Una de cada dos peticiones de información en cuanto a la apertura de cuentas bancarias en el extranjero tiene relación con Suiza
Una de cada dos peticiones de información en cuanto a la apertura de cuentas bancarias en el extranjero tiene relación con Suiza - flickr/g.montiel

Abrir una cuenta en Suiza: una opción legal pero no apta para todos los bolsillos

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Falta de confianza en los bancos españoles, búsqueda de mayores rentabilidades, diversificación financiera o incluso tratar de reducir la carga fiscal. Muchos son los motivos que pueden llevar a un ahorrador a plantearse la apertura de una cuenta bancaria en una entidad extranjera, algo perfectamente lícito siempre que se cumpla con la legislación española.

Este tipo de productos, denominados «offshore bank accounts», han cobrado especial importancia en nuestro país durante los últimos años, cuando los temores derivados de la crisis financiera hicieron que muchos ahorradores se plantearan mantener su dinero a buen recaudo en un país con un sector bancario más sólido.

«La finalidad de estas cuentas es triple: ahorro de impuestos (para las empresas que decidan implementarse en el país), protección de bienes y búsqueda de privacidad», explica Gilbert Louiz, director ejecutivo de en Ginebra de la asesoría financiera Foster Swiss.

Según los expertos, una de cada dos peticiones de información en cuanto a la apertura de cuentas bancarias en el extranjero tiene relación con Suiza, algo que atribuyen a que su situación geográfica en el centro de Europa ofrece una posición inmejorable como epicentro de actividades empresariales internacionales. Otras ventajas que los ahorradores encuentran en el país helvético son productos de inversión manejados por gestores financieros «estrella». Además, operar en el país alpino aún guarda otro atractivo diferenciador: permite diversificar los ahorros al mantener parte de ellos en francos suizos, una moneda muy solvente que, además de dar estabilidad al ahorro, permite ganar un dinero extra gracias a la fluctuación cambiaria.

«Si los tipos de interés son superiores podemos considerar su fin como inversión al que hay que añadir el tipo de cambio. Por ejemplo, si apostamos a que el euro siga bajando, como está ocurriendo ahora, y tenemos una cuenta en el Reino Unido en libras, estaremos ganando dinero al revalorizarse esta última moneda, pero ojo, puede pasar lo contrario», explica Antonio Gallardo, analista de iAhorro.

El secreto bancario

Sin embargo, para muchos, el verdadero tesoro que guardan las montañas alpinas es un poco menos tangible pero mucho más valioso: el secreto bancario. La filtración, a mediados de febrero, de los nombres de destacadas personalidades con cuentas en el país, ha hecho que estén en el disparadero precisamente por lo que algunos pudieron ocultar amparándose en dicho atributo.

De acuerdo con los documentos recopilados por el informático monegasco Hervé Falciani, la rama suiza del HSBC, Swiss Private Bank, creó sistemas para permitir a algunos clientes evadir impuestos, se confabuló con éstos para esconder cuentas 'negras' no declaradas a las autoridades fiscales nacionales y abrió cuentas a criminales internacionales, empresarios corruptos y otros individuos de riesgo.

Pese a que en los últimos años se han establecido nuevos acuerdos y procedimientos para obtener información de los titulares de cuentas suizas —de hecho, en 2009 el país firmó doce acuerdos de cooperación en materia de información tributaria que le libraron de la etiqueta de

«paraíso fiscal»

—, obtener información de los clientes de las entidades bancarias helvéticas sigue siendo una tarea complicada.

Para que el secreto bancario se pueda levantar sobre un investigado es necesario probar previamente la existencia de un delito y no al revés. Es decir, un convenio de intercambio de información puede servir para obtener la prueba definitiva de un fraude fiscal del que ya se poseen indicios sustanciales, pero en ningún caso para obtener pistas sobre posibles maniobras de evasión de las que no se tenga conocimiento previo. Si un juez desea solicitar información fiscal debe enviar a las autoridades suizas una comisión rogatoria que mencione, entre otros aspectos, detalles muy concretos como la fecha y el lugar de la comisión de los supuestos delitos, las personas implicadas y su función, el modo operativo, el origen del dinero, la relación con el país… No cumplimentarlas adecuadamente puede ser motivo para que ésta sea rechazada, como sucedió en octubre del año pasado cuando las autoridades suizas rechazaron el requerimiento de un juzgado de Barcelona sobre la familia Pujol. De acuerdo con el juzgado suizo, la petición de información fue rechazada porque no se mencionó «principalmente la fecha y el lugar» de la comisión de los supuestos delitos, las personas implicadas y su función, así como el modo operativo»

Otro motivo que puede hacer que se rechace una comisión rogatoria es que el delito por el que se persigue al titular de la cuenta no exista en el país al que ésta se dirige o que éste no sea castigado si se comete fuera de sus fronteras. «No todos los países reconocen la evasión fiscal fuera de su territorio como delito, como Suiza o Panamá, explican desde Foster Swiss. «Sí que se conoce como delito, blanqueo de capitales, ocultación de dinero, corrupción…cosa que no alimentamos, ni debe hacerlo ninguna empresa».

Pese a ello, los expertos recuerdan que tener una cuenta en Suiza no es ni mucho menos una práctica ilegal como tampoco tiene por qué ser ilegítima la procedencia del dinero que guarda. De hecho, los bancos helvéticos tienen prohibido por ley aceptar dinero que pueda tener un origen ilícito. Además, mantener una cuenta en Suiza no implica no pagar impuestos por sus rendimientos.

«Hay una condición indispensable y que no admite ningún tipo de excepción para la apertura de este tipo de cuentas: se debe notificar su existencia al departamento de Hacienda del Gobierno de España», asegura Louiz. La apertura de una cuenta o su cancelación deben declararse al Banco de España a través de la Encuesta sobre Transacciones Exteriores (ETE). Además, las variaciones que se produzcan en el saldo de la cuenta, así como los pagos, cobros y transferencias que originen dichas variaciones, deben comunicarse en un plazo que no superará el año.

Su tributación es idéntica a la que la que soportan sus homólogas españolas: se paga

entre un 20 y un 24%

por los intereses generados, y únicamente a la Hacienda española, en virtud del convenio para evitar la doble imposición firmado por ambos estados. Con una excepción que permite asegurar el secreto bancario al dar la opción al titular de la cuenta puede de tributar directamente a través del banco para mantener así su privacidad. En este caso, el porcentaje se eleva al 35%, de los cuales un 25% se quedará la Hacienda suiza y el resto su homóloga española.

En cualquier caso, el secreto bancario tiene los días contados. El 1 de enero de 2018 entrará en vigor el acuerdo multilateral firmado entre Suiza y la OCDE que permitirá el intercambio inmediato de información fiscal, poniendo así fin, al menos en teoría, a un atributo que se remonta a 1934.

Un proceso exhaustivo

La apertura de una cuenta en el extranjero no es un proceso de extrema dificultad, aunque el incremento de las auditorías en los últimos años hace que sea aconsejable contar con un agente residente en el país, si bien no es imprescindible: puede hacerse perfectamente por correo y se suele tardar en torno a diez días. El interesado debe saber que necesitará al menos una copia certificada del pasaporte y algún documento que acredite el lugar de residencia del titular de la cuenta. «Suele bastar un extracto de una tarjeta de crédito u otro banco, un recibo de electricidad, agua o similar», explican desde Foster Swiss. También algunos bancos, aunque no todos, solicitan también una carta de referencia de otro banco o una autorización que les permita consultar a dicha entidad sobre la solvencia del cliente.

Ahora bien, se exigen unos ahorros mínimos de entre 50.000 y 100.000 euros y, en muchas entidades, incluso de 500.000. Además, los gastos de mantenimiento pueden ascender a más varios cientos de euros anuales, lo que convierte al país alpino en un destino financiero no apto para todos los bolsillos.