Nadal, brillante campeón en Doha
Rafael Nadal con el título de Doha - reuters
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Nadal, brillante campeón en Doha

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Rafael Nadal saluda a 2014 con un título para empezar, premio a una semana notable en Doha y que se resumió con un triunfo de nivel en la final. Después de ir salvando todo tipo de trampas, exigido en los cuatro encuentros anteriores, el triunfo más brillante de Nadal en el desierto llegó en el día de la verdad. El número uno, en dos horas, se impuso a Gael Monfils por 6-1 6-7 (5) y 6-2.

Es el trofeo 61 en su palmarés, el primero de este nuevo curso y que sirve para dar continuidad a ese memorable 2013. Nadal, a quien siempre le ha costado muchísimo enero, llegará por primera vez al Abierto de Australia con un título y encima se estrena en Doha, uno de los pocos escenarios que se le resistía. Va lanzado hacia Melbourne, primer grande de la temporada, la cita realmente importante de esta fase inicial del nuevo curso.

Fue un pulso repleto de alternativas. No hay demasiada historia en el primer parcial, un paseo militar en donde Nadal exhibió galones y tenis ante Monfils. Desde el inicio, el zurdo castigó a un enemigo rendido, incapaz de reaccionar al bombardeo. Nadal movía la bola de lado a lado, delatado por la mirada enfurecida de las grandes ocasiones, y se benefició también del puñado de errores del francés. No había batalla, tremendo el recital.

Ni siquiera llegó a la media hora, un visto y no visto de 24 minutos en donde Nadal no tuvo nada que ver con el de los días anteriores. Aparcó las dudas que tuvo en semifinales ante el alemán Peter Gojowczik y se entregó en un ejercicio de manual, perfecto en todos los sentidos. Un 6-1 para empezar, medio título en el bolsillo.

El partido más sencillo de la semana era el de la final hasta que Monfils, enérgico tenista, elástico como nadie en el circuito, se encendió con el calor de la grada. La gente quería final y el francés, ahora 31 del mundo, despertó entre gritos y palos. Apretó con sus golpes desde el fondo de la pista y se aprovechó de un apagón de Nadal para estirarse hasta el 4-1. Un cambio radical para animar la tarde del sábado.

Aunque Nadal recuperó la desventaja en el séptimo juego, de vuelta para normalizar la situación, Monfils era un tenista totalmente diferente. Le entraba todo lo que había fallado antes y jugó muchísimo mejor en el tie break, resuelto con un saque directo. Fue más mérito del francés que demérito de Nadal, a quien la estadística le recordaba que sus dos únicas derrotas ante su enemigo fue en ese mismo escenario.

La batalla en el último set fue apasionante. En la pista, dos tenistas encendidos que regalaron peloteos fantásticos, un espectáculo de palos. Sin embargo, siempre dio la impresión de que Nadal estaba más cerca y especialmente cuando rompió en el cuarto juego. Aunque lo pasó mal en el juego posterior, salvando hasta cuatro bolas de break, supo mantener la renta hasta el final.

Empapado en sudor, acabó con los brazos en el cielo del desierto, una victoria que supone mucho, tensión liberada en la celebración. Empieza la temporada con una alegría y se posiciona para Australia, en donde aterriza después de cinco partidos muy sufridos, rodaje idóneo para pensar en hacer algo grande en las antípodas. Nadal, también en 2014, ejerce de número uno.