Economía

Zapatero, a golpe de subvención

Día 08/04/2013 - 11.14h

El gasto público en la última etapa socialista aumentó en un 60% y las ayudas públicas en un 44%. En plena crisis los sindicatos recibieron casi 1.200 millones

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2011, último año de Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. España está envuelta en el huracán de una crisis sin precedentes, el déficit público roza el 9% del PIB, aunque llegó a escalar hasta el 11,5% del PIB dos años antes. Las Administraciones Públicas gastan sin freno y destinan a subvenciones nada menos que 11.820 millones de euros, la cifra más alta jamás alcanzada en nuestro país. 2011, último año de Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Cierre de un periodo económico de frenético gasto público, ocho años en los que aumentan en casi un 60% y un 89% las subvenciones a las comunidades autónomas .

2011, último año de Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Fin de dos legislaturas gobernadas a golpe de subvenciones públicas de toda índole y condición. A comunidades autónomas, sectores, sindicatos... en muchas ocasiones disparatadas, difíciles de justificar pero de cuantías de infarto. Una maquinaria en marcha solo un año después de que el PSOE hiciera un recorte del gasto social sin precedentes y a las puertas ya prácticamente de que España entrara en recesión.

La política de ayudas directas funcionó con Zapatero como una excelente estrategia para atraerse a determinados colectivos y en numerosas ocasiones estuvo centrada en comunidades y municipios muy concretos. Observatorios de genero en Camboya o Argelia, festivales internacionales de cultura de hip-hop, promoción de la equidad racial en Brasil, ayudas a la exportación de nuestro modelo cinematográfico a pueblos tan desconocidos como el ignoto...

El 20 de noviembre de 2011 el Gobierno de Mariano Rajoy recibe esta herencia envenenada, una economía con casi cinco millones de parados y un déficit público superior a los 90.000 millones de euros; acabó rozando el 9% del PIB, pese a haberse comprometido el Gobierno socialista con Bruselas a dejarlo en el 6% del PIB ese mismo año.

De formar parte de la «Champions Le ague» de la economía mundial, como decía Zapatero en sus primeros años de mandato, España pasó a formar parte del grupo de países más criticados de la periferia europea, hasta el punto de estar a un paso de requerir la asistencia internacional. La economía española, tras atravesar la recesión más larga de su historia reciente, y lograr un ligero avance en 2010, volvió a entrar en números rojos.

Arcas vacías...

Lejos quedaron los años de bonanza y los elevados crecimientos que podrían ayudar al Ejecutivo a aumentar los ingresos públicos y equilibrar sus cuentas. Y con las arcas vacías, la posibilidad de incentivar el crecimiento económico a través del gasto público, como trató de hacer Zapatero con sus múltiples planes E -con escaso éxito, eso sí- fue nula. Por el contrario, el imprescindible ajuste fiscal y la necesaria contracción de los presupuestos de las administraciones fue el único camino que le quedó al actual Gobierno, pese a suponer esta decisión una losa para la recuperación.

Pero ¿con qué se encontro Rajoy cuando se puso manos a la obra? ¿Hasta dónde llegó Zapatero en el manejo del gasto público? ¿Qué uso hizo de las subvenciones? Entre 2003 y 2011 el gasto público aumentó un 60%, crecimiento insostenible pero muy acorde con las defensas encendidas del socialismo de utilizar el gasto publico para animar la economía. En este periodo el gasto total de las Administraciones Públicas paso de 300.783 millones en 2003 a los 480.111 millones que había en España al finalizar 2011.

Pero si la fiesta del gasto fue llamativa, no lo fue menos el chorro de subvenciones públicas que se concedieron en esos años. Aunque el peso de estas ayudas sobre el gasto público total no fue muy llamativo en el periodo Zapatero (de presentar el 2,7% en 2003 pasó a suponer el 2,46% en 2011) si lo fue el crecimiento que éstas tuvieron entre 2003 y 2011.

En estos años, la cuantía que la Administración destinó a subvenciones pasó de los 8.174 millones de 2003 a cerca de 12.000 millones en 2011, un 44% más.

Pero ¿quién o quiénes fueron los más favorecidos? Sin duda las autonomías. En los años analizados el gasto manejado por las comunidades pasó de 107.000 millones en 2003 a los 188.643 millones en 2011. ¿Y las subvenciones? Las subvenciones públicas recibidas por las regiones experimentaron un crecimiento cercano al 90%, porcentaje que crece hasta el 114% si se analiza el periodo 2003-2009, de 1.976 millones se pasó a 4.230 millones.

Un apoyo público sostenido que permitó que durante años muchas regiones españolas funcionaran como mini-estados, que contaran, por ejemplo, con sus propios institutos de estadística, algunas de ellas con consejos audiovisuales o agencias de protección de datos. No tuvieron reparo alguno muchas de ellas en duplicar organismos del Estado, como el Tribunal de Cuentas, el Tribunal de Defensa de la Competencia, el Defensor del Pueblo o el Consejo de Estado, decisiones que originaron costes elevados para los contribuyentes, innecesarios y fáciles de erradicar... aunque algunas autonomías no se resignan. Excesos que en los últimos años ha sido necesario pagar en forma de duros ajustes y mayor control. Y desde octubre los gobiernos de las comunidades autónomas están obligados a hacer públicos todos los meses información relativa a la ejecución presupuestaria y al grado de cumplimiento de los objetivos de déficit marcados por el Ejecutivo.

... y más gasto

Y de nuevo 2011, último año de Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El Ejecutivo gastó ese año 1.971 millones en cooperación exterior. De esta cifra, casi 750 millones fueron repartidos en subvenciones, bien a entidades sin ánimo de lucro, bien a través de aportaciones directas a países subdesarrollados o agencias oficiales de cooperación dependientes de instituciones internacionales como la ONU.

Pero si hay una fórmula que sobresale sobre las otras son los observatorios de género. Siempre contaron con el apoyo de Zapatero y de los ejecutivos autonómicos. Casos llamativos, pero extraordinariamente costosos son los que en su día salieron en el BOE. Es el caso del Observatorio de Género de Camboya, que costó 150.000 euros solo en 2011. A esta cantidad hay que sumar otros 152.200 euros destinado a un programa de «Promoción del empoderamiento económico y la igualdad de género en 15 aldeas de la zona Ramsar en la provincia de Stung Treng», en Asia.

También desde España los ciudananos contribuimos a poner en pie este formato en el norte de África, donde en plena crisis España invirtió para crear observatorios de igualdad, como el «Observatorio Independiente sobre los Derechos de las Mujeres en Argelia», por 120.000 euros

Otras subvenciones para «cooperación al desarrollo» fueron las concedidas a la asociación sin ánimo de lucro «Socialismo sin Fronteras», receptora de 120.000 euros para la actividad «Sensibilización sobre la situación de los Derechos Humanos en los Territorios Palestinos e Israel». En esa zona el contribuyente dedicó más de 200.000 euros, en este caso para el «Fortalecimiento de la adaptación al cambio climático de agricultores minifundistas en riesgo en el Valle del Jordán».

Y hasta México llegaron ayudas. Contribuimos en 2011 a salvar de la desaparición a culturas precolombinas. Una subvención de 60.000 euros fue para el programa «Por el rescate de la cultura Mazahua».

El cine por bandera

También en ese último año de gobierno de Rodríguez Zapatero, España exportó su experiencia cinematográfica para mejorar el destino de los pueblos ignotos. El «Festival Internacional de Cultura Hip-Hop» se llevó 40.000 euros, una caravana de cine árabe-iberoamericano realizado por mujeres, 30.000 euros), la caravana multicultural «Cogestionarte por el desarrollo», a realizar en Perú, 60.000 euros y un programa para «la sensibilización y capacitación de agentes sociales en las especificidades y transversalización de la cultura en el desarrollo», 50.000 euros.

Mención aparte merece el apoyo que recibieron las organizaciones sindicales durante el Gobierno socialista. Si tenemos en cuenta las ayudas públicas del Estado recibidas desde 2008 la factura supera los 1.200 millones de euros, cifra a la que habría que añadir otras ayudas que llegan vía, por ejemplo, comunidades autónomas.

Y las subvenciones fueron concedidas hasta el último momento. El expresidente no quiso dejar La Moncloa sin conceder una subvencióna a UGT y CC.OO. Percibieron 332.916 euros solamente durante el cuarto trimestre de 2011 en concepto de subvenciones y ayudas otorgadas por el Ministerio Trabajo.

El asesoramiento sindical en inmigración fue la justificación para el nuevo reparto de fondos, que el BOE desglosaba en varias partidas. La resolución concedía 60.588 euros a la Federación Agroalimentaria de CC.OO. y otros 88.968 euros a la de UGT por «visitar los alojamientos y elaboración de informes sobre las condiciones de las personas trabajadoras de temporada». En total, 149.556 euros. La misma resolución otorgaba otros 183.360 euros a las citadas federaciones sindicales en concepto de «asesoramiento e información sociolaboral». De esa cantidad, 75.300 fueron para CC.OO. y 90.000 para UGT.

En ambos casos, el más beneficiado fue UGT, al que estaba afiliado el entonces ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, cuyo departamento fue el que convocó estas subvenciones en junio de 2011. Todas ellas no tenían financiación del Fondo Social Europeo (FSE), como sí sucedió con otras que fueron concedidas durante 2010 y 2009. Ese año, UGT consiguió 40.360 euros y CC.OO. 115.140 euros «por asesoramiento e información sociolaboral». Ambas cantidades estaban financiadas por el FSE al 50%.

En noviembre de 2011 Mariano Rajoy se encontraba con este panorama. En los primeros seis meses de 2012 aplicaba los primeros recortes en subvenciones sindicales a UGT y CC.OO., que reducía en un 40%. Si entre los meses de enero y junio de 2011 Zapatero les obsequió con más de 44,5 millones, en el mismo periodo del año siguiente recibieron 25,9 millones de euros, un 42% menos.

Ahora solo queda que Mariano Rajoy cumpla su palabra y acometa una reforma de la Ley de Subvenciones que, con carácter general, elimine las ayudas nominativas, incremente la transparencia en su otorgamiento, ejecución y evaluación de su impacto, y defina criterios homogéneos para su concesión.

«Presentaremos en el primer trimestre de 2012 una Ley de Transparencia, Buen Gobierno y Acceso a la Información pública, como un derecho de los ciudadanos y un principio básico de actuación de las Administraciones», aseguró el presidente en su discurso de investidura. Ahora solo falta que lo haga. Que cada euro que de destine sea transparene y justificado.

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