El reciente comentario por un periodista de «The Daily Telegraph» sobre la presunta insolvencia de la economía española debe analizarse como un incidente de fuego cruzado en el contexto del dilema existencial británico sobre la pertenencia a la Unión Europea. La cuestión europea tiene secuestrado el debate político en el Reino Unido en la era David Cameron, que hará frente este mismo miércoles a una afirmación sin precedentes de «orgullo euroescéptico» en sus propias filas. En este escenario, las mejores o peores noticias provenientes de la Eurozona tienden a ser centrifugadas por una parte de la prensa conservadora británica para alimentar el discurso euroescéptico.
Desde el «asesinato» político de Margaret Thatcher en 1990 por una guardia pretoriana «tory» entonces pro-europea, la relación con Europa es la herida sangrante del Partido Conservador ahora en el poder. «Todavía es una cuestión pendiente de cerrar que dejó un enorme muro de amargura en las filas tories», nos explicaba Charles Moore, biógrafo de Thatcher. «Las personas que la "asesinaron" nunca construyeron una nueva versión del partido, y quienes apoyaban a Thatcher nunca perdonaron a quienes la "asesinaron"», expresaba –en una reciente entrevista con ABC– Moore, uno de los comentaristas conservadores más influyentes de Gran Bretaña.
«España se ha visto atrapada en el fuego cruzado de nuestra guerra civil sobre la UE»
«Los euroescépticos fueron denigrados como nacionalistas ingleses, quejicas o gentuza superados por la Historia, así que ahora buscan su venganza», cree Ambrose Evans-Pritchard, una de las grandes firmas económicas del «Telegraph», conocido por sus tesis distantes con la UE. «En realidad, todo es un ajuste de cuentas pendientes de la guerra civil inglesa sobre Europa, y España se ha visto atrapada en el fuego cruzado, lo que resulta, de forma comprensible, irritante para los españoles», afirma, en relación al comentario de su colega Jeremy Warner, quien llamaba en su blog a los británicos retirar sus depósitos de los bancos españoles.
Los límites de la comunicación oficial
El aparato estatal español ha hecho un genuino esfuerzo para mejorar y modernizar su comunicación en plazas cruciales como la londinense. Y el eco de opiniones tan negativas sobre el rumbo de la economía española generan una comprensible frustración. Hace ahora un año, analizábamos lo que muchos calificaban como una «prima de riesgo mediática», una percepción habitual en meses pasados en ciertos medios que parecían sobrevalorar el lado oscuro de la economía española sobre los aspectos más positivos, destacados con ahínco por el gobierno desde hace un año.
Según explica el embajador de España en Londres, Federico Trillo, en los últimos doce meses han pasado por la capital británica hasta ocho ministros y altos cargos del gobierno para sembrar en auditorios políticos, financieros, académicos y periodisticos la versión oficial sobre la «buena nueva» de una economía solvente, competitiva y muy adentrada en la senda reformista, según el «spin» del gobierno español. «El gobierno tiene derecho a buscar alternativas antes de pedir un rescate», se defendía en septiembre del año pasado Jaime García-Legaz, secretario de Estado de Comercio, en un acto en la embajada española. «España no necesita un rescate», remachaba su jefe, el ministro Luis de Guindos, un mes más tarde en un agitado debate en la London School of Economics.
A menudo, estas acciones han sido recibidas con bofetadas –coincidencias o no– a la imagen de España. Así, en septiembre también, la visita del Rey Juan Carlos al consejo editorial del «New York Times» fue seguida de un impactante reportaje fotográfico en portada del diario neoyorquino sobre el hambre en España. Ahora, el comentario en el blog de Jeremy Warner, ex redactor jefe de Economía del «Telegraph», publicado este sábado, llegaba justo cuando regresaban a Londres los primeras espadas del periodismo económico londinense tras un viaje a Madrid organizado por el gobierno.
Viaje de periodistas británicos a Madrid
Según ha sabido ABC, periodistas de «The Economist», «The Times», «The Guardian», «Financial Times», además de Reuters y el propio Evans-Pritchard del «Daily Telegraph», han mantenido reuniones con el «trío económico» del Ejecutivo –los ministros Montoro y De Guindos y Álvaro Nadal en Moncloa– además de con ejecutivos de FCC, Iberdrola y Telefónica y el Instituto de Empresa. Estaba previsto un encuentro con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría que finalmente no se produjo.
«La impresión es que nos estaban dando solo una parte de la historia»
«Vimos a gente extremadamente cualificada, pero la impresión es que nos estaban dando solo una parte de la historia, el discurso era demasiado monocromático y las opiniones demasiado uniformes sobre la competitividad y las reformas en curso», explica a ABC uno de los periodistas participantes, que prefiere no dar su nombre. «La visita fue interesante pero, a fuerza de querer lanzar un único mensaje fuerte, el resultado final puede ser el contrario al deseado porque la gente se cansa de escucharlo», analiza este especialista económico tras el viaje a Madrid.
En este tipo de programas para periodistas extranjeros -una práctica habitual en casi todos los países- otros gobiernos, como el británico o el irlandés, se cuidan mucho de ofrecer a los periodistas distintas voces y puntos de vista. Suelen incluir encuentros con representantes sindicales, economistas críticos, funcionarios de organismos independientes o empresarios más allá de las grandes compañías multinacionales quienes, a menudo, defienden tesis diferentes o abiertamente críticas con las del gobierno.
Las previsiones del FMI pueden ser erróneas, según Warner
Los esfuerzos oficiales de comunicación y diplomacia pública serán siempre vulnerables a la libertad y pluralidad de voces que debe albergar la prensa independiente, sea ese púlpito periodístico ejercido con mayor o menor responsabilidad. El propio Warner, a quien el FMI desmentía este domingo en su interpretación de los motivos para asegurar que España es insolvente, defiende en un correo electrónico que «decir que no se debe acusar a un gobierno de insolvencia porque puede resultar perturbador es quedarse a un solo paso de decir que deberíamos apoyar al gobierno en todo lo que hace puesto que no hay duda de que actúa en nuestro interés». En relación a su controvertida tesis, explica que «las previsiones del FMI, que apuntan claramente a la inevitabilidad de una reestructuración de la deuda pasando por una recapitalización interna (bail-in) en España, podrían ser erróneas o exageradas, pero, si es así, la verdad se sabrá pronto», cree.
Mientras, la polémica generada en torno a sus comentarios sirve de recordatorio de que, a medidas que se agudizan las tensiones en el debate público sobre Europa en Gran Bretaña y se polariza la opinión en diarios euroescépticos como el Telegraph o el «Daily Mail», es previsible que se produzcan nuevos incidentes de fuego cruzado contra España y otros países de la zona euro. Pero, por encima del ruido euroescéptico y de las críticas interesadas de ciertas voces eurofóbicas, el verdadero reto del gobierno es acelerar el proceso de modernización de su todavía arcaica concepción de la comunicación pública.










