Nadal, este lunes en el Ayuntamiento de París
Nadal, este lunes en el Ayuntamiento de París - EFE
Tenis

Nadal: «Los triunfos no cambian la perspectiva de mi vida»

Al día siguiente de ganar su undécimo Roland Garros, el balear seguía siendo campéon, pero también un hombre con más sueños, objetivos, preocupaciones y ganas de descansar

ParísActualizado:

Después de conquistar París por undécima vez, Rafa Nadal alargó la noche con su familia y sus amigos. Tiempo de celebrar lo inimaginable. Pero a pesar de la proeza, el campeón de 17 Grand Slams se levantó el lunes con más trabajo. Todavía faltan unos días hasta que pueda desaparecer y descansar. Antes, repasa las sensaciones de un día, dos semanas, once años, toda una vida de esfuerzo y éxitos, mientras desayuna un poco de pan con aceite en el hotel donde se aloja desde siempre. Tiene 32 años, pero conserva la esencia del que ganó su primer Roland Garros con 18.

¿Cómo está?

Bien, sí. Estoy un poco medio dormido todavía.

¿Ha sufrido más calambres durante la noche?

Qué va, ya se me ha pasado. Cuando regresé al partido sabía que no volvía.

Después de aquel susto con la mano agarrotada, la victoria y dos minutos de ovación de la Philippe Chatrier. ¿Qué sintió?

Bien, evidentemente era un momento emocionante, un momento importante. Como siempre digo, Roland Garros es el sitio más importante de mi carrera, sin duda. Y al recibir una ovación así, tuve un momento de debilidad y de emoción, pero fue bien.

¿Pensó algo en aquel momento?

Pensé en que había vuelto a hacer algo que era un objetivo, ganar en París, pero que en muchos momentos se veía lejos y complicado. Y más si miraba tres meses atrás, con las dos lesiones —la primera en el Abierto de Australia, tuvo que retirarse—, que era la misma, pero era una recaída, y todo lo que había pasado. Y encima con esa ovación fue todo más especial.

¿Se ha dado algún capricho por este undécimo título?

No necesito muchas cosas. Tengo más de lo que necesito y de lo que nunca hubiera soñado. Soy muy poco caprichoso con las cosas para mí. Tengo un barco, es un capricho que es grande, pero me lleva a la posibilidad de poder desconectar cuando necesito desconectar, y estar algunos días fuera de lo que es el estrés diario, y me permite pensar en lo que se supone que soy yo realmente.

Han sido dos meses de mucha exigencia. ¿Cómo los resume?

Muy feliz por todo. Ha sido un mes y medio, dos meses muy intensos, pero casi casi mejor imposible. Intenté volver en Acapulco, pero no pude empezar el torneo, y desde que jugué en Copa Davis solo he perdido un partido y he ganado muchos y jugando bien la mayoría de ellos. Muy contento por todo. También un poquito sorprendido. El año pasado sí que había hecho una gran temporada, con una gran pretemporada, me sentía preparado para competir muy bien, y este año era un poquito incógnita porque no había tenido tanto tiempo para prepararme. Llegué a la Copa Davis un poquito sin saber cómo estaría ni físicamente ni tenísticamente, pero desde allí empecé a jugar bien. En general todo ha salido muy bien, muy feliz.

El cuerpo le pedirá una pausa.

Sí, tengo ganas de descansar unos días también y de que mi cuerpo tenga ese bajón que suele tener después de un tiempo con una exigencia alta. Y después, enseguida, dentro de unos pocos días pues ponerme otra vez. No se puede relajar demasiado el cuerpo, viene Wimbledon, que para mí es un torneo muy importante.

Después de la temporada de tierra, con 26 victorias y solo una derrota, ¿siente que se queda vacío mentalmente?

Vacío no, pero sí que cuando pasan los años, después de jugar muchos partidos seguidos, uno acaba... Al final sí, he ganado en Montecarlo, dentro de lo que cabe, cómodo; en Barcelona también. No he perdido ningún set. Pero, y entiendo que desde fuera no se aprecia tan bien, sales a la pista sabiendo cada día que puedes perder y puedes ganar. Esa tensión y esa adrenalina que uno tiene a diario hace que te desgastes. Sí que es verdad que vi estos días pasados que era el momento de hacer un esfuerzo final grande. Sí, uno nota que lleva tralla y necesito un descanso mental.

¿Cómo recarga después la adrenalina para continuar?

Intento descansar unos días en casa, dentro de lo que pueda porque tengo cosas que hacer; para luego intentar hacer la preparación adecuada, de forma progresiva a nivel físico y tenístico. Para llegar a la hierba adaptado, sabiendo que la superficie nueva es totalmente distinta. No es como antes, tengo que cuidar mis rodillas, cuidar el cuerpo para intentar llegar a Wimbledon con unas garantías adecuadas.

¿Qué tiene el tenis para que siga con esa ambición con 32 años y después de haber ganado tanto?

Bueno, los tiempos han cambiado un poquito. La gente dura un poco más que antes y creo que lo que tiene básicamente es que hay algunos jugadores que apreciamos el deporte, valoramos y amamos lo que hacemos. Y por eso estamos teniendo una carrera larga.

¿Le preocupa el desgaste físico de su cuerpo después del tenis?

Ahora mismo no puedo pensar mucho en ello porque si no, no me levantaría cada día a dar lo que tengo que dar para estar donde estoy. Al final, todos los años que llevo esforzándome y llevando el cuerpo muchas veces al límite, pues claro, tengo un poco de secuela y seguro que se me va a quedar para el futuro: rodilla, pies, articulaciones, cadera... Estamos en un deporte exigente y encima, muchas veces jugamos en superficies que son muy agresivas. Esto es así. El desgaste va a estar. Pero, por otra parte... ha habido muchas cosas que son bonitas: experiencias y momentos que he vivido gracias a esto que compensan en un momento dado. Quizás estas situaciones compensan los momentos de tener alguna limitación física.

¿Qué cambiaría, una cosa, de su carrera?

Buff, a toro pasado claro que cambiaría cosas. Hubiera tomado decisiones diferentes, según en qué tipo de situaciones, pero son decisiones que uno tiene que tomar en ese momento. A veces uno arriesga demasiado, a nivel físico. Pero son cosas que uno va sintiendo en ese momento. ¿Qué cambiaría? Bueno, cuando me infiltré la rodilla en 2012 en Wimbledon lo cambiaría. Porque luego perdí con Rosol —en segunda ronda—, y después tuve que parar hasta Viña del Mar 2013. Mucho tiempo. También me infiltré la muñeca en 2016 y se me reventó. Pues claro que lo cambiaría, pero me sentía jugando bien, me sentía capacitado para ganar Roland Garros ese año, y tomé esa decisión. Decidir irte porque te duele la muñeca es una situación complicada que, sin duda, la cambiaría. Pero en ese momento, si volviera a estar ahí, sin conocer lo que ocurrió después, ¿lo repetiría? Pues a lo mejor sí. Al final somos deportistas y lo que queremos es aprovechar el momento.

¿De qué se siente más orgulloso en su carrera?

¿Orgulloso? No, estoy contento, evidentemente, por todo. De tener amigos, una familia, un equipo que ha estado siempre detrás de mí, toda la vida, y que me sigue apoyando. Contento del reconocimiento que recibo en España especialmente y por todo el mundo también. Ya no solo reconocimiento tenístico sino humano, y eso es lo que me da satisfacción.

¿Qué le puede enseñar Carlos Moyà, que ganó un Roland Garros, en 1998, a un campeón como usted con once títulos en el torneo?

Primero de todo hay que saber que desde fuera las cosas se ven mejor que desde dentro y yo, generalmente, soy una persona bastante obediente. Que escucha bastante, aunque, después a veces toma las decisiones de forma distinta. No soy una persona que haga todo lo que le dicen, pero casi siempre me dejo aconsejar mucho, para después decidir yo. Soy, creo, bastante abierto a escuchar a la gente y especialmente a las personas que tengo al lado. Creo que desde la humildad que uno necesita para dejarse aconsejar tengo más fácil triunfar. Hay gente a mi lado que sabe mucho y hay gente que a veces no se deja aconsejar. Creo que si te dejas consejar por gente de fuera es la forma inteligente para mejorar.

¿Le gusta la imagen que proyecta el nombre de Rafael Nadal?

La verdad es que soy una persona bastante natural y no me planteo tantas cosas. En definitiva es ver lo que se está consiguiendo, que creo que es algo difícil de imaginar y, supongo que será difícil de igualar. Pero yo veo la vida con toda la normalidad. No me planteo lo que se ha conseguido más de la cuenta, pero no soy una persona que viva pensando «oh, qué bien que lo he hecho». No. Yo intento vivir mi día a día. Y mi auténtica realidad.

¿Cuál es su realidad?

Mi auténtica realidad es cuando estoy en casa haciendo la vida cotidiana normal, del día a día, con mi familia, mis amigos. Esa es mi vida real. Lo demás, todo lo que se ha conseguido, y he conseguido, es muy emocionante y es muy de agradecer, por la gente que me ayuda a tener esas oportunidades, pero eso no me lleva a perder la perspectiva de lo que es mi vida real.