Nadal pierde la final de Viña del Mar
Rafa Nadal perdió la final de Viña del Mar ante el argentino Horacio Zeballos - EFE
VIÑA DEL MAR

Nadal pierde la final de Viña del Mar

El español no pudo con el argentino Horacio Zeballos (6-7, 7-6 y 6-4) en un agónico partido

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Rafa Nadal perdió la final de Viña del Mar ante el argentino Horacio Zeballos por 6-7 (2), 7-6 (6) y 6-4, abandonado por sus fuerzas después de un partido agónico. El español, que regresaba al circuito después de más de siete meses de lesión, fue incapaz de completar con éxito una buena semana. Se quedó a mitad de camino, pero la sensación es positiva.

Rafa Nadal se quedó a mitad de camino, abandonado por sus fuerzas cuando luchaba por su primer título después de más de siete meses de ausencia por lesión. Le privó del mordisco Horacio Zeballos, un argentino que vivió su día de gloria en Viña del Mar, incapaz de controlar el llanto después de destrozar al español con un bombardeo desde el fondo de la pista. No es el mejor Nadal y de hecho está lejos de serlo, pero el triunfo del argentino merece un aplauso ya que compitió a un nivel tremendo.

Decía Nadal que esto no iba a ser nada fácil, que asumía de antemano que en Chile no iba a ganar. Se trataba, según su hoja de ruta, de llenar la mochila de confianza y de darle kilómetros a sus óxidadas piernas, prioridades lógicas si se tiene en cuenta que no estaba en una pista desde aquella tarde en Wimbledon. Han sido más de siete meses de lucha desde aquel 28 de junio, más de siete meses de incertidumbre porque nadie acertaba con los plazos. Nadal preguntaba a su rodilla y le llegaba un dolor insoportable, castigado por una rotura parcial en el tendón rotuliano y por una hoffitis que le dejó fuera de combate en un sinfín de citas. Vuelve a su rutina, aunque la foto con el primer trofeo debe esperar.

Durante la primera manga de la final, la quinta raqueta del mundo apenas ofreció resistencia al resto, intermitente en sus golpeos y poco profundo. Le jugó muy bien Zeballos, un zurdo agresivo que vive en el pelotón (73 de la ATP), pero se oscureció cuando no tocaba, nervioso como un flan en el «tie break». La gente de Viña del Mar entendió que ahí se terminaba la historia, pero Zeballos, lejos de entregarse, ofreció un recital con ese revés a una mano. Limpió las líneas con un puñado de golpes desde el fondo de la pista e incluso resolvió una complicada situación en el cuarto juego, cuando Nadal le tenía acorralado. Lo hizo todo bien y ganó el juego decisivo a la tercera bola de set que tuvo, premio a la constancia y a su buen tenis.

Nadal en la mira

Ese contratiempo enrabietó a Nadal, que rompió nada más empezar el saque de Zeballos y fue incapaz de aprovechar la ventaja ya que de inmediato entregaba su servicio. Después de 24 juegos sin roturas, dos breaks consecutivos de forma inexplicable, la final estaba loca y Nadal pendía de un hilo. Antes del trompazo definitivo, ya había asomado al precipicio, exigido siempre por un enemigo bestial. Zeballos le apretaba en cada servicio y mantenía el suyo con holgura, contagiado por los gritos de su gente. Olía a sangre, tenía a Nadal justo donde quería.

Y el español acabó rendido, incapaz de sobrevivir al debate. En la tierra batida de Viña del Mar, ha ido sorteando fases de forma progresiva -Federico Delbonis, Daniel Gimeno-Traver, Jeremy Chardy-, pero se estrelló en Horacio Zeballos, justo campeón si se tiene en cuenta cómo se desarrolló la final.

Duele la derrota después de tanto esfuerzo, pero hay muchas cosas positivas de esta semana en Viña del Mar. Para empezar, el regreso a una final de buenas a primeras y la capacidad para luchar en momentos críticos. Ahora sólo le falta una victoria de peso para exclamar que Nadal sigue siendo Nadal. Está un poco más cerca.