XXIII Regata Illes Balears Clàssics

«Mariska», Premio «Leyenda del Mar»

Otorgado por la organización al participante que mejor representa el espíritu de la vela clásica

«Mariska», Premio «Leyenda del Mar»

El velero Mariska (1908), perteneciente a la clase FI15, ha obtenido el galardón “Leyenda del mar” al participante en la XXIII Regata Illes Balears Clàssics que mejor representa el espíritu de la vela clásica. El premio ha sido otorgado por un jurado de expertos formado por Manuel Gómez, presidente de la Asociación de Amigos del Museo Marítimo de Mallorca; Chema Sans, director del Salón Náutico Internacional de Palma, y Joaquín Pita da Veiga, almirante de la Armada española.

Gómez, portavoz del jurado, ha explicado que el Mariska es un ejemplo de conservación del patrimonio marítimo, ya que, después de pasar por innumerables vicisitudes, “mantiene su configuración inicial y ha sido restaurado con gran rigor y materiales originales”. El presidente de los Amigos del Museo Marítimo ha destacado, asimismo, que el estado de conservación del velero es “impecable” y que no se le han añadido elementos posteriores a la época en que fue construido. “Es un barco de hace casi 110 años, pero parece recién botado”, ha añadido Manuel Gómez, para quien la decisión del jurado ha sido “muy complicada” debido a la “enorme calidad” de la flota reunida en Palma.

El ‘Mariska’ es uno de los cuatro veleros supervivientes de la clase FI15, junto al Tuiga, el Hispania y el Lady Anne, todos ellos presentes en la regata mallorquina que organiza el Club de Mar Mallorca. Fue construido en 1908 sobre un diseño de William Fife III y su historia es la de un superviviente. Tuvo una primera época dorada que se corresponde con los años inmediatamente posteriores a su botadura. Bajo el mando de su primer armador, un conocido navegante de la época llamado A.K. Shorter, logró 44 victorias en sólo tres temporadas. Ya entonces se enfrentó al Hispania y al Tuiga.

En 1912 fue adquirido por un comerciante alemán llamado Carl Krüger que vivía en Gotemburgo. Gracias a que navegaba habitualmente en Suecia todo el invierno, a pesar de que su base estaba en el Reino Unido, el barco se salvó de ser requisado por la Marina Británica al inicio de la Primera Guerra Mundial. Durante el conflicto permaneció “refugiado” en Suecia y Noruega, que eran países neutrales. Allí cambio de manos varias veces. El plomo de su quilla fue vendido para fabricar munición, pero el velero fue protegido para evitar que terminara convertido en leña.

En 1917, el Mariska pasó a manos de un armador llamado Gosta Dahlman, que lo recuperó para navegar con su configuración original. Entre este año y 1939 cambió de propietario en tres ocasiones. El último de los armadores de este periodo se cansó del barco y lo abandonó durante 10 años. Pasado ese tiempo, el músico de jazz Olof Grafstrom lo descubrió en un puerto próximo a Estocolmo, en un lugar conocido como “la bahía de los barcos muertos”.

A pesar de su deterioro, Grafstrom se enamoró del barco y lo adquirió, sin papeles, por un precio simbólico. El proceso de legalización y restauración le llevó seis años, pero valió la pena: el Mariska navegó con su nuevo dueño por aguas nórdicas hasta 1970, año en que lo compró el holandés Jacob Jongey. Este armador lo conservó en su poder durante otras tres décadas, transcurridas las cuales se lo vendió a su compatriota Engar Holtbach, un navegante plenamente consciente de la importancia del barco pero que no pudo afrontar el elevado coste de su restauración. Así fue como el Mariska llegó a manos de su actual propietario, el suizo Cristiano Niels, que entre 2007 y 2009 lo sometió a una rigurosa restauración con los mejores materiales en el astillero Charpentiers Réunis de Méditerranée (Marsella), situándolo de nuevo como uno de los referentes de la vela de la mundial.

Toda la actualidad en portada

comentarios