La energía eólica marina reflota al sector naval español

El megaproyecto de Wikinger en Alemania, totalmente «made in Spain», es el emblema del cambio de modelo

CORRESPONSAL EN BERLÍNActualizado:

A 75 kilómetros mar adentro, frente a la costa norte de Alemania, se levanta el parque eólico marino Wikinger (Vikingos), una inversión de 1.400 millones de euros en una superficie de 34 kilómetros cuadrados que a finales de año estará produciendo 350 megavatios, energía suficiente para cubrir las necesidades eléctricas de más de 350.000 hogares alemanes. A pesar del duro invierno de este año, hay ya 17 aerogeneradores instalados, cada uno de ellos comparable por sus dimensiones con la Torre Eifel, listos para aprovechar la fuerza de los constantes vientos y la escasa profundidad del suelo marino en esa zona, a la que se accede desde el puerto de Mukran.

El proyecto encaja como un guante en la estrategia energética de Alemania, país que tiene legislado su apagón nuclear para 2022 y que fabrica a toda prisa infraestructuras para sustituir la atómica por energías limpias. Su peculiaridad es que se trata de un proyecto 100% español, que está sirviendo además para revitalizar la industria naval nacional.

«Know how»

Iberdrola, concesionaria del proyecto, ya había acumulado experiencia en asociación con la danesa Dong Energy en el Mar de Irlanda, obteniendo producciones de energía un 20% superiores a las previstas. Ahora está empleando el «know how» adquirido anteriormente en la implantación de este parque y apoyándose exclusivamente en empresas españolas, favoreciendo una reconversión del sufrido sector de los astilleros en Cádiz, Ferrol y Avilés hacia un campo con mucha mayor demanda como es el de las energías renovables.

Concretamente en Ferrol se fabrican los jackets, las estructuras de sujeción de hierro de cuatro patas y de 40 metros de altura que se anclan al fondo del mar. El corazón tecnológico del parque, la subestación Andalucía, se construyó en Navantia, Cádiz, y en los bares del puerto de Mukran y la isla vacacional de Rugen, muy apreciada por la tercera edad alemana, han comenzado a aparecer carteles de ofertas de menús en español, dado el gran número de trabajadores que acude a las instalaciones.

La asturiana Windar se ocupa de las 70 torres que compondrán el total del parque, además de la construcción de 116 pilotes, los gigantescos tornillos que sujetan la estructura al fondo, en su fábrica de Avilés. Gamesa fabrica en Alemania las 70 turbinas a través de una alianza local y el Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona (BSC) ha sido el responsable de identificar el emplazamiento de cada aerogenerador en el punto exacto más adecuado según los vientos. Empresas históricas en España y que estaban sumidas en una grave crisis han aprendido a trabajar en este nuevo sector y disponen a raíz de este proyecto de contratos firmados hasta 2022, lo que supone una perspectiva de futuro a medio plazo de las que muy pocos sectores en España pueden presumir.

Cuando se aborde la conexión a la red en septiembre y se celebre la inauguración en octubre, el sector español de astilleros habrá dado su primer gran paso en un mercado de futuro con demanda asegurada durante las próximas décadas. Y todo indica que esto no ha hecho más que empezar.

A través de su filial estadounidense, Avangrid, Iberdrola acaba de entrar en el proyecto eólico marino Vineyard Wind, en la costa de Massachusetts, cuya construcción comenzará en el año 2020. Así, Avangrid Renewables ha adquirido el 50% de Vineyard Wind, la empresa promotora del proyecto, hasta ahora propiedad de Copenhagen Infrastructure Partners (CIP). La construcción del parque eólico de Vineyard Wind, cuya capacidad final se decidirá en función de los estudios técnicos y las características del área de concesión, supone un importante acuerdo de cooperación estratégica. La combinación de los conocimientos de Avangrid Renewables en materia de energías renovables en Estados Unidos, la experiencia en financiación de infraestructuras de Copenhagen Infrastructure Partners y la especialización de Iberdrola en proyectos de eólica marina ofrecen, sin duda, una importante ventaja competitiva en un sector todavía en desarrollo.

Por lo que respecta a Europa, tres operadores del sistema eléctrico, Tennet en Holanda, Tennet en Alemania y Energinet de Dinamarca, han presentado a la Comisión Europea un plan para desarrollar un gran sistema de transporte de electricidad de origen eólico con base en el mar de Norte. El proyecto estrella es la construcción de una o varias islas artificiales, rodeadas de parques eólicos, que actuarán como un gran nudo de conexión para distribuir la electricidad limpia a los países ribereños del mar del Norte. Con un coste de unos 1.270 millones de euros, podría ser una realidad entre 2030 y 2050, ofreciendo hasta entonces grandes oportunidades a empresas españolas ya posicionadas. La isla estaría situada casi en el centro del mar del Norte, a unos 100 kilómetros de las costas británicas, justo a la altura del banco de arena (el denominado Dogger Bank), donde las aguas tienen una profundidad de entre 15 y 36 metros. No muy lejos de esa ubicación se encuentra el siguiente proyecto que tiene Iberdrola, East Anglia One(EA1), un proyecto de 714 MW, la energía que consumen medio millón de hogares y que supone una inversión de 3.000 millones. Las obras comenzarán el próximo año, con final previsto para 2019 o 2020.

La energía eólica marina, según la Agencia Internacional de la Energía, vive una gran expansión en el mundo, aunque el 90% de la potencia instalada se encuentra en Europa. En Alemania, en mayo del año pasado, las plantas de energías alternativas generaron hasta el 87,6% de toda la electricidad consumida en el país, un récord histórico que apunta a la solvencia del abastecimiento.