Xi Jinping, presidente de la República Popular de China
Xi Jinping, presidente de la República Popular de China - EFE

Xi Jinping se eterniza para erigir a China en superpotencia

El Partido Comunista esgrime su progreso económico para legitimar su régimen autoritario

CORRESPONSAL EN PEKINActualizado:

Reunidos desde el lunes en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín, los casi 3.000 diputados de la Asamblea Nacional china tienen previsto votar hoy domingo la reforma de la Constitución que eliminará el límite de dos mandatos que impone a cada presidente. Tan trascendental cambio permitirá al actual, Xi Jinping, perpetuarse en el poder más allá de 2023, cuando en teoría debería retirarse. Con 64 años ahora, Xi podría eternizarse en el cargo. Se trata de un hecho histórico porque el autoritario régimen chino se había caracterizado por su liderazgo colectivo tras la muerte del «padre» de la patria, Mao Zedong, en 1976. Precisamente para evitar los desmanes personalistas del «Gran Timonel» que costaron millones de vida, como el «Gran Salto Adelante» (1958-62) y la «Revolución Cultural» (1966-76), la Constitución de 1982 estableció este tope de dos mandatos presidenciales que Xi Jinping va a abolir ahora.

Teniendo en cuenta que la Asamblea Nacional Popular es un Parlamento «de pega» donde casi todos sus diputados pertenecen al Partido Comunista y votan lo que el régimen les ordena, la única duda estriba en saber por cuánta mayoría será aprobada esta enmienda constitucional y si hay diputados que se abstienen o se atreven a alzar la mano en contra.

Además de por la sed de poder que ha demostrado Xi Jinping desde que tomó el cargo en 2013, le mueven razones económicas para perpetuarse. «Xi Jinping cree en un Gobierno fuerte durante diez años más y se siente en la obligación de hacerlo para erigir a China en una superpotencia mundial. No se trata de una ideología ni de volver atrás a la época de Mao, sino de seguir avanzando en el desarrollo del país», analiza para ABC Empresa Xu Bin, profesor de Economía y Finanzas en la Escuela Chino-Europea de Negocios Internacionales (CEIBS) en Shanghái. En su opinión, «este cambio en la Constitución permitirá a Xi Jinping tener un horizonte más amplio para convertir a China durante sus próximos mandatos en un país de ingresos altos, con una renta media superior a los 12.000 dólares (alrededor de 10.000 euros)».

Reparto desigual

Tras vivir la mayor transformación de su historia y sacar a cientos de millones de personas de la pobreza desde su apertura al capitalismo a finales de los 70, China es ya la segunda potencia económica del mundo en términos brutos. Pero, con más de 1.350 millones de habitantes y un desigual reparto de su explosivo crecimiento económico, aún sigue siendo un país de ingresos medios con una renta per cápita algo superior a 8.500 dólares (6.900 euros), según el Fondo Monetario Internacional. Para 2020, el objetivo es doblar el PIB y los ingresos urbanos y rurales de 2010, algo «factible» para el profesor Xu «porque se alcanzaría con un crecimiento hasta entonces del 6,3% y se espera que sea mayor, en torno al 6,9%».

Dicho logro, que la propaganda define como construir «una sociedad modestamente acomodada»·, le permitirá al autoritario régimen de Pekín seguir legitimándose ante su pueblo y celebrar por todo lo alto su primer centenario importante, la creación del Partido Comunista chino en 1921. Para su segundo gran centenario, el de la fundación de la República Popular China en 2049, el objetivo es alzarse como superpotencia mundial. O, como promete la propaganda, en «un país socialista moderno, próspero, fuerte, democrático, culturalmente avanzado, armonioso y bello».

Será, como ya ha anunciado su «sueño» el presidente Xi Jinping, el «gran rejuvenecimiento de la nación china». «Todo el mundo se pregunta cuánto tiempo se quedará en el poder. Pero nadie lo sabe porque quiere erigirse en un gran líder para la Historia, lo que le hará ser muy cuidadoso en sus decisiones para no salir malparado», razona Xu Bin. Descartando una regresión a un sistema como del de Corea del Norte, el profesor del CEIBS vaticina que «la economía de China seguirá orientada al mercado porque, si se destruye, el Gobierno perderá el poder. En cambio, si tiene un horizonte de 25 años, será más libre y abierta».

En el último lustro, el PIB de China ha pasado de 54 a 82,7 billones de yuanes (de 7 a 10,5 billones de euros) y su aportación a la economía mundial del 11,4 al 15%, contribuyendo en más de un 30% al crecimiento global. Con 66 millones de empleos creados desde 2013, más de 68 millones de personas han salido de la pobreza, que se ha reducido del 10,2 al 3,1% de la población. En tan drástica transformación, más de 80 millones de personas han emigrado del campo a las ciudades y el índice de urbanización ha crecido del 52,6 al 58,5%. Gracias al ascenso de esta clase media urbana, que en 2020 podría llegar a 600 millones de personas, más de 130 millones de turistas chinos viajan ya al extranjero y el consumo y los servicios son los grandes motores de la economía. Las manufacturas, que convirti eron a China en «fábrica global» y propiciaron su gran progreso, ya solo representan un tercio del PIB, mientras que los servicios suponen más del 50%. Así, la contribución de las exportaciones a la economía ha caído al 10%, y se calcula seguirá bajando hasta el 5%, mientras que el consumo ya suma el 65% y las inversiones se mantienen en un 35%, con una pequeñísima parte de capital extranjero porque la mayoría es dinero chino.

«El 90% de la economía china ya se basa en su mercado interno, que seguirá avanzando si se controlan riesgos como el excesivo endeudamiento, sobre todo de los gobiernos locales, la burbuja inmobiliaria y la fuga masiva de capitales», aventura el profesor Xu. Para afrontar estos retos, la Asamblea Nacional aprobará la fusión de los reguladores de la banca y los seguros y establecerá una “supercomisión” que vigilará al Partido y al Gobierno. Y es que el nivel endeudamiento de administraciones públicas, hogares y empresas, muchas de ellas estatales, llega ya al 270% del PIB según el Banco de Pagos Internacionales. Un grave peligro es la «banca en la sombra», que mueve entre 70 y 80 billones de yuanes (entre 9 y 10 billones de euros) al margen del sistema financiero.

Con Xi Jinping erigido en presidente de por vida, estos nuevos organismos estarán directamente bajo su control. En un comunicado, la consultora Scope afirma que «esta consolidación de poder puede ser positiva a corto y medio plazo para impulsar importantes reformas, pero tendrá implicaciones negativas porque minará el delicado liderazgo colectivo que sostiene las décadas del milagro económico chino y reduce la calidad del gobierno al debilitar el imperio de la ley». Porque, como muy bien resumen sus analistas, «el poder sin condiciones propicia el riesgo de políticas personalistas que carecen de los necesarios controles y debates».