Motociclismo

Andreas Pérez, menor, deporte de riesgo y tragedia

La muerte del joven de 14 años reaviva la controversia sobre los pilotos adolescentes

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Fue la noticia que nadie quiere dar, transmitir o trabajar. La muerte de un niño piloto en tránsito a la adolescencia. Un manantial de sueños truncados por el azar de un deporte de riesgo, el motociclismo. Andreas Pérez, joven talento de 14 años llamado a ocupar las parrillas del Mundial en un par de inviernos, falleció ayer como consecuencia de una caída en una carrera de las categorías inferiores (el campeonato júnior FIM CEV Repsol) en Montmeló, el circuito que alberga pruebas de Fórmula 1 y de MotoGP. Andreas fue arrollado por el pelotón de motos en la tercera vuelta y resultó herido de gravedad. Fue atendido por los servicios médicos del trazado catalán y después evacuado al Hospital Sant Pau, en Barcelona, donde falleció en la mañana de ayer al no superar los daños cerebrales.

Un sinfín de condolencias acompañaron la muerte del piloto, cuyo equipo, el Avintia Racing, emitió el siguiente comunicado: «Andreas Pérez ingresó con lesiones cerebrales muy graves y poco después se le diagnosticó muerte cerebral. Aunque su corazón siguió latiendo y a pesar de muchos esfuerzos, finalmente los médicos no pudieron hacer nada por salvar su vida». El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compartió el dolor general a través de las redes sociales. «Conmocionado por la muerte del piloto Andreas Pérez. Difícil el consuelo ante la pérdida de alguien tan joven. Nuestro cariño y nuestro apoyo para su familia y amigos».

También leyendas españolas del deporte, como Pau Gasol («Terrible noticia la muerte del joven piloto Andreas Pérez. El mundo del motor está de luto. Mucha fuerza a familiares y amigos»), Fernando Alonso («Triste al enterarme de la noticia de la muerte del joven piloto de motos Andreas Pérez. Fuerza y un abrazo grande a familiares y amigos) o Marc Márquez («Triste y sin palabras. Quiero mandar todo mi apoyo a la familia y a su gente más cercana. DEP Andreas).

Vecino de Montmeló, nacido en Mollet el 20 de agosto de 2003, Andreas Pérez era una promesa del motociclismo español con vistas al Mundial de MotoGP. En 2017 terminó cuarto en la European Talent Cup y este curso iba décimo en el Mundial Junior, la antesala de Moto3.

La desgracia se ha cebado con Montmeló, trazado en el que han muerto tres pilotos en dos años (antes, Luis Salom –Moto2–, y Luis Saurí –24 Horas de Cataluña–). Pero en los deportes de motor rara vez se señala con el dedo acusador. Muy al contrario, se asume la práctica de un deporte de riesgo y sus accidentes como heridas de guerra. Fatalidad inherente. «Ha sido mala suerte. Ya sabemos que esto es un deporte de riesgo», decía José Luis Fernández, el tío de Andreas.

Padre mecánico, niño piloto

La familia de Andreas cumplía casi al cien por cien el modelo de los chavales que aspiran a ser estrellas del motor. Padre mecánico, niño piloto. Así son las familias de Marc Márquez, Jorge Lorenzo o Valentino Rossi. Un progenitor que ejerce como operario de la moto en función de su conocimiento en el taller. Juliá Márquez era conductor de grúas y apasionado de las motos, practicante de motocross y enduro. Chicho Lorenzo poseía un taller en La Coruña antes de emigrar a Baleares. Graziano Rossi fue un antiguo piloto del Mundial en los años 70 y 80. Todos pasaron por el trance habitual de las categorías inferiores del motociclismo: las minimotos y sus campeonatos, la caravana familiar de padre, madre y hermanos siguiendo al adolescente por los campeonatos nacionales en las diversas categorías.

En España hay muchas: minimeta, minigp110, minigp85, promogp o moto5. Campeonatos locales, regionales, autonómicos en los que un sinfín de familias labran el futuro de sus retoños de modo artesanal. El padre hace de mecánico e ingeniero al tiempo, la madre mueve la comunicación a través de las redes sociales y la web. Y los chavales conducen motos en miniatura, pero también se comportan como lo que son, niños. Es una estampa común que visualizan los habitantes de este ecosistema: los niños luchan a brazo partido en la pista, pero luego se reúnen en torno a las caravanas a jugar al fútbol o al escondite.

En España estos campeonatos de minimotos se celebran en circuitos de karts, provistos de una logística potente, a escala de los grandes certámenes: hay servicio médico, ambulancias, comisarios, auxiliares... Fuentes organizadoras de estas competiciones consultadas por ABC aseguran que «los pilotos con 14 años no son novatos en el mundillo del motociclismo. A nadie se le ocurre montar a un niño en una moto a 250 en un circuito sin experiencia previa. Cuando llegan a estas alturas es porque llevan muchos años pilotando».

Andreas Pérez competía en el equipo Avintia, una estructura potente de una veintena de miembros, con ingenieros, mecánicos, responsable de marketing y prensa... Él también tenía un padre, Adolfo, hoy destrozado por la tragedia, que es un fanático de las motoso. Es dueño de una empresa gráfica y le regaló una minimoto a su hijo de tres años. Con siete ya competía. Y con nueve era campeón de Cataluña.