Macron ha llegado donde la derecha nunca se atrevió a llegar en Francia
Macron ha llegado donde la derecha nunca se atrevió a llegar en Francia - ABC

Macron gana las primeras batallas en su cruzada por reformar la economía gala

Ha liberalizado el mercado del trabajo, suprimido el impuesto a las grandes fortunas y comenzado la histórica reforma de la SNCF

ParísActualizado:

Emmanuel Macron ha realizado, está realizado y / o se propone realizar las reformas económicas liberales, a la francesa, que la derecha no pudo o no se atrevió a realizar durante las últimas décadas. Durante los últimos doce meses, el presidente Macron ha reformado (liberalizado) el mercado del trabajo, ha suprimido el impuesto a las grandes fortunas y ha comenzado la histórica reforma de la SNCF (Société nationale des chemins de fer français / Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses, semejante a la Renfe española).

A la espera de los futuros resultados, que se esperan «estimulantes», Macron ha prometido nuevas y muchas reformas económicas y sociales de fondo: sistema nacional de pensiones, seguro de paro, fiscalidad y gastos del Estado, sistema nacional hospitalario… El otoño / invierno de 1995, el gobierno de Jacques Chirac prometió algunas de esas reformas (pensiones, SNCF)… la hostilidad sindical paralizó Francia durante varias semanas; hasta que el jefe del Estado enterró sus veleidades reformistas. Hasta hoy. Nicolas Sarkozy inició varias de las reformas prometidas, realizadas o en curso de realización, pero nunca las realizó plenamente (pensiones), o quedaron enterradas prematuramente (fiscalidad e imposición grandes fortunas).

«Lo que la derecha debió hacer»

Jean-François Copé, antiguo ministro de los presupuestos del Estado de Chirac, antiguo líder de la Unión por un Movimiento Popular (UMP, el partido de Sarkozy), ha resumido de este modo ambos procesos: «Emmanuel Macron está haciendo exactamente lo que la derecha debía hacer y no hizo. Desgraciadamente, entre 2007 y 2012, la derecha incumplió la ruptura prometida por Sarkozy, por falta de coraje político».

De entrada, dos evidencias: Francia había comenzado a crecer, poco, mucho menos que España, durante el último año del mandato presidencial de François Hollande; y la elección de Macron como jefe del Estado dio un balón de oxígeno /confianza. Francia creció un 1,9 % en 2017; y espera crecer otro tanto este año, cuando España creció un 3,1% en 2017 y puede crecer un 2,7% este año. Cifras modestas, las francesas, pero estimulantes, si se recuerda que el crecimiento francés apenas ascendió al 1,1 % el 2016, cuando España «despegaba» a un ritmo de un 3,3%.

Reformas «sugeridas»

A partir de ahí… Macron comienza por realizar reformas «sugeridas», «exigidas» y «reclamadas», en vano, desde hace mucho, por la OCDE, la Comisión de la UE y el FMI, que siempre han insistido en la «rigidez» del mercado francés del trabajo, indispensable para poder «relanzar» una economía nacional víctima de una burocratización «paralizante». Los sindicatos comenzaron por lanzar su primera prueba de fuerza el otoño pasado. Primera prueba de fuerza victoriosa para Macron.

Consumada la reforma del mercado del trabajo, el presidente espera resultados «próximamente». La segunda gran reforma económica / laboral de gran calado, reforma de la SNCF, ha vuelto a plantear una segunda prueba de fuerza con los sindicatos, que lanzaron a primeros de abril una huelga sin precedentes, de varios meses de duración, amenazando con «paralizar» Francia, como el invierno de 1995.

Al día de hoy, seis semanas después, Macron parece estar ganando su segunda prueba de fuerza con los sindicatos, que continúan haciendo huelga dos días por semana, con un rosario de manifestaciones a repetición… en vano. Francia sigue funcionando con gran normalidad, los dos días de huelga semanales provocan muchos trastornos, agravando la crisis financiera de la SNCF, pero el Gobierno no cede y la opinión pública parece apoyar la gran reforma presidencial.

Con una deuda acumulada de 47.000 millones de euros, la SNCF es una empresa en bancarrota virtual, necesitada de mucho más que una «reforma». Francia necesita con urgencia modernizar su sistema nacional de ferrocarriles, siguiendo las pautas marcadas por la UE. Si Macron termina ganando la batalla a los sindicalistas ferroviarios, el presidente habrá consumado una histórica reforma.

Quedan por consumar muchas otras reformas de fondo, siempre aplazadas. Sarkozy prometió suprimir el impuesto de las grandes fortunas (un impuesto creado por Mitterrand, muy simbólico pero muy poco rentable para las finanzas públicas), pero nunca se atrevió a consumar tal proyecto. Macron ha sustituido ese impuesto por un impuesto de nuevo cuño. Quedan en suspenso cuestiones mayores: recortar el gasto público para intentar reducir el déficit (2,6 %, el 2017) y recortar la presión fiscal, cuando Francia continúa instalada en el podio de la presión impositiva más alta de la UE.

El paro había comenzado a decrecer durante el último año de la presidencia de François Hollande. Y continúa decreciendo durante el primer año de la presidencia Macron. Pero a un ritmo muy lento. Durante el primer trimestre de este año, la tasa de paro francesa era del 9,2% (unos 3.469.200 parados). Cifra estimulante, pero todavía frágil, cuando la creación de riqueza (crecimiento) continúa amenazada por un gasto público y una fiscalidad amenazante.

Según las cifras oficiales de Eurostat (servicio estadísticas de la UE), Francia es desde hace años el país más «socialista» de Europa: la presión fiscal del Estado francés es la más alta de Europa, y ascendía el año pasado al 47,6% del PIB. A título comparativo, la presión media en la zona euro ascendía al 41,3% del PIB, en Alemania ascendía al 40,4%, y en España al 34,1%, 13,5 puntos menos.

Recorte de funcionarios

Macron prometió la supresión de 120.000 puestos de funcionarios durante su victoriosa campaña electoral, la primavera de 2017. Presidente, el mismo Macron ha aplazado provisionalmente esa y otras medidas presentadas como «indispensables» para recortar el gasto público. Se trata de proyectos pendientes y sensibles.

Las recientes manifestaciones de protesta de las asociaciones de pensionistas fueron el primer indicador de alarma e inquietud. Sectores sociales sensibles y significativos (agricultores, pensionistas, clases medias) temen ser víctimas de una fiscalidad que lleva años creciendo inexorablemente. Emmanuel Macron afirma ser «consciente» de los «esfuerzos fiscales» exigidos, no solo a los pensionistas, en nombre de la solidaridad nacional y la solidaridad entre generaciones. Ganadas sus dos primeras pruebas de fuerza contra los sindicatos de funcionarios y ferroviarios, quedan en suspenso batallas quizá decisivas para el futuro de Francia: el recorte del gasto público y el recorte de una fiscalidad que se convirtió hace años en el «ogro filantrópico» (Octavio Paz dixit) de una Francia «devorada» por sus administraciones públicas.