La letra, con digitalización entra

Una iniciativa de ESIC repasa las tendencias innovadoras que marcarán el futuro de la formación

MADRIDActualizado:

La lección es compleja, pero su epígrafe es inequívoco: nada será igual tras el tsunami digital. La educación no es ajena a una transformación profunda, en la que desempeña un doble rol. Por un lado, tienen un papel protagonista, y cada vez más activo, como elemento catalizador del proceso. Pero al mismo tiempo, la convulsión tecnológica está cambiando la fisonomía de las aulas. La rigidez de los métodos tradicionales ha dejado de tener sentido en un mundo en constante evolución y en el que las nuevas formas de trabajar exigen también otros modos de formar. Definitivamente, más que televisada, la revolución será enseñada. Para analizar los factores de cambio que están influyendo en el nuevo sistema educativo, ESIC ha elaborado (a través de ICEMD, su Instituto de Economía Digital) una investigación que también pone en valor las tendencias más relevantes y significativas en el desembarco de la Cuarta Revolución Industrial en las aulas.

La formación no tiene edad

Se acabaron los tiempos en los que la fuente de la formación se acaba a determinada edad. La nueva realidad laboral exigirá una constante puesta al día de los conocimientos. La educación ha dejado de tener fecha de caducidad. «La formación continua es clave para desarrollar una vida plena en el mundo que se avecina», explica Joost Van Nispen, presidente del IECMD. «Los conocimientos tendrán que actualizarse y ampliarse, y esto no puede terminar con un título de grado o postgrado. Las empresas también tendrán que convertirse en "learning organizations", dedicadas al aprendizaje constante para mantenerse competitivas», explica Van Nispen. Cada nueva generación (Gen. Z, millennials, baby boomers...) tiene una forma distinta de aprender, otro gran reto para las instituciones formativas.

Diversidad = oportunidad

La tecnología ha creado un mundo hiperconectado en el que la diferencia no solo debe ser aceptada, sino recibida como elemento enriquecedor. El estudio señala iniciativas innovadoras como «Local lingual», un mapamundi educativo donde es posible señalar cualquier país para comprobar cómo suenan los distintos idiomas. «Este aspecto es fundamental, porque precisamente la diversidad es uno de los grandes motores de la innovación. Las empresas que han apostado por ella son muchos más capaces de responder mejor y más rápido a los cambios», asegura Van Nispen.

Se diluyen las barreras

Para adaptarse al cambio, muchas entidades educativas ya están explorando novedosas metodologías. Las «flipped classroom», por ejemplo, transfieren ciertos procesos de aprendizaje fuera del aula y utilizan el tiempo dentro de la clase para potenciar lo aprendido. Y crece el «blended learning», la combinación de los medios digitales y tradicionales. «Estamos viendo una creciente confluencia de dos modelos, el digital y presencial, que hasta ahora estaban verdaderamente separados. Cada vez más formación presencial suma más opciones online y la formación a distancia añade también elementos presenciales», explica el presidente de IECMD. Aprendizaje colaborativo, microlearning o hiperpersonalización son otras metodologías que marcan el rumbo.

Oficios aún por descubrir

Formar en habilidades que aún no existen es uno de los grandes retos del sector educativo

El reto del sector es formar en habilidades y oficios que en muchos casos aún ni existen. Algunas iniciativas abren camino. Por ejemplo, los bloques de juguetes electrónicos «Honeycomb» ayudan a los alumnos a familiarizarse con la electrónica y el código. El pensamiento de diseño («design thinking») es otra metodología al alza. También el «steam», una revolución que busca dar importancia a la creatividad en las áreas de ciencia. El estudio cita el caso de LittleBits, una compañía que fabrica kits con bloques electrónicos para construir diferentes objetos interactivos. Porque el límite, también en las ciencias, siempre debe ser la imaginación. Emprendimiento o blockchain son otras capacidades imprescindibles en la futura vida laboral. Así como las «soft skils», que incluyen habilidades como empatía, proactividad y capacidad de trabajar en equipo. El espíritu colaborativo se erige como una capacidad esencial. «Junto a la capacidad de expresarte bien, es una de las más valoradas por las empresas», concede Van Nispen. Tecnológico, colaborativo e hiperindividualizado... el futuro ya es presente en las aulas.

Trajes a medida

El presidente de ICEMD, Joost Van Nispen, cree que el gran protagonista de la revolución en las aulas es la tecnología, pero «como en cualquier otro proceso de transformación digital, los obstáculos casi siempre son culturales, y están en las personas». En todo caso, el proceso es imparable. Van Nispen cita por ejemplo las posibilidades de la inteligencia artificial. «Hoy en día ya es posible que cada alumno tenga su propio tutor virtual que le ayude con lo que debe estudiar, le resuelva las dudas o le ofrezca sugerencias de lecturas complementarias. Será una verdadera conversación entre máquina y humano. Eso permitirá un aprendizaje cada vez más personalizado y optimizado a tus necesidades».

Y esa es otra de las grandes tendencias educativas, la hiperpersonalización. «En la educación tradicional, el eslabón más débil, la persona que aprendía más lentamente, era la que marcaba el ritmo, mientras que hoy en día se puede dar un seguimiento automatizado de cada alumno y elaborar un traje a medida de acuerdo con sus puntos fuertes y debilidades», asegura el presidente del ICEMD. Del mismo modo, cada grupo de edad requiere una atención específica. La inquietud es si el gusto de los millenial o de la Generación Z por la inmediatez audiovisual puede acabar ahogando la capacidad analítica y reflexiva. Van Nispen no ve ese peligro, pero concede que los nativos digitales interactúan solo con personas muy afines, con criterios e intereses en común, «y por tanto el gran reto de la educación es introducir ideas, impulsos diferentes a los que ya conocen». En definitiva, uno de los romper las cápsulas de pensamiento y «abrir las ventanas para que entren nuevas ideas».