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Nervis Villalobos analiza la evolución de las energías renovables de cara al 2020

Nervis Villalobos analiza la evolución de las energías renovables de cara al 2020
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Para 2020 un 20% del consumo energético de España debe proceder de renovables. Ese el objetivo vinculante marcado por la Unión Europea sobre el que el gobierno trabaja a través de su Plan de Acción Nacional de Energías Renovables. En una primera versión de este Plan, el Gobierno se atrevió a comprometerse con un generoso 22,7% de cuota de renovables para 2020, cifra que decidió reducir a un 20,8% un año más tarde, en diciembre de 2011.

El sector asiste expectante a la evolución interanual en cuanto a la implantación de fuentes limpias de energía. ¿Llegaremos a la meta perfilada para 2020? Tiene visos de que no. Aunque la Comisión Europea apunte a que vamos por buen camino, la realidad es que no se están instalando suficientes infraestructuras nuevas de renovables, sino que está bajando el consumo, con lo que la cuota de estas ha crecido con respecto al conjunto. Solo eso.

El Plan de Energías Renovables no avanza al ritmo esperado por diversas razones. Probablemente la más notoria de ellas sea el marco legislativo vigente en la actualidad. Desde que el Ministerio de Industria anunciara su famosa reforma energética, los nuevos proyectos de energías renovables han pasado a ser escasísimos y el sector al completo ha optado por la hibernación. Y no es de extrañar, dada la cierta inseguridad jurídica propiciada por esta reforma y por la sentencia del Tribunal Supremo de enero 2014 que avalaba la supresión de las primas a la fotovoltaica.

Seamos un poco coherentes. Sí realmente queremos descarbonizar la economía, contribuir a una menor dependencia energética del exterior y promover una matriz energética más limpia y equilibrada, como nos reclama la Unión Europea, este no es el camino. La energía solar a gran escala es, según el informe presentado por Bloomberg este pasado diciembre, la más barata para muchos países. Compite ya con el carbón y con el gas natural y está llamada a revisar aún más sus precios a la baja en un futuro próximo. Según el mismo informe China, India, Egipto, Pakistán, Brasil, México y Sudáfrica, generan un 18% más de capacidad de energías renovable que los países más desarrollados. Los países emergentes nos están enseñando que las energías eólica y fotovoltaica tienen un enorme potencial de despliegue frente a las fósiles y que sus costes de producción cada día son más competitivos. Mientras que unos están frenando la implantación de las renovables, otros lideran la carrera del futuro energético global.

En España se están desaprovechando cosas muy valiosas de cara a futuro, como un know how interno y muy experimentado en renovables, viento y sol en abundancia y el impulso de muchos países vecinos en esta área. Los esfuerzos realizados hasta la fecha en energía fotovoltaica y eólica terrestre han de ser mantenidos para no morir en la orilla. Ahora que la tecnología, la experiencia y las economías de escala han conseguido impulsar la competitividad de las energías renovables no nos conviene volverles la espalda. Es el momento de apoyar las infraestructuras que ya hay y de impulsar nuevas tecnologías. La innovación puede resultar costosa en el corto y medio plazo pero suele ofrecer excelentes retornos cuando miramos al largo plazo. Echemos un vistazo a la eólica marina. Esa tecnología que goza de buena implantación en Alemania, Reino Unido o Dinamarca, esa misma que se descartó en las costas españolas hace pocos años por la excesiva profundidad de la plataforma continental. Mucho más productiva, más estable y con menor impacto ecológico que su hermana terrestre, la marina ofrece hoy posibilidades que sí que podrían adaptarse a aguas más profundas. El consorcio vasco Nautilus Floating Solutions ha desarrollado (y empezará a comercializar en 2018) sus aerogeneradores flotantes, concebidos para operar con profundidades superiores a los 60 metros. Cada aerogenerador colocado en el mar operará en el rango de los 5 megavatios y aportará energía equivalente a la consumida por unas 1.000-2.000 viviendas. Estas plataformas, de hasta 40 metros de extensión, se construyen en astilleros convencionales y son remolcados al mar también por barcos convencionales. Lo que podría suponer una segunda vida para la deteriorada industria naval española. Una excelente opción de futuro que estaba llamada a revolucionar la aerogeneración.

Nervis Villalobos es Director Técnico y de Operaciones de Enersia Technology & Innovation.

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