Francisco González (BBVA): «No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita»
El presidente del BBVA, Francisco González - anton goiri (XL semanal)

Francisco González (BBVA): «No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita»

Es la primera vez que el presidente de la segunda entidad financiera de este país concede una entrevista tan personal a un medio no especializado

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El paradigma de la puntualidad y, pese a su fama de hombre frío y distante, en nuestro encuentro se muestra cordial, afable y con sentido del humor. Su agenda está cronometrada al minuto, viene de una comida de trabajo y nos dedica el tiempo justo antes de asistir a una entrega de premios que el BBVA concede a la investigación.

XLSemanal. Malos tiempos para ser banquero. Están ustedes en boca de todo el mundo... y no precisamente para recibir aplausos.

Francisco González. Es evidente que la banca, en general, no ha respondido a lo que se esperaba de ella; sobre todo la gran banca internacional y, en España, las cajas de ahorros. Dicho esto, hay bancos y bancos, banqueros y banqueros.

XL. Parece satisfecho.

F.G. El BBVA ha pasado esta crisis muy bien, sin ninguna ayuda pública, pagando dividendos, ampliando la plantilla a nivel global y saliendo de la crisis con una reputación más alta que la que teníamos cuando entramos. En ese aspecto me siento cómodo, aunque eso no significa que me haya gustado lo que he visto. Han sido momentos difíciles para todos y, por lo tanto, no es un recuerdo agradable.

XL. ¿Qué imagen cree que tiene Francisco González?

F.G. Francamente, no lo sé. Hace poco comí con unos amigos y uno de ellos me dijo que tenía fama de no casarme con nadie. Me lo dijo con voz un poco fuerte y, luego, añadió: «Pero estoy encantado de que digan eso de ti». Bueno, a lo mejor eso es lo que la gente piensa de mí.

XL. Sin embargo, hay quienes aseguran que es usted un hombre frío, distante, no le digo que hosco para no resultar maleducada...

F.G. Hombre, yo no soy un hombre simpático, no. Me gusta hablar con mis amigos de cosas que nada tengan que ver con el negocio, y por eso me gusta el golf...

XL. ¿Se reconoce antipático?

F.G. No; antipático tampoco. Creo que soy una persona normal. Desde el comienzo, como presidente del banco, me di cuenta de que o mantienes las distancias o puedes llevar a tu entidad a una serie de compromisos que no tienen nada que ver con los intereses de los accionistas, de los clientes, de los empleados y de la sociedad en general.

XL. La banca privada en España siempre ha estado en manos de grandes familias: Botín, Ybarra, March... Pero usted accede, primero, a la banca pública por el dedo político de Rodrigo Rato, quien lo nombra presidente de Argentaria; y, después, a la privada a través de la fusión con el BBV. ¿Pasó a ser un intruso, un outsider, en ese selecto grupo?

F.G. No, a mí me aceptaron estupendamente bien. Los conocía a casi todos antes, aunque en otra posición. Acababa de vender mi empresa, FG Inversiones Bursátiles, y me sentí muy cómodo.

XL. Aquello sucedió en los primeros meses de 1996, tenía entonces 51 años... ¿Se puede decir que ahí empezó una nueva etapa en su vida?

F.G. Después de vender mi empresa, sabía que iba a hacer cosas, pero no cuáles. Una sí: jugar más al golf, que es mi pasión. Hasta entonces, nunca había podido hacerlo un día laborable. Así que conseguí jugar lunes, martes, miércoles y jueves, y el viernes empecé a darme cuenta de que eso me creaba una cierta insatisfacción. Fue, a finales de abril, cuando me llamó el Gobierno para dirigir Argentaria. Si me lo hubieran ofrecido dos semanas antes, hubiera dicho que no. No entraba en mis planes dirigir un banco después de haber trabajado durante 31 años y haber alcanzado una posición económica, para mí, buenísima; porque no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita.

XL. ¡Que esto lo diga el presidente de la segunda entidad financiera de España...!

F.G. [Sonríe]. A mí me sobraba con lo que tenía, francamente. La vida te va dando oportunidades o no, o te va cerrando puertas y yo acepté esto pensando que era un trabajo para un par de años máximo y que luego volvería a mis proyectos originales sin meterme en demasiados líos.

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