Sede del Banco Central Europep (BCE) en Fránckfort (Alemania)
Sede del Banco Central Europep (BCE) en Fránckfort (Alemania) - EFE

Los bancos vuelven a poner en jaque la estabilidad financiera de Europa

Los problemas de las entidades italianas, que podrían forzar un nuevo rescate, amenazan con contagiar al resto del sector

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Los cimientos de Europa vuelven a temblar al ritmo del enésimo cataclismo financiero. Los problemas de la banca de Italia, la tercera economía de la Eurozona, amenazan con abrir nuevas heridas en una crisis que nunca parece acabar de cicatrizar. Con unos créditos deteriorados que ascienden a 360.000 millones, el rescate se antoja inevitable. Después de que Europa haya gastado entre 2008 y 2014 el equivalente al 8% del PIB en salvar entidades, la situación adquiere tintes de desesperante «déjà vu». Italia es ahora el gran enfermo, pero los síntomas no son buenos en otros sistemas financieros: los sempiternos problemas estructurales de la atomizada banca alemana, la exposición de las entidades francesas a la deuda griega y al petróleo, la inevitable crisis de confianza en torno a los bancos helenos, la reordenación pendiente en Portugal.... los problemas específicos son muchos, pero el contexto global es aún peor.

Cuando parecía que no había metros caudrados para alojar más factores de incertidumbre... el Brexit entró por la ventana. Vítor Constancio, vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), lo explicaba así hace unos días en un acto de la Universidad de Navarra en Madrid. «El Brexit nos ha pillado a todos por sorpresa y una de las más inmediatas consecuencias es que las acciones de muchos bancos se han desplomado, y sobre todo en Italia».

En perro financiero flaco, todos parecen pulgas. El precipitado adiós del Reino Unido solo viene a echar más madera en una caldera bancaria marcada por un estancamiento global que empuja a la atonía del negocio, una sobrecarga de activos, el incremento de la presión regulatoria y la competencia de nuevos actores que obligan a acometer profundos procesos de reestructuración.

Renzi pretende que Bruselas incumpla la normativa que obliga a accionistas y bonistas a asumir el coste de la ayudas

La banca tradicional intenta subir sobre la marcha al carro de los nuevos tiempos. No será sencillo, las financieras exclusivamente tecnológicas, conocidas en el argot especializado como «fintech», llevan años cogiendo velocidad en materia de digitalización y de aprovechamiento máximo del «big data». Se benefician, además, de un regulación que, de momento, es menos estricta. En la misma línea, todo apunta a que el negocio de los servicios de pago en manos de estos nuevos negocios financieros vinculados con internet también seguirá creciendo. Algunas cifras ratifican la tendencia: según un estudio de la consultora McKinsey, 23.000 millones de dólares de fondos de capital riesgo han ido a a parar a las «fintech» entre 2009 y 2014, y alrededor de la mitad de ese dinero llegó en el año 2014.

Previsiones

El asunto, según Constancio, es que «si la banca tradicional no responde de una manera efectiva a estos cambios que se están produciendo en el mercado, perderá seguro cuota de mercado y, como consecuencia, parte de sus ingresos». Según la misma consultora, en los cinco primeros negocios de los bancos (préstamos al consumo, hipotecas, financiación de pymes, pagos y gestión de patrimonios) entre el 20 y el 60% del beneficio estará en riesgo en 2025, siendo la financiación del consumo el área más vulnerable.

«Europa debe recapitalizar la banca europea con 150.000 millones de euros», según el economista jefe del Deusche Bank

En materia de regulación muchas de las medidas puestas en marcha en los años posteriores a la crisis están ya encarriladas, como los requisitos de capital de máxima calidad a que obliga la normativa conocida como Basilea III, los ratios de apalancamiento o las nuevas medidas de liquidez.

A todo lo anterior se le une además, como explicó Constancio, el escenario de bajos tipos de interés que impone también cambios en el sector ya que le obliga a acomodarse a unos bajos beneficios en forma de reducción de sucursales y de personal, al tiempo que le empuja hacia un proceso de fusiones internacionales para ganar en competitividad.

Como ejemplo valga el dato de que la rentabilidad de los activos propios fue del 5,8% en 2015 mientras que el coste del capital se estimó en el 9%, y este hecho no se limitó solo al año pasado sino que se mantiene desde 2008.

«Un gran reto de gestión»

José Sevilla, consejero delegado de Bankia, mencionó en el mismo acto que «los reguladores y los supervisores de los bancos tienen el reto común de recuperar la confianza de los inversores en las entidades para ayudar a la recuperación de la economía. Nosotros, los gestores de los bancos, tenemos que conjugar la nueva regulación con la búsqueda de la rentabilidad, lo que nos supone un reto de gestión importante». Por parte de BBVA, su consejero ejecutivo, José Manuel González Páramo, coincidió en que «se está produciendo una revolución en el mundo de los servicios financieros, que está forzando a los bancos a reinventarse a sí mismos si quieren seguir sobreviviendo».

Europa se gastó en salvar bancos el equivalente al 8% del PIB de la Eurozona, entre 2008 y 2014, según el BCE

Todo este tsunami que afecta al sector financiero se analiza ya desde hace tiempo en las principales escuelas de negocio. Manuel Romera, director del sector financiero del IE Business School, asegura tajante que «un banco en realidad es una especie de caja negra muy apalancada y sometida a unos reguladores muy fuertes, lo que se traduce en que la banca mediana tiene en general unos ratios de solvencia y de liquidez malos, y los mercados lo están cotizando así y de ahí las fuertes bajadas de algunas entidades, como es el caso de las italianas, por lo que más que nunca se debe acelerar el proceso de consolidación bancario en Europa».

«Peligro de accidente»

Para aliviar la situación, el economista jefe de Deutsche Bank, David Folkerts-Landau, aventuró hace unos días que «Europa debe salvar a los bancos, sobre todo los italianos, con una recapitalización de 150.000 millones de euros. Europa está muy enferma y debe atacar muy deprisa los problemas existentes, de lo contrario hay peligro de un accidente».

Y en medio de esta gran confusión... Italia amenaza con entrar en convulsión. El rescate se antoja inevitable pero la forma de afrontarlo también abre un importante debate en el seno de la Eurozona. El Gobierno de Renzi quiere que se articule con ayudas públicas, lo que chocaría frontalmente con la nueva legislación europea que obliga a que acreedores y accionistas asuman con quitas el coste de eventuales rescates, salvo en situaciones excepcionales. Y a esa «excepcionalidad» se aferra el primer ministro italiano, Mateo Renzi, que no quiere asumir el coste político que supondría que miles de pequeños accionistas y bonistas perdieran los ahorros de toda una vida. Especialmente cuando en octubre se enfrenta a un referéndum sobre la reforma del Senado que ha plateado en términos de moción de confianza a su gestión.

Lucha política

En las duras negociaciones con Bruselas, parece que las tesis italianas van calando. Las presiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Central Europeo (BCE) se han hecho sentir. La última voz autorizada ha sido la del miembro del Consejo de Vigilancia del BCE, Ignazio Angeloni, que supervisa los bancos de la Eurozona: «Las reglas europeas admiten de forma explícita el apoyo público a los bancos en circunstancias excepcionales y de forma controlada», declaraba esta semana al «Sole 24 Ore». En su visita a Madrid, Constancio también se expresó en términos muy similares,

Desde la Comisión Europea, sin embargo, en calidad de guardiana de los Tratados, las cosas se ven de otra manera. En concreto, la comisaria de Competencia, la todopoderosa Margrethe Vestager, aseguró esta misma semana que, «efectivamente, la norma de rescates bancarios establece excepciones pero de momento no hemos detectado ninguna situación de ese tipo en Europa».

El temor de la Comisión y de países como Alemania es que, abierta la espita de la excepción, muchos otros países con problemas requieran un trato similar. Sin embargo, hasta el ministro de Finanzas germano, Wolfgang Schäuble, casi siempre muy duro, ha llegado a usar un tono conciliador con Italia en estos días: «Hay que respetar las reglas del rescate, pero hay opciones suficientes para afrontar todo tipo de situaciones».

Entre todos lo recovecos a los que ha tenido que recurrir el Gobierno de Renzi para tratar de lograr que la Comisión Europea acepte esa posibilidad de inyectar ayudas públicas directas a los bancos, la opción más fructífera es la que aparece en la directiva de resolución bancaria y que ofrece la posibilidad de usar dinero público en caso de que los problemas financieros no vengan del comportamiento del banco y los mercados, sino que la deficiencia de capital haya sido detectada en un test de estrés.

Fecha clave

Y precisamente este 29 de julio está previsto que se hagan públicos los resultados de los que está llevando a cabo el BCE en su nueva condición de supervisor bancario, lo que de golpe podría dar argumentos a la Comisión para aceptar que el Gobierno italiano inyecte dinero público para reflotar a sus bancos, carcomidos por los créditos dudosos.

La rentabilidad de los activos propios de los bancos fue del 5,8% en 2015 mientras que el coste se elevó al 9%

Pero aún es posible que el primer ministro Matteo Renzi reciba antes otra buena noticia, con la sentencia del Tribunal de Luxemburgo que se espera para la semana que viene (el martes 19) sobre el caso de la banca eslovena. En ese país la Comisión impuso al Gobierno sin contemplaciones el criterio de hacer asumir las pérdidas a los accionistas, siguiendo la línea que luego sería recogida en la directiva actualmente en vigor. Según las conclusiones del abogado general, que probablemente serán recogidas por la decisión de los jueces, la idea de proteger al dinero de los contribuyentes en el caso de un rescate bancario como dice la Comisión no sería siempre un criterio absoluto, sino que puede estar sujeto a interpretaciones si el Gobierno en cuestión encuentra una fórmula que sea menos costosa aunque incluya otros elementos.

Solución inevitable

Los números del rescate bailan, Standard & Poor’s cifra en unos 40.000 millones la inyección necesaria, pero hay consenso en que se acabará formalizando. «Los bancos al final somos todos y si no los rescatamos vamos a tener un problema grave. No podemos seguir maltratando a los bancos con medidas como las daciones en pago o la nulidad de las claúsulas suelo porque, en el fondo, los necesitamos, y no podemos seguir apaleándolos», argumenta Manuel Romera.

Y parece evidente que los mercados empujan hacia esa solución. Aunque paulatinamente se está reduciendo la brecha abierta con el Brexit a partir del 23 de junio, casi un mes después, la banca europea debe recuperar 12 puntos porcentuales en los parqués, mientras los bancos italianos tienen un camino más largo, pues aún le faltan 16 puntos.

Miguel Ángel Bernal, coordinador del departamento de investigación del IEB, también ve «necesario» un rescate, pero siempre que proteja a los pequeños inversores. «Se debe buscar una salida que ponga de manifiesto las especiales características de los poseedores no profesionales (minoritarios o ahorradores). El rescate se debe hacer pensanto también en los ciudadanos», defiende.

Muchos años y millones de euros después, la banca europea sigue bajo sospecha. Bernal señala otros sistemas financieros que pueden sumar más inestabilidad en la Eurozona. «Temo por el portugués y mucho, pues el país necesita un segundo rescate a nivel país. También por el alemán, donde grandes entidades como Deutsche Bank deben acometer una profunda remodelación y, me atrevería a decir que a redefinir su modelo. Eso sí, creo que es un banco solvente y los grandes problemas estarán en el país teutón en las llamadas cajas alemanas. Tampoco es descartable algún otro episodio en algún otro país», sentencia. Quizás Italia solo sea el penúltimo episodio de una pesadilla recurrente.