Una familia puede ahorrar varios miles de euros al año si reduce gastos cotidianos como telefonía, luz y carburante - abc
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Cómo ahorrar a pesar de la crisis

Una buena planificación y afinar en los pequeños gastos, clave para lograr mantener en el bolsillo una parte del sueldo a fin de mes

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Ahorrar. Nos lo proponemos cada 31 de diciembre, cada vuelta de vacaciones e, incluso, cada fin de mes, con poco o ningún resultado. Las estadísticas prueban que es una de las grandes asignaturas pendientes de los españoles y certifican que la crisis no ha hecho sino dificultarlo aún más.

Las cifras son, cuanto menos, preocupantes. Según el Instituto Nacional de Estadística, la tasa de ahorro de las familias apenas alcanza el 9,2% de su renta disponible, la más baja desde 2007. Afinando más, el informe «Actitud Financiera», elaborado por la consultora Nielsen, muestra que el 57% de los españoles dedica menos de un 20% de sus ingresos al ahorro y la inversión, e incluso un 16% destina menos de un 5%.

Más alarmante aún, si cabe, que el bajo porcentaje de ahorro, son los motivos por los que las familias deciden ahorrar. Un vistazo detenido a las cifras de Nielsen arroja que el 85% de los encuestados lo hace para hacer frente a posibles gastos imprevistos del hogar, mientras que el 73% pretenden guardar el dinero para hacer frente a un posible despido o reducción salarial. En román paladino: los españoles no ahorran siguiendo un plan para lograr unos objetivos concretos a medio o largo plazo, sino que lo hacen para poder cubrir las necesidades del día a día y por el miedo a un futuro plagado de dificultades económicas. Y eso, a juicio de los expertos, no es recomendable ni saludable.

«En España tenemos poca cultura del ahorro, puesto que estamos acostumbrados a consumir primero, pagar después y luego, si podemos, ya ahorramos» explica Francisco Marín, presidente del comité de servicios a asociados de la Asociación Europea de Planificación Financiera, que lo atribuye al hecho inapelable de que ahorrar supone renunciar a consumir de inmediato.

Sin embargo, la crisis económica, que tantos efectos negativos ha supuesto, está teniendo como contrapunto positivo un cambio en la tradicional mentalidad de los españoles con respecto al ahorro. «Ahora que han venido los malos tiempos la situación está empezando a cambiar», apostilla Marín, que argumenta que aquellos que pueden sí están aumentando su tasa de ahorro. De nuevo según los datos de Nielsen, el 19% de los españoles ahorra o invierte la mitad de sus ingresos, lo que supone el tercer porcentaje más alto de Europa, tan solo superado por Polonia y Grecia, una tasa que los responsables del estudio también atribuyen al aumento de las diferencias de nivel adquisitivo entre las rentas más altas y más bajas.

«Uno de los problemas que tenemos en la recuperación del consumo en España es que estamos reduciendo el consumo generando ahorro porque las expectativas son que la crisis acabe, como mínimo, en 2016» señala Marín. «La gente se ha dado cuenta de que el futuro nos traerá una gran incertidumbre, por lo que aquellos que pueden ahorrar lo hacen un poco más, y los que no, al menos ya no se endeudan pensando en que tendrán más ingresos en el futuro».

Ahorrar es renunciar

Ahorrar, no obstante, no es solo económicamente duro, sino también psicológicamente, ya que implica renunciar a un amplio abanico de bienes y servicios que están a nuestra inmediata disposición, fáciles de adquirir con solo tender la mano y un fajo más o menos grueso de billetes. Para afrontarlo, Marín recomienda plantearnos objetivos concretos a los que destinar nuestro ahorro y, sobre todo, empezar cuanto antes.

«Hay que ahorrar desde que empezamos a trabajar»«Uno tiene que comenzar a ahorrar desde el mismo momento en que comienza su vida laboral. Con veinticinco años ya tenemos que visualizar lo que querremos en el futuro: un coche, una casa, unas vacaciones. Y para lograrlo, la planificación es clave».

Una vez hemos entrado en materia, Marín aconseja tener clara la diferencia entre el ahorro a corto y a largo plazo y separar las cantidades que deseamos destinar a uno y a otro, ya que, como explica, «de nada sirve destinar luego a las vacaciones lo que tenemos ahorrado para comprar un piso».

La importancia de los pequeños gastos

Puede que una vez llegado a este punto usted esté cautivado por la teoría pero totalmente desalentado por la práctica. A saber: le gustaría poder guardar en la hucha una parte del salario a fin de mes, pero tras descontar hipoteca, letra del automóvil y facturas varias lo que acaba haciendo es romper el cerdito para cubrir el hueco dejado por tanto gasto.

Podemos ahorrar hasta 6.000 euros afinando en los pequeños gastosCasi cualquier gasto mensual, pequeño o grande, se puede reducir, y afinar en desembolsos como la factura de la luz, la calefacción, el carburante o la compra diaria puede suponer hasta seis mil euros más en nuestro bolsillo a fin de año, según un cálculo de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), que permite estimar en su página web la cantidad que cada familia puede llegar a ahorrar anualmente.

La OCU aprovecha la tecnología para estimar, a través de varios comparadores, cuál es la compañía que ofrece de forma más barata un determinado bien o servicio. Así, solamente con cambiar de supermercado podremos ahorrar más de 800 euros al año (La asociación ofrece en su página web el listado de los más caros y los más baratos). Dicha cantidad podrá sumarse a lo que logremos si nos apuntamos a iniciativas como los «switching colectivos» (agrupaciones de consumidores lo suficientemente grandes como para lograr ofertas ventajosas de las compañías de suministro de luz y gas, con las que pueden conseguirse descuentos de hasta el 8%), hacemos uso de comparadores como Rastreator, Acierto.com o MovilExplora.es para encontrar la tarifa de telefonía e internet más barata o los seguros de automóvil más ventajosos, o consultamos el mapa interactivo del Ministerio de Industria para descubrir cuál es la gasolinera más barata de nuestro entorno.

Y ahora, a invertir

Si gracias a todo lo anterior por fin hemos logrado ahorrar algo de dinero, llega el momento de pensar en sacarle una rentabilidad hasta el momento en el que podamos o queramos adquirir nuestro piso más grande o nuestro coche más moderno.

«Una parte de nuestro ahorro siempre debe estar disponible para imprevistos», explica Marín, que aconseja a este respecto los depósitos, los cuales tienen como principal inconveniente su baja rentabilidad, más aún después de que el Banco de España decidiera limitarla para poner fin a la guerra del pasivo que mantenían las entidades financieras. No obstante, Marín recalca que no debemos invertir todo nuestro dinero en ellos ya que, «si tenemos en cuenta la inflación, prácticamente no ofrecen rentabilidad alguna».

Para el resto del dinero, Marín recomiendalos fondos de inversión. «Para un pequeño ahorrador sería recomendable un fondo con bajos niveles de riesgo, siempre acorde a su cultura financiera». No obstante, desaconseja de plano los fondos garantizados y recuerda que, pese a ese nombre, no tienen por qué garantizar la rentabilidad de la inversión. Y, por supuesto, apostilla que no hemos de invertir en nada que no conozcamos.