el escaso desarrollo de la solar en España a pesar de sus muchas horas de sol.

La tercera recomendación parte de reducir o directamente eliminar el límite inferior establecido por el Ministerio de Energía en la pasada subasta. En esta la existencia de un descuento máximo que podían ofertar las empresas produjo un macro empate de buena parte de las empresas participantes. Muchas de ellas llegaron al límite mínimo lo que viene a indicar que los términos de la subasta estaban mal construidos y restaban significado a la forma de contratación elegida. Si en una próxima subasta se eleva ese límite inferior seguramente los precios de remate serán mucho más competitivos, siendo los consumidores los grandes beneficiados por esta medida.

Acabamos haciendo un análisis que ya no tiene carácter de recomendación puesto que la próxima subasta poco puede hacer al respecto, pero que consideramos que ha de ser tenida en cuenta de cara a futuro. Después de muchos años de inacción, en los que prácticamente no se ha instalado potencia renovable, se abre ahora la mano con dos subastas seguidas y para volúmenes importantes (3.000 megavatios para cada una de ellas). Con la fecha de 2020 cada vez más próxima el Gobierno está trabajando contrarreloj para llegar a los objetivos marcados por la Unión Europea para ese año. Cuanto mejor hubiera sido realizar subastas anuales para volúmenes inferiores, con las que el mercado hubiera podido atender gradual y racionalmente a esos incrementos. Ahora la suerte ya está echada, solo queda seguir el calendario a rajatabla para llegar al deadline de 2020.