La estadounidense Oksana Masters, en los Juegos de Pyeongchang
La estadounidense Oksana Masters, en los Juegos de Pyeongchang - AFP

Paralímpicos PyeongchangAbandonada, violada y con malformaciones, la vida imposible de Oksana Masters

La estadounidense nació marcada por la tragedia de Chernóbil pero logró recomponerse para disputar cuatro Juegos Paralímpicos en cuatro deportes diferentes

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Oksana Masters es estadounidense pero su Ucrania natal la marcó desde el primer día de su vida. Nació con cinco dedos en la mano, pero ninguno de ellos eran pulgares, con una tibia más larga que la otra, con un solo riñón y con seis dedos en cada pie, afectada por las radiaciones del accidente nuclear de Chernóbil y condenada al ostracismo por sus padres, que la abandonaron al no poder hacer frente a los gastos médicos que suponían sus malformaciones.

Pasó por tres orfanatos sin encontrar una familia que quisiera acogerla, no solo por sus problemas físicos sino por lo que suponía económicamente el hecho de adoptarla. Fueron siete años de hospicios pobres en los que faltaba la comida y sobraban los abusos físicos y sexuales, algo que ha intentado bloquear de su mente desde entonces. Todo hasta que Gay Masters, una logopeda americana que no podía tener hijos, se apiadó de aquella niña condenada a morir y se la quiso llevar a Estados Unidos.

Parecía que empezaba a ver la luz pero no iba a ser un camino fácil. Las leyes americanas que empezaban a abrirse tras el fin de la Guerra Fría aún ponían problemas a la adopción de niños de los países de la antigua URSS y Oksana sufrió las trabas. Ella se aferraba a una fotografía que le dieron de su futura madre pero los niños del orfanato se burlaban de ella: «Tu madre no va a venir a por ti porque eres mala», le decían mientras ella respondía con una sonrisa. «Siempre que me pegaban, yo sonreía; era lo único que no me podían quitar», recuerda en una entrevista a «The New York Times».

Tanto sacrificio acabó teniendo su recompensa y acabó encontrándose con su madre adoptiva. Aún recuerda aquel momento, en una noche fría en la que el papeleo se volvió a poner en su contra. Lo tenía todo listo para marcharse y quiso esperar despierta la llegada de su nueva madre pero la obligaron a irse a la cama, ya que se retrasaba. «Recuerdo aquel pasillo oscuro con olor a moho y que me resbalé porque se habían roto las tuberías y estaba todo mojado». Una vez en la cama notó un golpe en su hombro, se giró y allí estaba Gay Masters junto a un intérprete. «Te conozco, eres mi madre. Tengo una fotografía», le dijo. «Te conozco. Eres mi hija», le contestó ella.

Cuando llegó a Búfalo tenía ocho años. Fue entonces cuando le amputaron una pierna por los dolores que le causaban las malformaciones y recién cumplidos los 13 le recomendaron hacer lo mismo con la otra, aunque no sería la última vez que pasaría por quirófano. Pocos años después le reconstruyeron los pulgares utilizando parte de sus dedos y se agarró al deporte para superar todos sus problemas.

Cuatro Paralímpicos

Su madre la animó a practicar algún deporte y cuando tocó el agua se enamoró de ella. El remo se le daba bien y progresó tanto que se unió a Rob Jones, un veterano de la Marina que había perdido las piernas al explotar una mina, para disputar los Juegos Paralímpicos de Londres. Aquella fue su primera gran competición y salió de ella con un bronce colgado del cuello.

Solo fue el principio. Al volver de Inglaterra conoció a la entrenadora del equipo estadounidense de esquí paralímpico y esta le despertó el gusanillo por la nieve. Comenzó a entrenar y le gustó, así que decidió prepararse para los Juegos de Sochi, que se disputaban dos años más tarde. En Rusia conquistó una plata y un bronce en esquí de fondo, pero no contenta con eso al regresar pensó que podía acudir también a los Juegos de Río.

Probó entonces con el ciclismo, un deporte que también practica su pareja, Aaron Pike, un consumado atleta en silla de ruedas que, al igual que Masters, también está disputando sus cuartos Juegos Paralímpicos en cuatro deportes diferentes. Corrió el maratón en Londres 2012, disputó las pruebas de esquí de fondo en Sochi, compitió en ciclismo en pista en Río 2016 y ahora prueba suerte en biatlón en Pyeongchang. En Corea ella ya ha conseguido una plata y un bronce; él espera aún tener suerte para obtener su primera medalla.