Bayern-Real MadridJupp Heynckes, el sabio del Bayern

Con 72 años, busca otro triplete para los bávaros e intimida al Madrid, al que llevó a la Séptima. Jugadores de ese equipo ensalzan sus virtudes

ENVIADO ESPECIAL A MÚNICHActualizado:

Era el 27 de septiembre del pasado año y el Bayern fue zarandeado por el PSG en el Parque de los Príncipes, como pocas veces ha ocurrido en la historia del bravo club alemán. Derrota por 3-0 en la segunda jornada de la fase de grupos de la Champions, en un partido que tendrá consecuencias. 24 horas después, Ancelotti sería despedido, una medida muy poco habitual en el Bayern, pero ese pobre resultado, un inicio de Bundesliga decepcionante y la mala relación del técnico con algunos de los pesos pesados del vestuario dejan al italiano vendido.

Sería Willy Sagnol quien ocupase el banquillo muniqués, pero lo hizo de forma interina. La entidad bávara trabajaba en un recambio sorprendente. Dos días después de la derrota en París, el presidente Uli Hoeness viajó personalmente a Schwalmtal, una pequeña población rural de apenas 20.000 habitantes, situada a cinco kilómetros de Moenchengladbach y a tres de la frontera con Holanda. Allí disfrutaba de su jubilación Jupp Heynckes, junto a Iris, su mujer. El preparador se había retirado en 2013, tras ganar el triplete con el Bayern y ser reemplazado por Pep Guardiola, y desde entonces se entretenía con su casa de campo, las visitas de su hija Kerstin, y su amado Cando, el pastor alemán que acompaña a los Heynckes desde hace más de diez años.

Pero la placentera vida de Jupp se vio de repente puesta en un compromiso por la visita de su íntimo amigo Hoeness, que le suplicó su regreso, al menos para salvar una temporada de color azul oscuro casi negro. Su fidelidad a Uli, al que visitó en varias ocasiones durante la estancia en la cárcel, el estado de necesidad del Bayern y el amor que siente por el club provocan el sí de Heynckes, que con 72 años regresaría a los banquillos: «No se trata de un nuevo comienzo, sino de un acto de amistad; y sólo lo hago por todo lo le debo al club», confesó el entrenador el día de su presentación.

Respeto del vestuario

Hoeness sabía perfectamente que, a diferencia de Ancelotti, nadie en el vestuario pondría en entredicho el mando de Jupp. Un señor de esa edad y carisma, y pleno de autoridad sin ser autoritario, no iba a ser vacilado por nadie, se llamase como se llamase. Y así ha sido desde el pasado mes de octubre. Tanto que el Bayern de Heynckes se rehizo de la noche al día y ha acabado arrasando en la Bundesliga, clasificándose para la final de la copa alemana y está a dos pasos de la de Champions. Se marchó con un triplete y puede lograr otro en su excedencia de jubilación. Una situación provocada por la sabiduría y la buena mano izquierda de Jupp, seguramente el mayor peligro de la eliminatoria para el Real Madrid, aunque a Heynckes no siempre le funcionó esta fórmula.

Su historia en el Madrid

«Aquella temporada, lo que sucedió es que los resultados de la Liga no acompañaron en ningún momento, y así era más difícil ir a entrenarse con una sonrisa. Aquella situación generaba malas caras en la afición y en el club, eso se contagiaba al equipo y en el vestuario había más momentos tensos que de costumbre», recuerda a ABC Manolo Sanchís, capitán blanco en la temporada 1997-98, la única que dirigió Heynckes al Real Madrid.

Aquel curso terminó con la tan ansiada Séptima, tras 32 años de larga espera, pero incompresiblemente el entrenador fue despedido: «Fue una situación ilógica y extraña, pero antes de esa final había muchas decisiones tomadas y una de ellas era echarle. Una buena parte de la planta noble del club pensaba como la gran mayoría y daba la final por perdida. Así que cuando ganamos, imagino que tuvieron que guardar en el cajón algunas de esas decisiones que ya habían tomado, pero hubo otras, como el adiós de Jupp, que ya fue imposibles de parar. Me dio pena porque se ganó seguir», explica Sanchís.

«Siempre fue honesto»

«No era un vestuario fácil el de aquella temporada. Había muchos jugadores con carácter y liderazgo, y los futbolistas pecamos muchas veces de egoísmo. Había un ambiente raro, los resultados no acompañaban y en el club no había mucha confianza en él», rememora Koke Contreras, tercer portero de aquella plantilla. «Conmigo se portó genial. Sabía que por delante de mí tenía a Raúl, Suker, Mijatovic o Morientes, pero siempre fue honesto conmigo y me dijo la verdad. Una pena que acabara saliendo, porque logró lo que muchos madridistas llevaban décadas soñando, la Séptima, pero él no estaba cómodo en el club», detalla Dani García Lara.

Como ya sucediera en las semifinales de 2012, que acabó ganando el Bayern en la tanda de penaltis, Heynckes vuelve a cruzarse en el camino europeo del Madrid y eso significa peligro. No dirige al mejor Bayern de los últimos años, un equipo de avanzada edad y defensa con grietas, pero «Osram» (multinacional de iluminación), apelativo cariñoso por el que se conoce a Jupp en alusión a la rojez de su cara, es un sabio que ha tocado la tecla adecuada. Y sí, eso significa peligro. Seis años después, Heynckes es de nuevo el penúltimo obstáculo del Madrid para llegar a una final de Champions.