Los acuerdos del clima de París impulsaron una oprtunidad de negocio que en España apenas está abierta
Los acuerdos del clima de París impulsaron una oprtunidad de negocio que en España apenas está abierta - EFE

La «inversión verde» cotiza al alza

Las emisiones de bonos verdes se han multiplicado por tres desde 2015 y sumarán este año 130.000 millones de dólares

MADRIDActualizado:

El dinero ya piensa en verde. La fiebre por la sostenibilidad, tanto medioambiental como social, ha llegado también a la inversión. Cada vez son más las personas individuales y los fondos que quieren destinar sus inversiones a proyectos sostenibles. No es una cuestión de filantropismo o de conciencia social, que puede que en algunos casos también, sino de aprovechar un negocio redondo. La fiebre ha llegado a tal punto que este año se alcanzarán los 130.000 millones de dólares de inversión en este tipo de títulos de deuda.

El acuerdo contra el cambio climático alcanzado en París en 2016 fue el aldabonazo definitivo para desatar el fenómeno. A pesar de la marcha atrás de EE.UU., aún sin formalizar, los compromisos alcanzados entonces para avanzar hacia una nueva economía de bajo carbono dibujan una oportunidad gigantesca. «Según datos de la OCDE, la inversión prevista en infraestructuras en los próximos 15 años se cifra en 6 billones de dólares anuales. Es decir, un total de 90 billones en total (en valor constante) para los próximos 15 años. Lo asombroso del caso es que, debido al incesante abaratamiento y evolución tecnológica de ciertas tecnologías, si valoramos el coste marginal de realizar estas infraestructuras desde un punto de vista sostenible, el coste marginal de la transición a una economía de bajo carbono resultaría prácticamente irrelevante. Todo ello con un importantísimo negocio a desarrollar en los próximos años», asegura Manuel Gómez Gutiérrez-Torrenova, director del PD Finanzas para la Sostenibilidad y el Cambio Climático del IEB y presidente de Avangreen.

Moody’s asegura que, a nivel global, las emisiones de bonos verdes ya han superado el récord del año pasado al alcanzar los 94.500 millones de dólares (81.000 millones de euros) hasta septiembre, lo que supone un 49% más que en los primeros nueve meses de 2016 y demuestra la «creciente demanda» de los inversores por estos instrumentos financieros. La agencia de calificación prevé que al finalizar el ejercicio se alcancen entre 120.000 y los mencionados 130.000 millones de dólares (hasta 111.500 millones de euros) emitidos en bonos verdes, es decir, entre un 28,5% y un 39% más en relación al año pasado.

En España, el fenómeno aún es incipiente, pero ha cobrado impulso gracias fundamentalmente a algunas iniciativas privadas. Iberdrola fue pionera y es uno de los actores más activos. Jesús Martínez, su director financiero, cree que «Iberdrola tiene un compromiso claro con la sostenibilidad y las energías renovables desde hace años. En 2014 fuimos los primeros en lanzar al mercado estos bonos para proyectos renovables y en 2016 emitimos 2.450 millones en este tipo de productos, con una mejora del coste de financiación a largo plazo. Los planes son invertir 25.000 millones en los próximos cinco años, y el 80% de esa cantidad se destinará a proyectos de energía renovable y a la renovación de líneas de transmisión para aumentar la eficiencia». Su última emisión fue el mes pasado y recibió peticiones por 3.000 millones de euros, más del triple del importe finalmente adjudicado, 1.000 millones. Martínez reconoce que «en 2014 no éramos capaces de vislumbrar que la financiación verde fuera a ser más barata, pero el presidente sí vió la rentabilidad en muchos aspectos y era el más implicado, de modo que contagió a toda la empresa».

A juicio de Manuel Gómez, el lento despegue del mercado en España no viene de «un problema regulatorio o de incentivos sobre los bonos verdes, sino de la propia idiosincrasia del mercado financiero español. España es un país altamente bancarizado en lo que se refiere a los mecanismos de financiación de empresas y otras instituciones. Esto no sucede en otros países, donde existe una mayor diversificación en las fuentes de financiación. Las emisiones de bonos en España son prácticamente un mecanismo exclusivo de las grandes corporaciones. El salto cualitativo llegará cuando instituciones de menor tamaño puedan hacer uso de estos instrumentos», asegura el profesor del IEB y presidente de Avangreen, compañía especializada en el desarrollo de estrategias de sostenibilidad.

Iberdola inició el camino, pero después le han seguido otras compañías como Gas Natural Fenosa, que hace pocas semanas lanzó su primera colocación de bonos verdes, en concreto por importe de 800 millones con vencimiento en 2025. También Abertis lanzó recientemente una emisión por un importe de 100 millones de euros a tres años.

Otro de los emisores destacados de deuda sostenible en España es el ICO. Antonio Cordero, su jefe de Tesorería y Fondos, explica que «en enero de 2015 emitimos el primer bono social por 1.000 millones pero en coronas suecas, y luego 500 millones cada año hasta el momento. Admito que el concepto de deuda social es más difícil de reconocer y de medir que el medioambiental pero ahora ya hay 15 emisores sociales en España. En cuanto a los bonos verdes, nos hemos estrenado este año y ahora estamos buscando proyectos que reúnan los requisitos». Otra de las entidades públicas que ha emitido deuda social ha sido la Comunidad de Madrid, en concreto 700 millones en abril. Sin embargo, la apuesta pública en España aún es simbólica si se compara con cifras como las de Francia, donde, como recuerda Goméz Gutiérrez-Torrenova, «el estado ha emitido en 2017 bonos verdes por más de 14.000 millones».

En cuanto a experiencia europea. Ignacio Mosquera, director de tesorería de la multinacional holandesa Philips NV, asegura que «hace cinco años nos propusimos que el 50% de los ingresos procediera de negocios sostenibles, que la mitad de la electricidad que utilizamos en la compañía tenga origen renovable y que se recicle el 90% de nuestros materiales en los hospitales. La cuestión de fondo es que una compañía sostenible tiene menor riesgo de crédito».

Desde las aseguradoras, Casimir Ferrer, director y coordinador de inversiones de bonos verdes de Zurich Insurance, afirma que la experiencia es también positiva tras la emisión de 2.000 millones en los últimos años, aunque el objetivo es llegar a 5.000. «La tendencia es muy fuerte y ha venido para quedarse y lo decimos nosotros, que somos un jugador a nivel global», asegura Ferrer.

Viento a favor

El fenómeno parece imparable, impulsado además por una coyuntura de alta liquidez y bajos tipos de interés. «La rentabilidad de los proyectos ligados al desarrollo de infraestructuras sostenibles resulta extremadamente atractiva. Si consideramos el tipo de interés medio en los países de la OCDE frente a la tasa de rentabilidad media de los activos y proyectos ligados a infraestructuras sostenibles, existe una sustancial prima de rentabilidad por cada euro invertido en el sector verde frente a los tipos de interés de referencia en el mercado a largo plazo», asegura Manuel Gómez. La principal razón, argumenta, es el alto grado de competitividad de las tecnologías sostenibles en la actualidad. Y también que este tipo de inversiones «están ligadas a sectores que se soportan sobre activos a largo plazo y con baja volatilidad subyacente».

Los expertos relativizan el impacto de la política de Trump en la estrategia global contra el cambio climático. «Trasciende ampliamente en el tiempo el mandato de una u otra administración. Es un partido a muy largo plazo que goza del mayor consenso internacional», asegura el profesor del IEB. De hecho, recuerda, EE.UU. fue el segundo inversor mundial en energías renovables en 2016 y es el tercer emisor de bonos verdes en 2017. Incluso China ha irrumpido en la revolución inversora verde, convirtiéndose en el segundo emisor mundial con un volumen superior a los 12.000 millones de dólares. Definitivamente, la sostenibilidad cotiza al alza.