Byron Haynes
Byron Haynes - ABC

Byron Haynes, nuevo presidente de Novo Banco

El fondo estadounidense Lone Star se estrena como dueño de la entidad portuguesa confiando en el alto ejecutivo británico

CORRESPONSAL EN LISBOAActualizado:

Justo después de que Bruselas diese luz verde a la venta de Novo Banco (NB) a Lone Star, el fondo norteamericano demuestra que no tiene tiempo que perder a la hora de reestructurar la entidad portuguesa. Así, acaba de nombrar al ejecutivo británico Byron Haynes como nuevo presidente de la firma creada con los activos saneados del extinto Espírito Santo.

El cambio de dirección, aunque António Ramalho se mantendrá en el organigrama, deja traslucir el vuelco al que será sometido el banco, todavía lastrado por las concesiones de créditos de difícil recuperación.

NB es todo un emblema del sector al otro lado de la frontera, de ahí que se pongan en marcha de forma inmediata los planes para garantizar su viabilidad.

Haynes acumula una dilatada experiencia internacional de alto nivel, que comenzó trabajando en Londres y Budapest para la compañía holandesa KPMG. A continuación, dio el salto a MeesPierson y de ahí pasó a dirigir los destinos del banco holandés ABN Amor, antes de trasladarse a Viena para encargarse de BAWAG PSK.

Pero, además, Lone Star ha reforzado su presencia local ‘reclutando’ a Robert Sherman, quien ejerció como embajador de Estados Unidos en la capital portuguesa hasta el pasado mes de enero. Este prestigioso abogado había desembarcado por designación de Barack Obama y realizó su labor a lo largo de tres años, en pleno barrio diplomático de Lisboa.

Igualmente, desembarcan Donald Quintin (ex Merryl Lynch), Benjamin Dickgiesser (hombre fuerte de Lone Star en Europa) y Kambiz Nourbakhsh, ex vicepresidente de Goldman Sachs.

El diseño esbozado por Lone Star, que desembolsó inicialmente 1.000 millones de euros por Novo Banco pero ha de comprometerse a una ampliación de otros 1.000, distingue de manera rotunda entre un Consejo de Administración formado por todos estos ejecutivos extranjeros y una comisión ejecutiva que, para compensar, solo está formada por portugueses.

Y es que tratan de acallar así las posibles críticas del sector financiero lisboeta, donde hace semanas que los principales nombres perdieron la esperanza de acceder a la primera línea del banco resultante.

Todos estos planes figuraban en la recámara de Lone Star, que se mostraba impaciente mientras aguardaba el sí definitivo de la Comisión Europea. Una decisión que se hizo esperar desde el pasado 31 de marzo, fecha en que el Banco de Portugal aprobó la operación.

Próximas reformas

Ahora las reformas se harán por fin realidad bajo el mandato de unos ejecutivos de primera fila. Y todo gracias a las palabras tranquilizadoras de la comisaria europea de Competencia, Margrethe Vestager, : “Portugal decidió vender Novo Banco a un nuevo propietario privado, que va a proceder a su reestructuración con unos planes de gran envergadura. Es importante ahora que el nuevo propietario aplique sus planes de manera eficaz, para que el banco pueda apoyar a la economía portuguesa”.

El Gobierno socialista de António Costa exhibe su satisfacción por el cierre del círculo, consciente de que NB precisaba de una solución urgente.

Eso sí, la operación se clausura muy por debajo de los 4.900 millones de euros que hubo de poner sobre la mesa el Estado para evitar el colapso de la banca lusa cuando cayó en bancarrota el Espírito Santo.

Lo que está claro es que se han adquirido unos compromisos que pasan por el hecho de que la entidad coloque 400 millones de euros de deuda subordinada en manos de inversores privados.

Con el paso de las semanas y a pesar del desajuste económico observado desde el verano de 2014, el mercado no hace sino refrendar que la venta de NB es positiva en los actuales términos.

El primer ministro, António Costa, se preocupó de que la operación no se realizase de forma precipitada, y ahora se siente aliviado porque todo parece marchar dentro de los cauces previstos.

Sus hábiles maniobras (o, mejor dicho, las de su ministro de Finanzas, Mário Centeno) sacaron todos estos y otros asuntos financieros de la cartera directamente relacionada con el déficit del Estado. De modo que así logró no dispararlo aún más, toda vez que negoció con Bruselas y se movió con astucia.

La frágil salud del sistema bancario portugués dependía del éxito de este ‘business’, aplazado en su día por el anterior gobierno conservador.

Capital estadounidense

En un primer momento el Santander y Caixabank llegaron a valorar seriamente entrar en la carrera para hacerse con los destinos de Novo Banco. Dado que la firma catalana tomó el control de BPI y que, por ejemplo, Bankinter se hizo un hueco en Lisboa, una parte del circuito financiero lisboeta se alzó contra la excesiva ‘españolización’ que se atisbaba.

Finalmente, todo quedó en una cuestión efímera, que sin embargo nadie ha elevado ahora que el capital estadounidense toma el control de NB.

A los socios radicales del Gobierno socialista no les hace mucha gracia poner la icónica empresa en manos de Wall Street, pero han tenido que conformarse con el desenlace.