En la UE hay unos 6.500 lobbies inscritos de los que más de 300 son españoles
En la UE hay unos 6.500 lobbies inscritos de los que más de 300 son españoles - abc

Primeros pasos para la regulación de los «lobbies» en España

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El tercer jueves de cada mes un grupo de «lobbistas» profesionales se reúne en un céntrico restaurante de Madrid para hacer contactos, conocerse y hablar sobre cómo debe ser el sector y su regulación. Quieren salir de la opacidad. Defienden un registro obligatorio, un control más estricto sobre los grupos de interés y no les parece mal que se hagan públicas las reuniones que mantienen con representantes políticos. La industria del «lobby» española reclama, en definitiva, luz y taquígrafos. Y estos principios de transparencia los aplican en sus charlas mensuales: cualquier interesado puede asistir ya que las hacen públicas en la página web del organismo que agrupa al sector, la Asociación Profesional de Relaciones Institucionales (APRI).

«Cuanta mayor sea la trasparencia y la regulación sobre el "lobby", más avanzada es la democracia de un país», resume Carmen Mateo, lobbista y presidenta de Cariotipo MH5. El lobby, término anglosajón que significa pasillo, designa las actividades que tienen como objeto influir en la política y los procesos de toma de decisiones. Tanto la Unión Europea como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) recomiendan regularlo. Y en estos momentos está en juego su legislación en España, hasta ahora inexistente. El Pleno del Congreso, mediante un pacto entre el PP y CiU, aprobó el pasado mes de marzo que el funcionamiento de los lobbies se regulará dentro de la reforma del Reglamento de la Cámara Baja, en el capítulo «Regeneración democrática».

«Al entrar dentro del Reglamento del Congreso se descarta por el momento que se haga un registro de aquellos lobbies que tratan con otros organismos políticos como el Ejecutivo o los parlamentos autonómicos que era lo que proponíamos desde CiU, pero es un avance», analiza Jordi Jané, diputado de Convergencia i Unió.

El modelo es la UE, donde existe un registro voluntario en el que hay ya más de 6.000 lobbies inscritos. A pesar de que algunos países de nuestro entorno ya lo han regulado, solo unos catorce estados en todo el mundo cuentan con una legislación al uso. El pionero fue Estados Unidos. Con más de 12.000 lobbistas registrados, Washington es la capital de los grupos de interés y por ello su control es uno de los más estrictos. Los lobbies cuentan con un registro obligatorio, deben presentar cuentas trimestralmente y publicar sus reuniones con representantes políticos así como su lista de clientes o lo que cobran de cada uno.

Precisamente, son los lobbies profesionalizados en España los que más están luchando por una reglamentación del sector. APRI cuenta con 55 asociados pero la industria española del lobby es mucho mayor, aunque no se defina como tal. Grandes empresas, despachos de abogados, oenegés... muchos de ellos cuentan con departamentos dirigidos a influir, y cada vez hay más lobbistas en nuestro país. Parte de este incremento se explica por la presión de multinacionales acostumbradas a contar con grupos de interés. La parte más profesionalizada de la industria de la influencia española mueve unos 30 millones de euros, según estimaciones del sector. «De los 6.500 lobbies inscritos en el Registro de Transparencia de la UE, más de 300 son españoles», afirma Carolina Carbonell, directora general del Instituto Internacional de Diplomacia Corporativa (IIDC) y del «Corporate Diplomacy & Public Affairs Executive Program» de la Schiller International University.

La regulación va a la zaga. De acuerdo a un estudio de Burson-Marsteller y Cariotipo MH5, en España el 46% de los políticos encuestados denuncia que la falta de transparencia es el aspecto más negativo de la actividad de lobby. Asimismo, el 93% opina que el lobby no está suficientemente regulado y el 34% veía útil hacer un registro obligatorio.

«Nosotros propusimos que la inscripción fuera obligatoria con una enmienda a la Ley de Transparencia y ningún grupo parlamentario se opuso», recuerda Jané. María Rosa Rotondo, presidenta de APRI, compareció el año pasado para defender la inclusión de la regulación del lobby en la Ley de Transparencia. «Hicimos una propuesta de registro universal que se aplicara a todo el mundo, sin excepción. Que haya un código de conducta obligado como el europeo y que se aplique un régimen sancionador en caso de incumplimiento. En cuanto a publicación de agendas o rendición de cuentas de los grupos de interés, todo lo que sea más transparencia lo vemos positivo», valora Rotondo.

El «impass» de las elecciones europeas ha interrumpido la negociación parlamentaria en el Congreso. Carmen Mateo alberga pocas expectativas sobre que se regule la publicación de las reuniones entre miembros de las Cortes o el Gobierno y lobbistas. Otro de los puntos pendientes es la «huella legislativa», es decir, publicar qué parte de las leyes contienen párrafos de propuestas de lobbies. «La Plataforma de Afectados por la Hipoteca también es un ejemplo de grupo de presión», reseña Mateo.

«El lobby siempre ha existido en España pero ahora cada vez se está profesionalizando más y es necesario aportar transparencia y regulación», reclama Javier Valiente, socio director de Political Intelligence. Como señalan los lobbistas consultados, lo que se trata es de regular prácticas y actividades que ya existen. En las leyes hay partes incluidas a propuesta de empresas y organizaciones sociales. Las reuniones entre grupos de presión y políticos ya se producen. La diferencia con el pasado será la existencia (o no) de una supervisión que controle y arroje luz sobre ello.

La UE estrecha el cerco sobre los grupos de interés