Economía

Empresarios con objetivos mucho más allá de lo económico

El emprendimiento social es todavía un gran desconocido en España. Quienes se dedican a ello no buscan el rendimiento monetario, sino resolver aquellos problemas sociales para los que todavía nadie ha encontrado respuesta

INMA ZAMORA - Actualizado: Guardado en: Economía

Separar el concepto de empresario del de beneficio monetario no parece factible ni sensato en el actual contexto económico. Hay empresas, no obstante, en las que el rendimiento económico es meramente accesorio, un protagonista secundario en una actividad empresarial cuyo primer objetivo no es más que el bien común. El término de empresa social sigue siendo uno de los grandes desconocidos en un ámbito, el de la ayuda a los demás, en el que resulta extraño que haya emprendedores dispuestos a invertir su tiempo y ahorros simplemente en personas.

Las definiciones que hoy se ofrecen para este modelo, el de la empresa social, son variadas y, a menudo, confusas. «Negocios con impacto social» o «empresas sin ánimo de lucro» son algunos de los significados que dan forma a este concepto. Sin muchos rodeos, el término de emprendedor social podría definirse como aquella persona que «dedica toda su capacidad emprendedora, perseverancia y determinación al servicio del bien común y de la transformación social». Así es como lo explica María Zapata, directora de Ashoka en España, una asociación global de líderes emprendedores con iniciativas para cambiar el sistema establecido. Su creador, Bill Drayton, fue galardonado en el año 2011 con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional.

Aunque visto así el concepto de emprendedor social parece más que sencillo, el término se antoja ciertamente complejo si nos paramos a pensar en la delgada línea que separa a una empresa social de una ONG. Si bien es cierto que ambas entidades persiguen satisfacer una necesidad social concreta, la diferencia básica estriba en que, mientras el trabajo de la ONG depende de donaciones, la empresa social es un órgano autosuficiente y financiado por sus impulsores, al igual que ocurre en el marco de una empresa convencional.

  • El emprendedor social no tiene como objetivo el dinero
Fernando Sierra es uno de los co-fundadores de Doafund, un proyecto que busca conseguir que aquellas familias que no pueden afrontar sus pagos hipotecarios debido a la falta de ingresos puedan mantener su hogar. Para este joven emprendedor, la diferencia básica entre ONG y empresa social está en que «la primera es más tradicional y vive de donaciones y subvenciones. Con "vive" me refiero a que normalmente sus costes de gestión se asumen mediante estos dos ingresos, lo que supone una merma en su capacidad de influir en la mejora social que busca. Una empresa social es más eficiente y, como nosotros, busca una forma de ingresos que potencien la causa perseguida. Es, básicamente, una cuestión de gestión».

Cambiar el mundo... ¿es posible?

El concepto de empresa social lleva ya varios años instalado en nuestro país y precisamente por ello ha dado lugar al nacimiento de varias «incubadoras» de empresas de este tipo: Socialnest o Ashoka son algunas de ellas. En concreto, la asociación internacional de emprendedores sociales Ashoka selecciona cada año a un máximo de cuatro personas con ideas innovadores para cambiar nuestra sociedad. Aunque puede sonar algo utópico, lo cierto es que esta y no otra es la filosofía principal de esta asociación que ya lleva diez años asentada en España.

Conchi Gallego, responsable de la búsqueda y selección de emprendedores sociales en Ashoka, aclara que esta red trabaja con un perfil ciertamente restringido de emprendedores, pues solo son seleccionadas aquellas personas cuya iniciativa de ámbito social nunca se ha llevado a cabo. Como explica, «se trata de algo muy difícil, pues innovar en terreno social es complejo. Ashoka busca ideas que cambien completamente la manera en que se soluciona un problema con el fin de transformar la sociedad y abogar por el cambio». Así, aunar objetivos sociales e innovación es la clave del éxito de los proyectos que forman parte de esta red que, a día de hoy, cuenta ya con 3.000 emprendedores en treinta países: Faustino García, un funcionario trata de cambiar el sistema carcelario en España implantando la confianza y los valores positivos, Beatriz Fadón, que busca desarrollar un sector agroecológico sólido y viable o Jordí Martí, que ha desarrollado un sistema de diagnóstico sanguíneo precoz de enfermedades accesible a las comunidades más desfavorecidas, son grandes ejemplos.

Fuera de la red Ashoka encontramos también multitud de útiles e interesanes proyectos enmarcados en el campo de empresa social. Uno de ellos es Doafund, cuyo objetivo, según Fernando Sierra, es «ayudar a que las familias consigan hacer frente a determinados pagos, evitando que se inicie un procedimiento de ejecución hipotecaria. Para conseguirlo, hemos creado una web a través de la cual será posible poner en contacto directo a familias con personas y organizaciones que quieran ayudarlas, canalizando ayudas económicas que permitan afrontar dichos pagos».

Pero, ¿qué saca Doafund de todo esto? Queda claro que, aunque el objetivo principal no es económico, es necesario obtener ciertos beneficios para mantener vivo el proyecto. «Uno de nuestros compromisos es que el 100% de los patrocinios se destina a las familias y nosotros no nos quedamos ni un euro, es más, pagamos los costes de transacción que se apliquen a los patrocinios. De esta forma, si cualquier persona hace una donación de, por ejemplo, diez euros, esa cantidad irá destinada íntegramente a pagar la cuota de la familia. Si podemos actuar así es porque nuestro objetivo es involucrar de forma directa a los bancos en la solución que proponemos, de forma que nos paguen un porcentaje de todas las cuotas que cobren gracias a los patrocinios en doafund.com. Esto implica que serán los bancos quienes sostengan económicamente el proyecto».

Riesgos

La directora de Ashoka en España considera que los riesgos a los que se expone un emprendedor social suelen ser «prácticamente los mismos» que los que tiene que asumir el emprendedor que ella denomina «de negocio». «Ambos modelos asumen riesgos económicos, pero también ponen su trabajo, energía y tesón en el proyecto, a pesar de que todo el mundo les tilde de locos». A esto mismo se refiere Sierra cuando explica que, en el caso de Doafund, «el hecho de tratarse de un proyecto innovador supuso una traba para recibir ayuda de otras organizaciones, pues al no existir nada parecido se tiende a desconfiar». En cuanto a los riesgos, el co-fundador de Doafund se muestra de acuerdo con Zapata y apunta a que se asumen los mismos que un emprendedor tradicional, como perder los ahorros y ser «perseguidos por el estigma que en este país supone el fracaso».

La directora de Ashoka apunta como diferencia principal entre ambos modelos de emprendedor el tipo de motivación que mueve cada proyecto. «En el emprendedor de negocio la motivación princial suele ser económica, recuperar las inversiones principales y rentabilizar el negocio, algo que no ocurre en el caso del emprendedor social, cuya motivación es conseguir resolver la vida al mayor número de personas posible».

Retraso respecto a Europa

Uno de los grandes males del emprendimiento social en España es su desconocimiento. Como asegura Zapata, el concepto era prácticamente invisible en nuestro país hasta hace poco tiempo, pues la unión de emprendimiento con el ámbito social no es, en su opinión, algo fácil de explicar. Además, si comparamos la situación actual del emprendimiento social en España con la del resto de Europa, las cifras hablan por sí solas. En el caso de EE.UU., en torno a un 4,5% de la población se dedica a labores de emprendimiento social en contraste con el no más del 1% que lo hace en nuestro páis. En el conjunto de Europa, España es, junto a Holanda y Alemania, el país que menor nivel de emprendimiento social tiene, según un eurobarómetro realizado por la Comisión Europea.

  • «La sociedad no concibe una empresa con un objetivo social como prioridad»
Los motivos, para la experta, mucho tienen que ver con la situación general del panorama emprendedor en España. «Aquí tenemos muy poca tradición emprendedora debido, en cierto modo, a nuestro sistema educativo y al hecho de que los jóvenes, al tener la vida resuelta, no tengan casi iniciativa para poner en marcha nuevos proyectos». Para Fernando Sierra, «las dificultades de puesta en marcha y la escasa capacidad para ver el papel que una empresa puede jugar en el ámbito social» son los dos factores principales que explican la corta lista de emprendedores sociales dentro de nuestras fronteras.

Ayudas y subvenciones

«Prácticamente inexistentes» son las subvenciones específicas a la empresa social. Fernando Sierra destaca los préstamos participativos que ofrece ENISA (Empresa Nacional de Innovación), dependiente del Ministerio de Industria, Energía y Turismo y cuya misión es fomentar la consolidación de la empresa española aunque considera que, salvo eso, «no hay ninguna ayuda específica». Además, el co-fundador de Doafund destaca que en el ámbito de la empresa social «se compite contra los negocios tradicionales, es más, diría que jugamos en desventaja porque a nuestra sociedad le cuesta concebir a una empresa con un objetivo social como prioridad absoluta».

Uno de los responsables principales del desarrollo y consolidación de la empresa social en nuestro país será, sin duda, la actual coyuntura económica que afronta España. Como explica María Zapata, «todavía es pronto para valorar los efectos de la crisis sobre la creación de empresas sociales, pero lo que es seguro es que esta situación está poniendo el germen de la empresa social del futuro y, en poco tiempo, surgirán empresas en áreas que hoy han comenzado a estar desatendidas por nuestro Estado de Bienestar».

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