Una persona pasa frente a un muro lleno de carteles en contra del presidente de Brasil, Michel Temer
Una persona pasa frente a un muro lleno de carteles en contra del presidente de Brasil, Michel Temer - EFE

La inestabilidad institucional de Brasil castiga a las empresas españolas

El mayor impacto se derivaría de un parón en la recuperación y la depreciación del real

MadridActualizado:

Los escándalos políticos en torno al Gobierno de Brasil vuelven a empañar la recuperación económica del país. Y por tanto la de la actividad de las empresas, incluidas las españolas, que tienen allí uno de sus principales mercados extranjeros. Banco Santander, Mapfre, Telefónica y las grandes compañías energéticas, entre otras empresas nacionales, se recuperaron ayer en Bolsa del descalabro sufrido el jueves después de que el presidente brasileño, Michel Temer, fuese acusado de sobornar a un testigo en la investigación de un caso de corrupción.

Los grupos empresariales españoles con más intereses en Brasil sufrieron fuertes caídas en Bolsa el pasado jueves. Mapfre, por ejemplo, que factura en torno al 20% de sus primas en ese país y tiene un importante acuerdo de distribución de pólizas con Banco do Brasil, cayó un 4,84%; ayer se recuperó y subió un 1,63%.

El Santander, por su parte, genera más de una cuarta parte de sus ingresos y beneficios allí: anteayer sus acciones se despeñaron un 3,69%, y ayer remontaron un 1,66%. Indra, que desde su reestructuración eligió Brasil como su centro de operaciones internacionales, perdió el jueves un 2,16% en el mercado y ayer se apreció un 2,08%.

El principal temor es que Temer, que hace menos de un año prácticamente se autoproclamó como el salvador nacional para sustituir a Dilma Rousseff y atajar la corrupción que carcome Brasil, se enroque en la presidencia. O que si dimite se inicie un nuevo y largo periodo de incertidumbre política que impida al país abordar en tiempo y forma las reformas que necesita.

Pendientes de la divisa

Lo cierto es que en los últimos meses las previsiones de analistas y empresarios sobre la evolución económica del gigante iberoamericano eran más que esperanzadoras. Los inversores habían demostrado una confianza renovada y creciente. Además, después de dos años de recesión, el PIB brasileño ha vuelto a crecer y el real brasileño se ha fortalecido.

Prueba de ello es que las cuentas de resultados de compañías españolas como el Santander y Mapfre en los tres primeros meses del ejercicio registraron notables repuntes gracias, en buena parte, a la mejoría del negocio en ese país y sobre todo a la apreciación de la moneda local. Los pronósticos de estas empresas para los próximos trimestres eran igualmente positivas, según manifestaron públicamente sus principales ejecutivos.

El temor es que el riesgo político revierta ese incipiente cambio de tendencia. «Si Temer no puede permanecer en el cargo, estamos de vuelta a la primera casilla en términos de la agenda reformas», dice Michael Boye, experto en renta fija de Saxo Bank, quien recuerda que el Parlamento brasileño tenía previsto votar en unos pocos días una cuestión nada baladí como la reforma del sistema público de pensiones, que ahora mismo se come el 45% de los Presupuestos del Estado. Por eso el jueves el índice bursátil brasileño Bovespa se desplomó en la que fue su mayor caída, del 8,8%, desde la crisis de Lehman Brothers, y el real brasileño llegó a hacerlo un 15%, la mayor depreciación desde 2008.

Los analistas confiaban en el esfuerzo reformista de Temer. Sin embargo, y como advertía ya el «broker» de seguros Marsh en su «mapa de riesgo político global para 2017» respecto a los principales países en que operan las empresas españolas, «el descontento público con la corrupción, la mala calidad de los servicios públicos y la desigualdad plantean riesgos políticos considerables y podrían dar lugar a protestas generalizadas, como se vio en 2013». «Las investigaciones podrían implicar a altos funcionarios de la Administración, complicando los esfuerzos de reforma», añadía.

«Si el actual marco político se deteriora durante un largo periodo de tiempo, entonces la recuperación económica puede ser cuestionada y las empresas brasileñas y extranjeras con exposición al país pueden ser más penalizadas», explica Marisa Cabrita, analista de Orey Financial. El principal impacto en la actividad empresarial y en las cuentas de las empresas españolas vendría en los niveles de negocio por un debilitamiento de la demanda y por la depreciación de la divisa brasileña.

Las compañías españolas consultadas por este diario aseguran en todo caso que es pronto para valorar la evolución de los acontecimientos y que no hay ningún tipo de plan específico de contingencia al respecto para sus filiales en Brasil. Tampoco la comisión de riesgos por cuenta del Estado de la aseguradora pública Cesce, que cubre a empresas nacionales en el exterior con pólizas a sus ventas en el extranjero, se ha tenido que reunir de urgencia o tomar medidas excepcionales.

«Hay que tener cautela. Vamos a ver cómo se desarrollan las cosas y cuando estén más claras evaluaremos las proyecciones económicas del país», dijo ayer en Sao Paulo el director del departamento del hemisferio occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner, quien indicó que la institución está monitorizando el impacto de la crisis política en la economía de Brasil, pero descartó un contagio al resto de la región.

El FMI, vigilante

La economía brasileña, según el FMI, crecerá este ejercicio un 0,2% y en 2018 un 1,7%, después de dos años consecutivos en «números rojos». Más optimista es la agencia Fitch, que prevé una aceleración del 0,5% para 2017 y del 2,5% en 2018. Aun así, esta entidad ratificó ayer el «rating» de Brasil en «BB» («bono basura») con perspectiva negativa al considerar que tiene debilidades estructurales en sus finanzas y por la inestabilidad política, factor este último agravado por el escándalo en torno a Temer, informa Ep. Esta agencia de calificación cree que el tsunami político en que está inmerso el país afecta negativamente a su economía.