Volvo Ocean Race

Willy Altadill: «La VOR es la regata que quiero ganar»

Nació justo después de los Juegos de Barcelona y a sus 25 años va a hacer su segunda Volvo Ocean Race

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De casta le viene al galgo, que dice el refranero español. Willy Altadill, hijo del casi mítico navegante español Guillermo Altadill, con tan solo 25 años va a añadir a su palmarés una segunda vuelta al mundo. Pedro Campos le ha dado esta segunda oportunidad al joven regatista catalán como segundo proa del barco español «Mapfre». Es el tripulante más joven de toda la Volvo Ocean Race, pero con un palmarés envidiable. Si sigue sí, para la próxima edición va a ser el regatista más solicitado dado que seguirá teniendo menos de 30 años (regla obligatoria para dos de los tripulantes de cada barco) y, además atesorará mucha experiencia. Indudablemente va camino de lograr más cosas que las que ha logrado su padre.

—¿Hasta llegar aquí, qué pasos ha dado?

—Empecé a navegar con nueve años en vela ligera como mandan los cánones de este deporte. En un principio no me lo tomaba muy en serio, pero mi padre me obligaba a hacerlo y me decía que si no iba a navegar, que iba a vender el barco, y como tampoco lo quería dejar, porque en el fondo me gustaba mucho, pues me puse un poco las pilas y comencé a navegar los fines de semana a tope para empezar a competir un poco más en serio. Al final fue entrándome el gusanillo y a gustarme. Poco a poco me fui enrolando para navegar en barcos de más eslora, en cruceros y en maxis, pero navegando siempre desde abajo y respetando la jerarquía propia que tienen los barcos, y hasta hoy.

—¿Hasta llegar aquí, qué pasos ha dado?

—Empecé a navegar con nueve años en vela ligera como mandan los cánones de este deporte. En un principio no me lo tomaba muy en serio, pero mi padre me obligaba a hacerlo y me decía que si no iba a navegar, que iba a vender el barco, y como tampoco lo quería dejar, porque en el fondo me gustaba mucho, pues me puse un poco las pilas y comencé a navegar los fines de semana a tope para empezar a competir un poco más en serio. Al final fue entrándome el gusanillo y a gustarme. Poco a poco me fui enrolando para navegar en barcos de más eslora, en cruceros y en maxis, pero navegando siempre desde abajo y respetando la jerarquía propia que tienen los barcos, y hasta hoy.

—¿Quién le metió en este mundo de la vela oceánica?

—Por mi padre siempre he tenido muchas facilidades para enrolarme en cualquier tipo de vela, y mucho más en la oceánica. El primer gran barco donde navegué fue en el «Leopart» en 2007 y con él gané la Fastnet Race. Esa fue una plataforma muy buena para dar el salto porque me dio la oportunidad de navegar al lado de regatistas de calidad y aprendí mucho. Tuve mucha suerte de tener al lado a verdaderos genios.

—¿Su apellido pesa para bien o para mal?

—Para bien. Nunca he sentido que fuera un problema para mi llamarme Altadill, al revés, me ha beneficiado mucho. Me ha dado el empujón para poder demostrar de lo que yo era capaz de hacer como Willy Altadill, un regatistas más de la flota. También me ha beneficiado que me inculcaron desde pequeño el deporte y la filosofía de la vela, y reconozco que eso no lo tiene todo el que navega. Hay gente que nace con ese sexto sentido, el caso de mi padre, y por eso creo yo que algo se me habrá pegado.

—¿Es la VOR la regata de su vida?

—Ahora mismo, si. Es la regata que quiero ganar, pero no creo que vaya a ser la regata de mi vida. Ahora mismo, desde hace dos ediciones me han dado la oportunidad de centrarme en ella y es lo que estoy haciendo, intentar que todo salga bien y cumplir con creces mis tareas dentro del equipo. No obstante espero que haya otra u otras muchas más.

—¿Qué concepto tiene del VO65?

—Es un barco pesado, duro, pero a la vez muy divertido si las condiciones de viento son buenas. Es un barco con el que da gusto planear y yo creo que está muy bien para dar una vuelta al mundo como la que vamos a dar.

—¿Cómo valora que las etapas del sur puntúen doble?

—Bueno es lo que hay. Hay que mentalizarse que en esas etapas hay que estar entre los tres primeros para sacar un buen resultado. Es cierto que vamos a tener que cuidar mucho el material para no romper nada importante, pero aunque no valiera doble creo que actuaríamos igual. La Volvo Ocean Race no se gana en una etapa, aunque sí se puede llegar a perder. Intentaremos hacerlo lo mejor posible en esas etapas para puntuar e ir más tranquilos hasta la meta de La Haya.

—¿Qué opinión le merece la regla de las chicas?

—Es la única oportunidad que tienen para formar parte de un equipo. Al principio nos parecía algo raro a todos porque tampoco estamos acostumbrados a la situación, pero ya creo que hemos superado esa “línea roja” y las vemos como a uno más. Tenemos la suerte que tanto Sophie como Támara se han adaptado muy bien a nuestras rarezas. Sophie ya tenía la experiencia de haber dado la vuelta al mundo la pasada edición en el «SCA», por lo que enseguida se adaptó y Támara nos dado una sorpresa muy agradable porque en poco tiempo se ha puesto al día y ahora mismo está al nivel que cualquiera.

—¿Qué cambiaría de la VOR?

—Pues creo que no parar en Melbourne e ir directamente a Auckland y luego ya subir hacia el norte, que es como se hacía antiguamente cuando nació esta regata

—¿Estamos predestinados a monocascos con foils?

—Bueno, viendo la evolución de los IMOCA creo que está claro que es el siguiente paso que la Volvo Ocean Race tiene que dar. Cuando la Copa América se decidió por los multicascos con foils parecía que los monocascos ya iban a ser de otra época, pero ahora que la ha ganado Nueva Zelanda y volvemos a los monocascos, lo natural es hacer las próximas Volvos con monocascos con foils.

—Hasta ahora lo habéis ganado todo, ¿es éste el año ideal para ganar?

—Yo creo que estamos preparados para asumir la responsabilidad de intentar ganar esta regata, que no se ha ganado antes por pura mala suerte y porque no llegábamos a la salida con el tiempo suficiente. Llevamos entrenándonos desde marzo y yo creo que si no estamos preparados ahora, nunca lo estaremos. Hemos trabajado muy duro durante mucho tiempo porque el proyecto se presentó pronto y todo ha evolucionado muy bien y rápido. Pudimos coger una tripulación buena desde el principio y estamos muy compenetrados como equipo para dar una Vuelta al mundo con garantías.

—¿Qué sensaciones tuvisteis durante la Etapa Cero cuando ya navegásteis los siete equipos juntos?

—Fue muy buena porque habiendo entrenado en Sanxenxo ya todo nos salió bastante rodado y no cometíamos errores graves. Obviamente durante esa Etapa Cero seguíamos aprendiendo, pero era todo como más natural, como si lo lleváramos haciendo durante mucho tiempo. Teníamos la confianza que te da haber navegado juntos durante el tiempo necesario. Además nos ayuda mucho tener a Mapfre como patrocinador dándonos otra oportunidad para demostrar que estamos ahí.

—¿Qué le falta a esta Volvo Ocean Race?

—Yo creo que le falta tecnología, evolución… pero eso seguro que va a cambiar dentro de poco. Los 65 se pusieron en su momento para reducir costes y yo creo que ahora tienen que evolucionar porque el barco, queramos o no, se ha quedado un tanto antiguo.

—¿Te gustaría navegar en solitario?

—Bueno, el paso natural es mirar a ver si en la siguiente Barcelona Worl Race conseguimos hacerla mi padre y yo. Si conseguimos eso sería una experiencia única y un gran paso para hacerlo en solitario, aunque para eso hay que coger mucha más experiencia. Los solitarios son regatistas muy especiales y hasta llegar a eso tienen que pasar tiene muchas cosas. Ahora mismo no estaría preparado ni mucho menos. Mi padre quiere navegar conmigo y yo con él, pero antes demos de hacer una charla para compatibilizar los caracteres, pero esa es la idea. Dar la vuelta al mundo con tu padre debe de ser el sumun, pero ya veremos a ver. ¡Ojalá!

—¿Qué regata te gustaría ganar?

—La Volvo primero, eso es indudable. No pienso en otra cosa. También me gustaría hacer una Copa América, pero eso ya es otra cosa muy diferente.