El nuevo presidente del Eurogrupo, Mário Centeno
El nuevo presidente del Eurogrupo, Mário Centeno - AFP

Mário Centeno, el «Ronaldo» de la economía europea

El ministro portugués de Finanzas da el salto europeo tras estabilizar las cuentas del país vecino

LisboaActualizado:

Los dos años que lleva Mário Centeno al frente de la cartera portuguesa de Finanzas le han servido para granjearse la reputación de «ministro milagro». De modo que su nombre venía sonando con insistencia en los últimos meses para sustituir al holandés Jeroen Dijsselbloem como presidente del Eurogrupo, caído en desgracia desde que se atrevió a proclamar que los países del sur (Portugal, España, Italia) derrochaban el dinero de las arcas comunitarias en «copas y mujeres».

Cierto es que los macrodatos respaldan al político socialista luso, a punto de cumplir 51 años, pero la liquidez que ha logrado insuflar a las cuentas públicas no tiene más receta mágica que unos altísimos impuestos indirectos. Además, tampoco puede olvidarse que Portugal separa el ministerio de Finanzas, cargo que él va a continuar ostentando, del de Economía, dirigido por Manuel Caldeira Cabral, a quien le tocan tareas más ingratas y que allanan el terreno para Centeno.

El balance ha mejorado al otro lado de la frontera, sí, pero a costa de una elevada deuda y de la congelación de las políticas sociales, hasta el punto de que el retraso en la aprobación de indemnizaciones a las víctimas de los incendios ha exasperado a los afectados y ha hecho saltar chispas entre la oposición conservadora.

Con todo, Portugal ha conseguido una de las metas que se propuso el primer ministro, António Costa, cuando derribó a Pedro Passos Coelho a través de una moción de censura: salir del Procedimiento de Déficit Excesivo, retirado por la UE hace unos meses.

Y Don Mário se ha colgado la medalla, hasta el punto de ser calificado como «el Ronaldo de la economía europea» por el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble. Una frase que el propio Centeno se ganó a pulso cuando apareció con una bufanda de la selección portuguesa poco después de que se alzara como campeona continental en la Eurocopa de Francia 2016.

Ahora, sin embargo, le toca ponerse manos a la obra con tres retos fundamentales a lo largo de sus dos años y medio entre Lisboa y Bruselas: la reforma institucional, la finalización del tercer rescate griego y el equilibrio de la influencia del Eurogrupo tras el «Brexit».

Ahora le toca ponerse manos a la obra con tres retos fundamentales: la reforma institucional, finalizar el tercer rescate griego y el equilibrio de la influencia del Eurogrupo tras el «Brexit»

Su perfil se ha ido curtiendo en primera línea desde que se doctoró por la Universidad de Harvard, antesala para su extenso periodo en el Departamento de Estudios del Banco de Portugal. Pero siempre ha tenido en el punto de mira de su trayectoria las instituciones comunitarias, tal cual demostró durante casi una década en el Comité de Política Económica de la Comisión Europea.

El programa económico que diseñó para el Partido Socialista luso se apoyaba en su hombre de máxima confianza, Ricardo Mourinho Félix, primo de José Mourinho, ex entrenador del Real Madrid y actual técnico del Manchester United.

Como resultado, el PIB no ha dejado de crecer y el paro ha descendido al 8,5%, aunque la calidad del empleo no es precisamente su mejor característica y los sueldos son bajos: 530 euros de umbral mínimo y una franja que oscila entre los 700 y los 850 mensuales como la más común.

Centeno impulsó la congelación del gasto público, que ha llegado a unos niveles que hacen a sus adversarios conservadores agitar la bandera de «la degradación de los servicios del Estado».

Con sus luces y sombras, suyo es el mérito que parece haber arrinconado la tradicional melancolía lusa, clave para determinar una falta de confianza en sus propias posibilidades que hoy ha dado paso a un rostro más eufórico.

Los detractores de la «fórmula Centeno» no pueden sino admitir la recuperación del consumo interno, otra de las circunstancias que respaldan sus estrategias, tal vez no suficientemente acreditadas en el largo plazo.

La industria portuguesa continúa sufriendo su escasa competitividad internacional, y tanto él como Costa se han afanado en mostrar su conformidad con una de las peticiones que les trasladó el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa: un mayor esfuerzo a la hora de abrir mercados.

El optimismo de Don Mário con respecto a las cifras que sustentan el renacido buque portugués cuenta igualmente con un aliado en progresión geométrica: la explosión turística resulta palpable tanto en Lisboa y en Oporto como en Madeira y el Algarve, beneficiada por las cancelaciones masivas en Turquía, Egipto y Túnez a causa del miedo al terrorismo islamista.

El traslado de la Web Summit a la capital del país vecino es otro claro síntoma de que las perspectivas económicas son mejores, aunque el trabajo de campo ya le vino hecho a los socialistas portugueses a lo largo de los cuatro años de austeridad que siguieron a la petición de rescate de 78.000 millones de euros en 2011. Una solicitud formalizada en su día por el antecesor de António Costa en el partido, José Sócrates, y que marcó el desembarco de los conservadores.