Se apaga el autoconsumo
Vista de una planta de paneles fotovoltaicas - EFE

Se apaga el autoconsumo

La reforma energética del Gobierno desincentiva el autoconsumo de energía, según las empresas del sector renovable

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La gran esperanza de los paneles solares se ha apagado de golpe. Después de más de un año esperando la normativa que regulase el autoconsumo, las energías renovables recibieron como un jarro de agua fría la reforma energética que aprobó el Gobierno el pasado mes de julio. El autoconsumo, que consiste en producir uno mismo la energía que consume, ya sea a través de una placa fotovoltaica o una estación minieólica, tendrá que pagar un «peaje de respaldo».

La norma le permite al Gobierno modular la cuantía de este peaje en función de la implantación de este modelo energético. En un periódo de crisis económica y de caída de la demanda eléctrica, el Ejecutivo pretende poder controlar el ritmo de penetración de estas «particulares centrales». Una regulación que, según la Plataforma para el Impulso de la Generación Distribuida y el Autoconsumo Energético, «cierra las puertas al autoconsumo y perjudica a empresas y consumidores». Esta organización opina que el pago del peaje hace «inviable» el autoconsumo.

Una de las grandes peticiones del sector renovable, la modalidad del balance neto, no ha sido contemplada. Esta fórmula permite que el productor de energía vierta a la red la energía que no esté consumiendo, a cambio de recibir la misma cantidad cuando la necesite. La normativa tampoco contempla, todavía, la venta de los excedentes energéticos. Además, el incremento de la parte fija del recibo de la luz, frente al descenso del término de energía, penalizará más esta alternativa.

La reforma energética que aprobó el Gobierno ha tenido la clara prioridad de acabar con el creciente déficit de tarifa (el desequilibrio entre los costes regulados y los ingresos del sistema eléctrico), que ya supera los 25.000 millones de euros. Esta nueva batería de medidas ha supuesto un ajuste de 4.500 millones de euros a repartir entre las eléctricas tradicionales; las renovables, a las que se les ha cambiado el sistema de retribución; y los consumidores, que verán subir el recibo de la luz. Una prioridad que, por ahora, ha aplazado la revolución energética de los consumidores: el autoconsumo.