Garbiñe Muguruza, durante su entrevista con ABC
Garbiñe Muguruza, durante su entrevista con ABC - Belén Dïaz / De San Bernardo
Mutua Madrid Open

Garbiñe Muguruza: «No sé qué más ha de pasar para que cambie Venezuela»

La española, que se estrena este domingo en Madrid, desvela a ABC sus sensaciones en una temporada irregular después de la explosión de 2015

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Garbiñe Muguruza empieza a entender quién es cuando ve su agenda repleta de actos. Cecilia Casla, su responsable de prensa desde cuando sólo era una promesa, va repartiendo turnos porque todo el mundo quiere hablar con la número cuatro del mundo, expuesta a una presión brutal esta semana porque juega ante su gente. Hace tiempo que en España se buscaban referencias en el circuito femenino y ahora hay dos top 10, pues también asoma entre las buenas Carla Suárez (ganaron ayer en el dobles). «Mejor, mejor», dice Muguruza, un reclamo para las cámaras ya que regala muecas, gestos y suspiros. Antes de su estreno en la Caja Mágica (hoy ante la eslovaca Schmiedlova , 14 horas TDP), fue uno de los principales ganchos en el «Charity Day» del viernes y se sentó para hablar con ABC de este inicio de curso algo irregular, discreto el balance que desvela su perfil en la WTA (once victorias, siete derrotas).

-Por cortesía. ¿Cómo está?

-Bien porque estoy aquí en Madrid, me hacía mucha ilusión venir, ya que de momento es el único torneo que tenemos en España y me estoy entrenando a tope desde hace varios días. Llegué el martes y no he parado, quería llegar pronto para adaptarme lo antes posible.

-Por norma, se ha bloqueado cuando le ha tocado jugar en casa. Jamás ha ganado dos partidos seguidos aquí.

-Sí, me cuesta jugar un poco aquí. Pero es que quiero hacerlo extremadamente bien y me sale totalmente lo contrario. Supongo que llegará un día en el que diga: «¡A tomar viento!». Y quizá ahí juego mejor, a ver si este año.

-¿Pero realmente en el tenis se nota jugar en casa?

-Pues claro, no es lo mismo jugar en China o en Australia que en Madrid. Aquí todo el mundo te quiere ver, te apoyan, el público se vuelca en tus partidos. Yo lo noto muchísimo.

-Y ahora al fin ya notará que la gente se acerca a la Caja Mágica también para verle a usted.

-¡Sí! Mucha gente me comenta que quiere venir a verme, que le gustaría acercarse. En la grada ya veo a un público que me anima, que me sigue, que se vuelcan, que me aplauden... ¡Hasta gritan mi nombre! Se nota, se nota.

-Entonces, ¿ahora ya sí que le paran por la calle?

-Un poco más, sí. Sí que me paran...

-¿Pesa ser la cuatro del mundo? ¿Lo ha notado en este primer cuatrimestre del año?

-Creo que sí. Pero ya no es solo la exigencia en pista. Mentalmente es complicado, concentrarse siempre... No te das cuenta hasta que realmente estás aquí. Una se cree que cuando llega a ser cuatro del mundo se puede llevar sin más, pero luego te das cuenta de que tienes que hacer esto, hacer lo otro... La gente está encima, espera cosas de ti, tiene el ojo puesto. Pero yo siempre digo que estar arriba es muy exigente, pero también es fantástico. Estar cuatro del mundo es algo que todo el mundo desearía, así que en eso estoy. Intento buscar la fórmula que mejor me vaya para estar tranquila y jugar siempre a mi buen nivel.

-Dice que hasta llegar aquí no se da cuenta uno de las cosas. ¿Y de qué se ha dado cuenta usted?

-Me he dado cuenta de que exige mucha cabeza. Mucha fortaleza cada vez que entras en la pista. Hay que saber que no por estar la cuatro del mundo he de ganar todos los partidos. Las otras chicas también juegan... No sé, a veces pienso en Serena Williams y en Sharapova que llevan tanto tiempo ahí... Sobre todo Serena, que cada vez que juega sabe que si pierde es como el fin del mundo para el resto. ¡Ha perdido Serena! Eso cuesta mucho.

-¿Cómo lo harán, no?

-¡Exacto! O el mismo Rafa Nadal. Que juega un torneo y sabe que desde primera ronda tiene que demostrar quién es. A veces te juega una mala pasada.

-Usted siempre ha sido más de focos y de citas importantes. ¿Le cuesta más en su situación actual los partidos que se dan por ganados? ¿Le da pereza una primera ronda y todo el camino que hay que recorrer para llegar a la final?

-Cuando hablo con otras tenistas todo el mundo te dice que lo mejor son las semifinales, poder jugar una final... Ahí todas quieren jugar contra la una, la dos o la tres. Todo es bonito. Pero lo que cuesta es esa primera ronda que tienes que jugar contra gente que conoces, pero no demasiado. Te pones nerviosa porque sabes que tienes que ganar. Y las otras no son mancas, así que si no estás fina... ¡A la caja!

-¿Lo difícil es tener que ganar?

-Sí, cuesta tener que ganar. El mundo te pone el «tienes», pero realmente no tienes. Lo que hay que hacer es salir a la pista, jugar como antes, nada ha cambiado. Si ese día soy mejor, te gano. Si tú eres mejor, me ganas. Da igual si soy cuatro del mundo o veinte. Sobre el papel se ven los números, pero cuando la raqueta tiene que hablar ya depende solo de la que mejor juegue ese día.

-¿Y usted entiende a su raqueta?

-Ja, ja. ¡Hay veces que la quiero y hay otras que la estampo contra la pared! No, no...

-Sí, que ha tenido alguna recientemente...

-Sí, es verdad, pero yo creo que es normal. Yo me entiendo con la raqueta. Tenemos rifirrafes, pero es bueno.

-Ha tenido este año algún cruce en la pista (se enfadó con su entrenador Sam Sumyk en Doha y lo captaron las cámaras).

-Sí. En algún momento he tenido cruces. Pero en algún momento ha de salir ese momento de frustración. Tienes las cámaras aquí delante (se acerca la mano a la cara) y si te cogen, te cogen. Soy humana, así que gritaré, tiraré la raqueta, me quejaré... Son momentos difíciles que este año me voy a encontrar y forma parte del proceso.

-Su gente le entenderá...

-Sí, sí. Siempre me entienden, saben que a veces se me va la «perola» y es normal que me digan: «¡Garbiñe, no puedes hacer esto!». Pero para eso están ahí, es gente que sabe que hay momentos malos.

-¿Le está saliendo el año como quería en resultados y formas? ¿No cree que por expectativas le falta algún resultado más positivo?

-Todo el mundo quiere y desea ganar más. Yo empecé el año diciéndome a mí misma que estuviera tranquila, que si no ganaba veinte torneos seguidos tampoco pasaba nada. No debo preocuparme tanto por no verme jugando como Serena Williams.

-Sin embargo, después de una explosión como la de 2015, este era el año de confirmación.

-Después de todo momento bueno, siempre hay algo de bajón. Es muy difícil mantener un nivel tan alto y sobre todo cuando nunca me había encontrado en esta situación. Estoy descubriendo cómo puedo hacerlo para seguir con ese nivel tan alto.

-¿Le respetan en el vestuario?

-Noto que las chicas saben que soy una rival a batir, que les puedo ganar y que conmigo van a tener que sudar sangre.

-¿Qué objetivos se marca?

-Mi verdadera meta es la de intentar ser mi propia aliada. Al ser el tenis un deporte solitario, te puedes convertir en tu propia enemiga. He de salir a la pista y jugar tranquila, sin más.