Regatista español en el «Maserati»

Óliver Herrera: «En España no se piensa en la vela oceánica»

«No estaría mal hacer una regata A Dos e incluso una en solitario»

LondresActualizado:

Es uno de los pilares del trimarán «Maserati», que patronea Giovanni Soldini y acaba de batir el récord de la Ruta del Té entre Hong Kong y Londres. Nació en Fuerteventura (1987), pero se hizo regatista en Lanzarote. Pertenece a una generación de genios como Rayco Tabares o Carlos Hernández, lo que le ha dado alas para seguir la estela de los grandes barcos de vela oceánica.

¿Cómo y cuándo fueron sus los comienzos en este deporte?

Empecé con ocho años en una escuela de vela de Fuerteventura en un curso de verano de Optimist. Me gustó mucho. A los 16 años crucé a Lanzarote a estudiar y coincidí con una generación muy buena como Rayco Tabares, Alfredo González, Nano Negrín... y me puse a navegar con ellos consiguiendo dos Mundiales, y salté a los cruceros nacionales. Y después, con un gran amigo como es Carlos Hernández me vine al proyecto «Maserati» por un mes y medio y ya llevo casi cinco años con Soldini.

«Echo de menos poder navegar con mis amigos y hacer grandes regatas con ellos»

¿Cuándo se dio cuenta de que podría vivir de la vela?

Más que vivir... me gustaba tanto navegar que era lo que quería hacer. No pensaba en nada más que navegar todos los días del año. Me daba igual el barco. A partir de ahí comenzaron a llamarme y es cuando pensé que podría dedicarme a esto profesionalmente y, de momento, sigo viviendo de lo que más me gusta.

En la vela oceánica internacional ya se ha hecho un hombre, mientras en España es prácticamente un desconocido, ¿a qué cree que se debe esto?

En España la vela oceánica está como un poco abandonada. Solo se piensa en hacer regatas entre boyas. Tenemos muy buenos regatistas como Roberto Bermúdez, que es un regatista top a nivel mundial que no tiene que envidiarle nada a los grandes regatistas o Alex Pella, que se ha ido a Francia y está compitiendo con la elite. ¿Qué pasa? Que en España no tienen el apoyo ni institucional ni privado para que puedan demostrar lo que saben.

Cuando apostó por la vela oceánica, ¿qué le dijeron sus padres?

A mis padres no les gusta mucho esto. No entienden porqué tengo que pasar tantos días en el mar pudiendo estar en tierra haciendo un trabajo con un horario fijo. Siempre me preguntan, ¿no te cansas? ¿no prefieres dormir todos los días en tu casa? Pero bueno, aquí ves mundo, aprendes otras cosas y, al final, lo que aprendes en la navegación oceánica es que no hay dos días iguales. Todo es diferente y todo cambia. Aprendes a tener un carácter humano y estar dispuesto siempre a hacer todo, a trabajar en equipo, a ser uno en medio de unos pocos. Una piña.

Es usted uno de los regatistas oceánicos españoles con más experiencia, ¿le ha tentado algún equipo de la Volvo Ocean Race?

Justo cuando comenzamos el proyecto del trimarán, que veníamos de la Sidney-Hobar nos dijeron que se iba a comprar un trimarán. Me quedé un poco con la incógnita y lo primero que hice fue preguntarle a Giovanni si contaba conmigo sino para buscarme otra cosa. Me dijo que sí, que contaba conmigo en el trimarán. Fuimos a Australia a vender el VO70 y mientras estaba en Australia me llamó Guaden, un regatista que hizo la Sidney-Hobart con nosotros para trabajar un mes y medio en el «Vestas» en donde hicimos Alicante-Goteborg y luego unos eventos enseñando a jóvenes promesas en Goteborg para la fábrica Volvo. Al final no era nada seguro y aposté por el «Maserati». En esta edición de la Volvo cambiaron la edad mínima para jóvenes regatistas. Yo tenía 30 años y la pusieron en 29 lo que fue un punto negativo para entrar en la regata. El «Mapfre» ya tenía el equipo completo contando con la base de la anterior edición. Igual algún día me ficha algún equipo inglés o un equipo extranjero.

¿Qué tal una regata a dos?

La haría sin dudarlo. Me encantaría hacer una Mini o una regata a dos. Todo lo que sea navegación oceánica entra dentro de mis sueños y proyectos. Me llama mucho la atención navegar por el océano ya sea en un 40 pies, un IMOCA, un Mini.

¿Con quién la haría?

Es muy difícil porque tengo mucha gente con la que me gustaría afrontar una aventura así, pero no dudaría hacerla con Carlos Hernández, el que me dio la oportunidad de venir al proyecto «Maserati». Es muy buen regatista oceánico y es un amigo desde que éramos niños, desde siempre. Así que sería el ideal para afrontar una aventura de ese calibre.

¿Y una en solitario?

A lo mejor en solitario pruebo con una clase en la que hay como 80 barcos y es como un Optimist para mayores. Cruzar el Atlántico en solitario sería fantástico. En un barquito de seis metros a todo gas, dando pantacazos intentando llegar a la meta tiene que ser un desafío fantástico.

¿Qué regata le gustaría ganar?

No sé. Siempre me gusta ganar todo, pero a veces se gana y a veces se pierde. Lo importante para mi es tener la oportunidad de poder repetir las cosas. De poder hacer un buen papel y que te sigan llamando para otras regatas.

¿Cuál ha sido su logro más importante hasta ahora?

Los Mundiales de J 80 con Rayco Tabares, la Sidney-Hobart con el VO70 y ahora este récord de la Ruta del Té, con el que hemos hecho casi media vuelta al mundo en sentido contrario con una cáscara de nuez, prácticamente.

¿Cómo es la navegación en un trimarán?

Es muy bonito navegar aquí, pero es un barco que no es muy grande y no es confortable. Cuando hay condiciones de viento de más de 30 nudos es un barco muy nervioso. Muy estresante y hay que estar siempre muy atento. No se puede descansar y no puedes despistarte ni un solo minuto.

¿El futuro final de la vela van a ser los «foils»?

Puede que si, que se vaya tendiendo a navegar en el aire, pero creo que los barcos sin ellos van a seguir instaurado en la vela durante mucho tiempo. Es como cuando llegó el carbono a los mástiles hubo un antes, un desarrollo y un después. Hasta que no esté todo confirmado al cien por cien y sean cien por cien fiables muchos barcos seguirán manteniendo lo que ahora tenemos con las derivas normales.

¿Qué le han parecido los ciclistas de la Copa América?

Personalmente no me gusta mucho porque creo que eso no es la vela que nosotros entendemos como tal. La Copa América era muy interesante y gustaba como la que se celebró en Valencia. Puede que esta modalidad de ahora sea muy vistosa para la televisión, pero donde haya barcos similares donde los regatistas tengan la oportunidad de demostrar sus conocimientos trimando las velas... Ahora hay un hombre dándole a los pedales, pero no sabe para qué lo está haciendo en ese momento. No siquiera ellos ven la regata. Solo hacen trabajo mecánico. Creo que de esa manera se pierde la sensación de navegar, lo que es trimar el foque, lo que es trimar la mayor. Así se pierde sensibilidad en los barcos. Ahora, la que viene en Nueva Zelanda va a ser una incógnita. Ver un monocasco por encima del agua haciendo trasluchadas... no sé, la verdad.

¿Echa de menos la vela en Canarias o cuando va, navega?

Nunca dejaré de navegar en mi tierra. Las condiciones son estupendas y ese mar te incita a subirte a cualquier barco y salir a navegarlo. Si estoy una semana no puedo resistir la tentación de navegar. Navegar con amigos en una sensación fantástica y más en Lanzarote, que aunque aprendí a navegar en Fuerteventura, la isla de lanzarote fue la que me hizo regatista y la que propició que saliera a navegar de Canarias. Estoy muy agradecido a Lanzarote y a los amigos que tengo allí.

¿Quién ha sido su referente?

Cuando llegué a Lanzarote estuve en una residencia y luego me fui a vivir con Willy Tabares y viví codo con codo durante ocho años con Rayco Tabares y Carlos Hernández de lunes a domingo siempre juntos. Nuestra vida era, casa, marina, marina, casa. Siempre rodeados de barcos. Cuando teníamos un tiempo libre íbamos a arreglar el barco y a ponerlo a punto.

¿Y eso lo echa de menos?

Un poco, sí. Poder volver a navegar con mis amigos y hacer grandes regatas, porque tienen cualidades y son buenos regatistas... lo echo un poco de menos.

¿Cuál es el próximo reto?

Pondremos los «foils» al trimarán a partir de mayo para intentar seguir desarrollando este tipo de navegación para lograr un poco más de fiabilidad y más control sobre el «foil» con más viento y con ola. Este año quiero navegar en un J70 con un equipo italiano.