El exministro de Economía y antiguo director gerente del FMI, Rodrigo Rato, el pasado martes en el Congreso de los Diputados - REUTERS

Comisión de investigación, comisión de justificaciones

Políticos y supervisores excusan su papel en la gestión de la burbuja y la quiebra de las cajas con errores de previsión y falta de competencias

MADRIDActualizado:

En el desfile de políticos y supervisores ante la comisión del Congreso de los Diputados que investiga la crisis en España el gran ausente está siendo la autocrítica. Salvo excepciones, los responsables de los gobiernos de la época, del Banco de España y de la CNMV o bien han escurrido el bulto, o bien justificado que no podían hacer más o bien dicho que la magnitud de la debacle les pilló desprevenidos.

«El Banco de España no contaba con las herramientas macroprudenciales necesarias, el marco regulatorio no estaba preparado». Esa fue la explicación de Jaime Caruana, gobernador entre 2000 y 2006, cuando los diputados le preguntaron y repreguntaron por qué el supervisor no hizo nada ante la burbuja que se estaba formando.

Miguel Ángel Fernández Ordóñez, su sucesor y al frente del Banco de España entre 2006 y 2012, repartió culpas y responsabilidades con todos menos consigo mismo. Achacó la caída de las cajas a las inadecuadas regulación y política económica y monetaria; criticó pero justificó el rechazo de Zapatero a usar más ayudas y acusó al PP de sembrar dudas sobre la banca desde la oposición. Y él, ¿qué hizo? A su juicio, adelantar la llegada de la crisis ya en 2003 en sus artículos en prensa. «Fuimos muy pocos los que entonces hablábamos de esto», presumió.

«Disiento de las opiniones que dicen que se actuó con tibieza», despejó el que fuera «número dos» de Ordóñez, Javier Aríztegui, que achacó la crisis al modelo de crecimiento de España y defendió que el organismo hizo un esfuerzo notable frente a ese desequilibrio que se estaba incubando. «No fue suficiente», admitió.

«Se pudo hacer más», admitió el actual gobernador, Luis María Linde, el responsable supervisor más mínimamente crítico junto con el exsubgobernador José Viñals. «Podían haberse hecho mejor algunas cosas en las labores de supervisión», dijo este último.

Esa ha sido la versión de «mea culpa» más escuchada. Que se hicieron cosas, pero no resultaron suficientes. Y después, por este orden, que la crudeza de la crisis no era previsible, que faltaban instrumentos legales para frenar el crédito y despolitizar las cajas y la ausencia de margen presupuestario para recapitalizar a tiempo la banca con un manguerazo ayudas públicas.

Otros personajes, fundamentalmente los que dirigieron la CNMV en aquellos años, han alegado por su parte falta de competencias. Básicamente que el supervisor bursátil, bajo el principio de la libertad de emisión, no es quien para prohibir la comercialización de participaciones preferentes o dejar salir a Bolsa a Bankia si se cumplía con los requisitos de información. Todos defienden que ante esas operaciones se reforzaron los controles imponiendo requisitos adicionales a los emisores.

«La CNMV se ajustó a ese principio, pero reforzó sensiblemente las actuaciones de protección de los inversores, en particular de los minoristas», dijo Fernando Restoy, que fue vicepresidente de la Comisión y subgobernador. «La interpretación de la legislación vigente se forzó con frecuencia hasta límites discutibles», defendió el expresidente de la CNMV Julio Segura.

La crisis del Popular se coló a última hora en la agenda de la comisión. La presidenta de la Junta Única de Resolución (JUR), Elke König, defendió a ultranza cómo se resolvió el que fuera sexto banco del país, pero sus modales y negativa a dar cierta información llevó a la presidenta de la comisión, Ana Oramas, a echarle un rapapolvo. El presidente del FROB, Jaime Ponce, también defendió la actuación de las autoridades en ese caso, pero admitió que el modelo es mejorable.

¿Tardanza?

«El Banco de España tenía las herramientas para haber frenado la crisis, pero no lo quiso hacer», discrepó la Asociación de Inspectores del Banco de España, muy crítica con la cúpula del supervisor. Aristóbulo de Juan, director del Banco de España en los años ochenta y quien suele culpar de la crisis bancaria, por este orden, a los gestores de las entidades y a la connivencia de supervisores y auditores, corroboró esa versión. Y añadió: «El Gobierno no frenó la crisis financiera y tenía pavor a inyectar dinero público».

«El enfoque gradual de reestructuración del sector fue correcto», defendió ayer en la comisión Elena Salgado, ex vicepresidenta económica del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero entre 2009 y 2011 ante las críticas a la tardanza con que el Ejecutivo socialista abordó el saneamiento.

La de Salgado, que se limitó en su discurso inicial a hacer un mero repaso de hechos y sin apenas valoraciones, fue quizá la comparecencia más falta de autocrítica. La exvicepresidenta defendió que, «con aciertos y errores», su Gobierno trató de «proteger a España de un rescate, contener los efectos de la crisis, limitar el coste para el erario público de las ayudas a la banca y sostener los servicios públicos». «En parte lo logramos y en parte no. Quiero pensar que en alguna medida hemos contribuido a preservar el futuro de España y a paliar el sufrimiento de los sectores vulnerables», concluyó.

No parece compartir esa opinión su antecesor, Pedro Solbes. Fue el más autocrítico con su propia gestión y, sobre todo, con la política económica del que era su jefe, Zapatero, al que reprochó falta de valentía para recortar el gasto y reformar las cajas. «Hubo claros errores de previsión», admitió sobre cuando en 2008 aún negaba la crisis. Salgado, en cambio, incluso se lavó las manos en el caso Bankia y negó tajantemente que presionase a empresarios y banqueros para que invirtiesen y salvasen su salida a Bolsa. «Hice cero llamadas, ninguna», dijo recordando que en el Congreso está obligada a decir la verdad, y aseguró que «quien diga lo contrario, miente».

Rato, despechado

Lo que esta por ver es si quién dice al verdad sobre el rescate de Bankia. Rodrigo Rato, consciente del difícil panorama penal que le espera por su situación judicial, usó su comparecencia para ajustar cuentas con el PP y acusar al Gobierno de Rajoy de conspirar contra él. Y a Luis de Guindos no dejó de señalarle por la debacle de Bankia, asegurando que su rescate se preparó con la banca y a espaldas del Banco de España.

El ministro de Economía acudirá a esa comisión el próximo martes, donde previsiblemente defenderá su reforma bancaria y el rescate no solo como inevitables sino como la primera piedra en la salida de España de la crisis. Luego empezarán a comparecer algunos banqueros, y las conclusiones de la investigación tardarán aún varios meses en prepararse y publicarse. Más que culpas o responsabilidades, algunos diputados apuntan a que en ese papel final cada partido escribirá su relato parcial de ocurrido y se tomará nota de algunas de las importantes sugerencias de reforma de la regulación y la supervisión escuchadas.