Economía

Merkel le lee la cartilla al sector del automóvil

La canciller señala que la crisis de los motores diésel «ha despilfarrado la confianza» en los fabricantes alemanes

Angela Merkel, durante su intervención en el salón del automóvil de Fráncfort
Angela Merkel, durante su intervención en el salón del automóvil de Fráncfort - REUTERS
ROSALÍA SÁNCHEZ Corresponsal En Berlín - Actualizado: Guardado en: Economía

Había generado mucha polémica la confirmación de la asistencia de Merkel a la inauguración del salón del automóvil de Fráncfort, tras el escándalo de los motores trucados que, en palabras de la propia canciller alemana, ha «despilfarrado la confianza» en los fabricantes alemanes. Como gesto de protesta, por ejemplo, su ministra de Medio Ambiente, la socialdemócrata Barbara Hendricks, había declinado la invitación. Pero Merkel ha preferido plantarse en la principal cita del año del sector y leer la cartilla personalmente a sus directivos. «No solamente se han hecho daño a sí mismos y a sus empresas», les ha reprochado en su discurso, «sino también a sus clientes y a las autoridades, a los que han engañado y decepcionado».

Merkel ha apremiado a los responsables de los fabricantes automovilísticos a «hacer todo lo posible para recuperar cuanto antes la credibilidad y la confianza». Ha aludido a los 800.000 empleos que dependen del sector, su importancia en el crecimiento de la economía alemana, sugiriendo que esos son los motivos por los que el Estado alemán no haya arremetido con más fuerza en los castigos a las empresas, y ha exigido mayores inversiones en motores limpios que liberen a las ciudades de la emisión de gases contaminantes.

Ante este discurso, todo eran caras largas. Los fabricantes alemanes tampoco esperaban otra cosa. Antes de comenzar el discurso de Merkel, el presidente de la asociación automovilística VDA, Matthias Wissmann, había reconocido en ese mismo escenario «graves errores» por parte «actores individuales». Pero eso no es suficiente para Merkel, que pide un esfuerzo de conjunto del sector para promover la conducción automatizada, la movilidad eléctrica y los conceptos de movilidad urbana. Volkswagen, BMW y Daimler han anunciado programas de vehículos eléctricos de largo alcance, con la esperanza de alcanzar ambiciosos objetivos de ventas de automóviles electrónicos gracias a una avalancha de nuevos modelos hacia mediados de los 2020. Pero esos objetivos serán difíciles de cumplir, dadas muchas desventajas tales como largos tiempos de recarga y la baja autonomía de los vehículos.

La presencia de Merkel, a pesar de la dureza de su discurso, es entendida como una muestra de apoyo, en un contexto en el que muchas ciudades alemanas amenazan con prohibir la circulación de vehículos diésel en sus zonas centro y en medio de rumores sobre que el gobierno de China está estudiando una prohibición semejante en todo su territorio. En este, sentido, la canciller alemana ha dejado caer algunas palabras de esperanza y ha predicho que los motores de combustión todavía serán necesarios como una tecnología puente durante décadas. Ha resaltado que su demanda sigue en auge en muchas partes del mundo.

El gobierno de Merkel, de hecho, ha participado activamente en la prolongación de la vida del diésel en los peores momentos para este motor de combustión. Este mismo mes de septiembre ha llegado a un acuerdo con los fabricantes para aumentar hasta los 1.000 millones de euros el Fondo de Movilidad, concebido para reducir la contaminación que provocan los vehículos diésel y así evitar que se prohíba su circulación en las ciudades. La medida no solamente ha salvado la cotización en la bolsa de estas empresas, con unas acciones muy a la baja, amenazadas por las sanciones a las que se enfrentan en varios países y por las numerosas reclamaciones de clientes que están por llegar, sino que además ha supuesto un balón de oxígeno para una industria supeditada en este momento a ingentes inversiones en investigación y desarrollo.

El índice que reúne a las compañías europeas del sector automovilístico ha repuntado un 0,89% con su discurso, recuperando 3.612 millones de euros de capitalización. El principal fabricante alemán, Volkswagen, vuelve a ser la automovilística europea más capitalizada y se acercará a los 12.000 millones de euros de beneficio neto al cierre de este año, una cifra que a nivel mundial solo superará Toyota.

Merkel ha dejado claro, sin embargo, que no hará oídos sordos a las denuncias de Umwelthilfe, asociación medioambiental que asegura que cada año hay más de 10.000 muertes prematuras en Alemania por las emisiones de óxido de nitrógeno (NOx). La amenaza que se hace más precisa todavía con varios tribunales, en particular en Múnich y Stuttgart, que consideran que prohibir la circulación de los coches diésel sería la única medida capaz de llevar la contaminación a niveles aceptables. La corte administrativa federal debe emitir un decreto a este respecto a comienzos de 2018 y el asunto se ha convertido en tema de campaña electoral. El presidente de Volkswagen, Maththias Müller, ha declarado recientemente que “los fabricantes no podemos aceptar esa prohibición a ningún precio”, pero solo cuenta con el apoyo político de Merkel para evitarlo. Ese apoyo, por otra parte, no es del todo popular y Merkel puede permitírselo en plena campaña solamente porque lleva en las encuestas una ventaja de hasta 17 puntos sobre el segundo partido más votado, los socialdemócratas del SPD, mucho más críticos con el sector que la canciller alemana y que matizarán la posición del gobierno y no precisamente a favor de la industria si vuelven a formar parte de la gran coalición de gobierno después de las elecciones del 24 de septiembre.

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