Pedro Sardina - Virando por estribor

Los llaveros de Javier Sanz

Le pesan las trabillas de los pantalones con las rémolas que lleva colgadas desde hace años tanto en la Copa del Rey como en la Federación

Pedro Sardina
MadridActualizado:

No me cabe ninguna duda de que Javier Sanz, vicepresidente de la Real Federación Española de vela, presidente del Real Club Náutico de Palma y presidente del Comité Organizador de la Copa del Rey es una persona honrada. Así lo han corroborado los socios del Náutico de Palma al darle su confianza en dos ocasiones y así lo demuestra que haya sido elegido por Julia Casanueva y Chimo González Devesa como «salvador» de los desastrosos números con que se encontró la presidenta cántabra en la Federación.

No es nada fácil llegar de nuevas a una Federación como la nuestra, que desde que la dejó por última vez Arturo Delgado con un magnífico superávit tanto económico como de resultados, se convirtió en un cajón desastre en el que mangoneaba todo el que quería. Lo de Rodríguez Santos no me atrevo a juzgarlo porque, aunque la «cagó» en cosas fundamentales, hay que reconocer que recogió una joyita de su antecesor. Sí me atrevo a decir que Gerardo Pombo acabó con la vela española desde su aspecto deportivo al de los resultados económicos. Solo una buena generación de regatistas con patrocinadores privados le salvaron la gestión deportiva.

Javier Sanz no lleva muchos años en la vanguardia de la vela española. Saltó a la pista del «circo» con la vicepresidencia del Real Club Náutico de Palma, que compaginaba con una muy buena gestión en su puesto de responsabilidad económico de una empresa cárnica de Palma, y con la presidencia de la Copa del Rey, que todo hay que decirlo, cogió en época de vacas flacas cuando la Copa comenzaba su declive imparable hacia el abismo. Logró remontarla durante unos años, creo recordar que cinco, pero después se le colgaron de las trabillas de los pantalones una serie de llaveros que con su peso trataban y tratan de bajárselos hasta las rodillas. Es una empresa privada y no hay más que decir. Allá él.

Lo mismo le pasa en la Real Federación Española de Vela, en la que si bien es verdad que no ha elegido él a sus compañeros de singladura, sí tiene la potestad de bajarse de ese tranvía sin ruedas cuando estime oportuno. Pase que acepte el reto que le marcaron Julia Casanueva y Chimo González Devesa, pero con algunas condiciones, porque está llevando el timón de un barco que hace mucha agua por ciertas partes. No se puede navegar, por poner un ejemplo, con Javier Torres, el presidente de la Federación Catalana, que mangonea sin parar a la vela española y que se cachondea de todos los federados nacionales permitiéndose el lujo de apoyar una huelga ilegal durante la celebración de un Campeonato de Europa.

En fin, otra muestra de lo que son los llaveros que Javier Sanz lleva en las trabillas de los pantalones y que le están desprestigiando, no solo ante la prensa, sino ante los hombres y mujeres de la vela española.

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