El entrenador de la selección de Argentina, Jorge Sampaoli
El entrenador de la selección de Argentina, Jorge Sampaoli - AFP
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Mundial Rusia 2018

A Rusia con lo puesto

El papel de los banquillos más destacados del Mundial refleja la simplificación del fútbol de selecciones

Portugal - España, sigue el partido del Mundial de Rusia 2018 directo

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El fútbol no escapa al manto evolutivo que abriga al deporte. Es palpable en la NBA, el baloncesto del futuro, donde todo tiende ya a la especialización en el triple. También en el tenis, donde físicos cada vez más atléticos simplifican el juego con el servicio como eje vertebrador de todo lo demás. En el fútbol de primer nivel, la especialización táctica en las escuelas de entrenadores propicia un juego cada día más alambicado, donde es habitual que los técnicos reduzcan el azar a la voluntad de los grandes jugadores. Quizá a esto se reduzca el éxito reciente del Madrid de Zidane: tenía a los mejores. Ahora bien, a las puertas del Mundial de Rusia todo adquiere una tonalidad diferente. Los combinados nacionales carecen del tiempo de horneado del que sí disfrutan los clubes. Los seleccionadores, conscientes, ven su tarea reducida a aligerar el peso de la pizarra y maximizar la competitividad a corto plazo.

Lo escenifican con pulcritud los referentes en los banquillos de la próxima cita rusa. Brasil, máxima favorita en las casas de apuestas, tiene desde 2016 a Adenor Leonardo Bacchi 'Tite' con mando en plaza. Con el 7-1 de Maracaná como fondo y Neymar como argumento, el técnico brasileño desterró desde el primer minuto el topicazo del «jogo bonito» que se le atribuye a la pentacampeona del mundo. Su plan pasa por armar un equipo fuerte atrás, con un medio del campo que sirva de sostén al talento de sus tres delanteros, con Neymar como gran valedor de la orquesta. Los resultados, hasta la fecha, mejoran lo heredado por Tite.

Messi y su Argentina han propiciado que Jorge Sampaoli, uno de los técnicos con un perfil más silueteado, renuncie a buena parte de sus principios estilísticos. En el polvorín que es esta albiceleste no hay nadie que dude de que Leo es el único dogma. El preparador rosarino, que renunció a su cargo en el Sevilla para coger las riendas de la selección, ha aparcado la máxima de los tres centrales que lo encumbró en Chile para encadenar probaturas y conversaciones con sus jugadores durante el último año, con una única conclusión: «El equipo es mucho más el de Messi que el mío». A otro ilustre entre los sudamericanos, Óscar Washington Tabárez, le sobra la presentación a las puertas de su cuarto Mundial. Pocos técnicos en esta era han inoculado de manera tan palpable el espíritu combativo en su equipo. Su Uruguay lleva doce años haciendo del pragmatismo y la entrega sin condiciones no sólo su plan de juego, sino el hilo conductor de su conexión con el país.

Ya en Europa, Didier Deschamps asoma entre los destacados. Desde que asumiera el cargo en 2012, su labor siguió una senda similar a la que Zidane tomó en el Bernabéu en 2016: hizo del aura que se granjeó como jugador su mejor carta en el banquillo. La prioridad, más allá de profundas aventuras tácticas, consistió en imponer la calma en un vestuario agitado tras el escándalo de 2010, cuando Doménech expulsó a Anelka en plena Copa del Mundo. Fernando Santos, un símbolo del belicoso fútbol griego, amarró con firmeza cada uno de los cabos sueltos de la Portugal de Cristiano Ronaldo para que el astro se encargase de solucionar el brete en la portería rival.

Similar es el caso de Joachim Löw, el responsable de la actual campeona del mundo, Alemania. Llegó al cuerpo técnico en 2004 como ayudante de Klinsmann, que llevaba tiempo trabajado en redirigir el arcaico plan formativo germano con la federación. Los fracasos en las Eurocopas de 2000 y 2004, donde Alemania no superó la fase de grupos, obligaron a tomar medidas, con el trazo de un concienzudo plan junto a los clubes de la Bundesliga como viga maestra. En 2006, Löw tomó las riendas y, desde entonces, no sabe qué es caer antes de las semifinales en un gran torneo. El europeo sub-21 de 2017 y la Copa Confederaciones del mismo año, conquistada con un equipo prácticamente sub-23, son el fruto fehaciente de la siembra teutona.