Economía

Europa espera que el Transpacífico acelere sus negociaciones con EE.UU.

Si no hay interferencias electorales, la Comisión cree que el cierre del TPP servirá para engrasar el nacimiento del TTIP

El español Ignacio García Bercero (derecha) y estadounidense Dan Mullaney son los jefes negociadores del TTIP
El español Ignacio García Bercero (derecha) y estadounidense Dan Mullaney son los jefes negociadores del TTIP - efe
enrique serbeto - Corresponsal En Bruselas - Actualizado: Guardado en: Economía

La Comisión Europea no ha visto como una amenaza el tratado de asociación entre Estados Unidos y varios países de la cuenca del Pacífico. La permanente tentación de Washington de mirar más hacia Asia que hacia la vieja Europa es algo conocido en Bruselas, pero los expertos están convencidos de que la conclusión del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) tendrá efectos benéficos en las negociaciones del gran Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones TTIP cuyas dimensiones son, en todo caso, mucho mayores. El único temor es que esas negociaciones entre Europa y Estados Unidos acaben contaminadas por la campaña electoral norteamericana que va a durar todo el año que viene, como ya ha empezado a pasar con el Transpacífico.

Desde el primer momento, la Comisión Europea acogió «con satisfacción» el anuncio de la conclusión de las negociaciones del pacto Transpacífico. «Son buenas noticias para el comercio mundial en su conjunto y también es una buena noticia para las negociaciones comerciales entre la UE y los Estados Unidos, porque vamos a ser capaces de contemplarlas con un mayor enfoque de ambos lados» dijo un portavoz del ejecutivo comunitario.

La propia comisaria Cecilia Malmstrom entiende que lejos de ser un motivo de inquietud, que Estados Unidos haya sido capaz de cerrar esas negociaciones puede ser bueno para mejorar el ambiente en las que se llevan a cabo con Europa. «El éxito [en unas negociaciones] llama al éxito [en las otras]» fue la expresión de la responsable de la cartera de Comercio. Oficialmente, la Comisión espera que la conclusión del TPP «estimulará el avance en la liberalización del comercio mundial, tanto dentro del sistema de la OMC, así como a través de acuerdos bilaterales de libre comercio, así como ofertas negociadas por grupos de países» e incluso esperan que el cierre del expediente del Transpacífico les permita dedicar mayores efectivos humanos en el departamento de Comercio para trabajar en las negociaciones con Europa.

Entre Estados Unidos y Europa los trabajos están todavía en una fase muy preliminar. Después de más de dos años, el negociador europeo, el español Ignacio García Bercero, y su interlocutor norteamericano, Dan Mullaney, han acordado esta semana que en febrero presentarán ambos su oferta negociadora sobre contratación pública, que es uno de los factores clave de la discusión y que es un asunto que apenas ha tenido relevancia en el caso de los países de la cuenca del Pacífico. Entre Estados Unidos y la UE suman el 75% del comercio mundial y el tercero de los grandes actores de la economía mundial -China- no ha entrado todavía en este juego de alianzas, aunque mantiene sus propios intereses globales.

Por ello hay que recordar que, como explica el eurodiputado popular español Francisco Millán, «el alcance del TTIP supera su importante contenido en materia comercial y de inversiones y tiene un indudable significado geopolítico porque reforzará la relación entre la Unión Europea y los Estados Unidos. Y frente a esa deriva de Washington hacia el Pacífico, el TTIP serviría para anclar la relación entre los europeos y los estadounidenses en un contexto global y regional marcado por graves desafíos en el que la Unión Europea necesita reforzar sus lazos con Estados Unidos, que es su aliado natural».

En realidad, Europa tampoco ha descuidado sus intereses en la cuenca del Pacífico. Está negociando la renovación de los tratados de libre comercio que ya tiene con Mexico y Chile, acaba de firmarlo con Perú, negocia con Japón, acaba de cerrar las negociaciones con Vietnam y ya está en vigor el tratado con Singapur. Desde que la Comisión recibió las competencias para firmar acuerdos comerciales en nombre de toda la UE en el Tratado de Lisboa, la maquinaria comunitaria se ha movido también en dirección a Asia y al Pacífico.

Además, las características del Tratado de Asociación Transpacífica no son comparables con las del TTIP. Inmaculada Rodriguez-Piñero, eurodiputada socialista, miembro de la Comisión de Comercio Internacional, cree que las dimensiones de uno y otro no se pueden poner en el mismo nivel. «Son enfoques diferentes. Aparte de que ya sabíamos que estaban negociándolo, se trata de un acuerdo con 10 países distintos con intereses no siempre paralelos. El Transpacífico es además un acuerdo muy centrado en rebajas arancelarias, que en el caso de Europa y Estados Unidos ya son muy bajas».

En efecto, el arancel medio entre Estados Unidos y la UE está en el 4% y el tratado de libre comercio solo afectaría a algunos sectores donde sigue siendo alto, como el calzado o la cerámica. Según Rodríguez Piñero, el aspecto central de las negociaciones transatlánticas está en el campo regulatorio, que, por cierto, creará normas acabarán por imponerse a los países del Pacífico. Y a Washington y Bruselas les interesa ahora sobre todo el campo de las inversiones y, como consecuencia, el espinoso campo del arbitraje.

Valoraciones al margen, la realidad es que los cálculos señalan que un acuerdo comercial UE-USA podría crear 13 millones de empleo extra a ambos lados del Atlántico fruto de la apertura en cierta forma de ambos mercados a las inversiones mutuas, incluido el siempre delicado de los servicios financieros.

Las economías de Estados Unidos y la Unión Europea representan el 45% del Producto Interior Bruto (PIB) del mundo, lo que da la medida de la importancia que tendría un acuerdo no sólo de libre comercio, sino de liberalización de inversiones, supondría para el conjunto de la economía mundial.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios