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El drama demográfico español

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En los Cursos de La Granda, que desde 1979 se celebran en Asturias, en forma de aportaciones y debates entre expertos de diversas cuestiones, una de éstas, este año, fue la desarrollada bajo el título «Cambio demográfico: una preocupación creciente». En ellos, Rafael Puyol, que asistió a esos cursos, señalaba en unas declaraciones a Olaya González, publicadas en «La Nueva España» el pasado 12 de agosto: «Suelo decir que los demógrafos somos una especie de teloneros; salimos y advertimos que de seguir con esta demografía el mundo va hacia una situación preocupante y muy difícil de sostener» y añadía: «Algunos países como Francia, Bélgica e Inglaterra… pueden afrontar los problemas de desequilibrio entre población y dependiente mejor que nosotros… España, Italia o Grecia no tienen una situación demográfica adecuada para afrontar estos asuntos con la seguridad de que serán capaces de resolverlo».

Alejandro Macarrón, autor del libro de aviso, «El suicidio demográfico de España» (Homo Legens, 2011) declaraba en el mismo ejemplar de «La Nueva España» que «cada nueva generación de españoles es un 40% más reducida que la anterior» y estos datos «muestran que en España hay sólo dos ciudadanos activos por cada jubilado, cuando la media europea se eleva a tres». Y eso lo completaba la catedrática de Econometría y Estadística de la Universidad de Barcelona, Mercedes Ayuso al mostrar los problemas financieros «que supone el riesgo de la longevidad en temas como las pensiones -al mantener el sistema de reparto- o la dependencia en una población tan envejecida, y que no da síntomas de mejorar».

Para el año 2052, como señalan los estadísticos Gregorio Izquierdo Llanes y Antonio Argüeso Jiménez, en el artículo «¿Qué dicen las proyecciones demográficas sobre el futuro de la población?», en «Economistas», junio 2014, es palpable lo difícil de una solución al escribir: «¿Cómo puede proyectarse un ligero aumento en la fecundidad, es decir, el número de hijos por mujer y que descienda la proyección del número de nacimientos? Porque durante los próximos años cada vez habrá menos mujeres en edad de tener hijos. Y esa causa está ya en la pirámide de la población actual. El origen de la disminución de nacimientos al que asistimos ya y que vamos a ver durante los próximos años no es sólo un problema de hoy, ¡sino de hace más de treinta años! El brusco descenso de la natalidad iniciado en 1978 tiene sus efectos ahora».

En la misma revista aparece un valioso artículo del notable demógrafo Joaquín Leguina, titulado «Envejecimiento y Estado de bienestar», del que extraigo estos párrafos: «La proporción desfavorable entre generaciones activas y jubiladas en la mayoría de economías desarrolladas complica las perspectivas de equilibrio financiero de los sistemas públicos de pensiones y España, desde luego, se encuentra expuesta a ese riesgo».

Las cosas se han puesto por eso en la sintonía que señalaba la ministra Fátima Báñez al presentar una aportación del Colegio de Economistas de Madrid: es necesario «trabajar con toda la sociedad española para darle la vuelta a la realidad de este país».