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El comercio exterior chino se hunde pese a la devaluación de su moneda

Para evitar una guerra de divisas, el primer ministro chino descarta otra depreciación

Corresponsal en PekínActualizado:

El comercio exterior de China se hundió el año pasado un 7% a pesar de la depreciación gradual de su moneda, que ha caído un 5% desde agosto y, en teoría, debería haber ayudado a aumentar las exportaciones.

Según los datos publicados esta semana por la Administración de Aduanas de aquel país, las ventas al extranjero cayeron un 1,8% respecto a 2014, hasta alcanzar los 14,14 billones de yuanes (1,96 billones de euros). Unas cifras que reflejan la pobre demanda de sus socios comerciales pese a la recuperación económica mundial, que no termina de disparar el consumo.

Por su parte, las importaciones se desplomaron un 13,2% y alcanzaron los 10,45 billones de yuanes (1,45 billones de euros), debido fundamentalmente al bajo precio de las materias primas, sobre todo el petróleo, y a la ralentización de la economía china. En total, el comercio exterior del gigante asiático sumó 24,59 billones de yuanes (3,4 billones de euros) y arrojó un superávit de 3,69 billones de yuanes (513.691 millones de euros), un 56,7% más que en 2014.

Aunque China sigue siendo la segunda potencia económica del mundo, tras Estados Unidos, esta caída de su comercio exterior agrava su ralentización y añade aún más incertidumbre a su cambio de modelo de crecimiento.

Impulsar el sector servicios

El autoritario régimen de Pekín ha emprendido una serie de reformas para dejar de depender tanto de las exportaciones, las inversiones extranjeras y las faraónicas obras públicas, que han transformado al gigante asiático desde su apertura al capitalismo. Tras convertirse en la «fábrica global» por su abundante y baratísima mano de obra, el objetivo de las autoridades es potenciar ahora el sector servicios y el consumo doméstico en el que ya es el mayor mercado del mundo.

Sin embargo, el aumento del nivel de vida ha elevado los salarios y provocado que China pierda competitividad respecto a otros países menos desarrollados, como Vietnam, Indonesia y Bangladesh. Debido en parte a esta competencia, el comercio exterior de EE.UU. podría superar este año al de China porque hasta noviembre había reportado 3,48 billones de dólares (3,18 billones de euros), un poco menos que el contabilizado en el coloso oriental durante los últimos doce meses.

El efecto de la depreciación de la moneda china en las exportaciones de este país no se vio hasta el pasado mes de diciembre, cuando sus ventas a grandes mercados como Estados Unidos y la Unión Europea repuntaron un 2,3% gracias a la campaña navideña. Para despejar los temores a una peligrosa «guerra de divisas» con otras potencias manufactureras, el primer ministro, Li Keqiang, aseguró ayer que «China no tiene intención de estimular las exportaciones con una devaluación competitiva de la moneda».

Inversión extranjera

Con todos los indicadores económicos cayendo en plena ralentización de China, el único aspecto positivo lo aportó la inversión directa extranjera, que durante el año pasado creció un 5,6%, más del triple que el año anterior. Excluyendo la inversión en el sector financiero, sumó 126.300 millones de dólares (115.713 millones de euros) y fue especialmente alta en los servicios.

Con una espectacular subida del 16,6% en relación con 2014, cuando solo creció un 7,6%, la inversión extranjera en este sector alcanzó los 77.200 millones de dólares (70.729 millones de euros). Buena prueba de su importancia es que, según informa la agencia France Presse, las empresas que han recibido inversión directa extranjera acaparan casi la mitad del comercio exterior de China, un 14% de los empleos urbanos y un 20% de los ingresos fiscales del país.

A pesar de esta recuperación, las cifras aún están por debajo de la lluvia de millones que recibía China en el pasado.