Luis Miguel Garrido, con El Collao al fondo, el estadio donde ganó la Liga de Segunda B con el Alcoyano
Luis Miguel Garrido, con El Collao al fondo, el estadio donde ganó la Liga de Segunda B con el Alcoyano - ABC
Fútbol

Luis Miguel Garrido, el jugador más expulsado en el fútbol español

El central, que vistió la camiseta de once clubes en veinte temporadas como profesional, defiende a Sergio Ramos

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La tarjeta roja mostrada por Mateu Lahoz en San Mamés le impidió disfrutar este sábado de la goleada ante el Sevilla y convirtió a Sergio Ramos en el jugador de la Liga con mayor número de expulsiones (19). El defensa madridista superó los números de Aguado y Pablo Alfaro en Primera división, pero todavía se encuentra lejos lejos del récord de Luis Miguel Garrido, el futbolista español que más veces tuvo que irse antes de tiempo a los vestuarios por culpa de las tarjetas. «Fueron 32 rojas a lo largo de dos décadas de carrera. Es verdad que tenía cierta fama de duro, pero no me molesta aparecer el primero de la lista. Son circunstancias del fútbol y yo hacía mi trabajo lo mejor que sabía. Eso sí, jamás hice una entrada con intención de hacer daño a un contrario», aclara a ABC en una amena conversación.

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Duro y contundente durante etapa como jugador, Garrido es todo amabilidad al recordar aquellos días. Una buena persona y un gran compañero según los que coincidieron con él en un vestuario, pero que, como otros muchos defensas, se transformaba en la hierba. «El número puede resultar llamativo, pero, si se piensa en frío, quizá no sean tantas tarjetas rojas. Disputé más de quinientos partidos y, le digo una cosa, los defensas de antes no éramos como los de ahora». Continúa y razona su respuesta: «Ahora los entrenadores piden que saquen el balón jugado desde atrás, antes éramos más, como dice la palabra, defensas. Cumplíamos una regla máxima, ya sabe: o pasaba el balón o el jugador. Los dos a la vez, nunca».

Inevitablemente, aparece la comparación entre él y Sergio Ramos. «Como me pasaba a mí, es duro o fuerte, llámalo como quieras, pero un defensa tiene que ser así. También muy técnico cuando el partido lo requiere, a mí me encanta como futbolista. Además, no creo que sea más leñero que otros». Reconoce que, como aficionado, los colores del Real Madrid le tiran, pero para explicar su prototipo de lo que debería ser un buen defensor saca a relucir el nombre de un futbolista que ha hecho historia vestido de azulgrana. «Carles Puyol también iba siempre a por todas, contundente y nunca con mala intención, el defensa del Barcelona era uno de los más completos que he visto. No perdía nunca ese grado de concentración que, quizá, en ocasiones se echa en falta en Ramos».

Debut en Primera división

Tras colgar las botas, Garrido sigue vinculado al fútbol, por el que siente pasión, aunque ahora ejerce desde los despachos. Llegó a debutar en Primera con el Valladolid en la temporada 1991-92, pero su hábitat más habitual fueron los estadios de la división de plata y especialmente de Segunda B, categoría en la que ganó una Liga con el Alcoyano. Veinte temporadas de profesional con once equipos diferentes a las que puso fin en el curso 2011-12 para ayudar a clubes modestos de Tercera como el Gandía o el Muro. Una carrera con más tarjetas que goles (18) y plagada de anécdotas con las cartulinas. Con el paso de los años, recuerda especialmente una. «No había pasado ni un minuto y, en la primera entrada que hice, el árbitro me mostró la amarilla. No se me olvidan las palabras de aquel colegiado: Esta es para que estés tranquilo ya toda la tarde». El defensa más expulsado en la historia del fútbol español considera que el cartel de duro que le acompañaba pudo condicionar a los árbitros en algunas de las cartulinas que recibió. «No en todas, eso es verdad», reconoce con una sonrisa pícara. En total, un catálogo de 32 rojas y 207 amarillas.

Sin dejar de reconocer en ningún momento que sobre el césped era siempre contundente, Garrido rompe una lanza en su favor al afirmar que, en la élite, quizá los árbitros miden más a la hora de sacar cartulinas. «En Primera y Segunda división, son más permisivos y hablan más con los jugadores. En Segunda B, al menos en mi época, eso era más complicado». Sin embargo, reconoce que ese diálogo es beneficioso para todos «porque los futbolistas pueden ayudar más a los jueces». La estadística del defensa más expulsado de España invita a la reflexión. De sus veinte temporadas como profesional, jugó tres en la categoría de plata y en dos de ellas consiguió llegar al final de liga sin recibir rojas. «Sí, así es. Fue cuando militaba en el Toledo y el Racing de Ferrol. Con el Levante sí me expulsaron, aunque solo una vez», recuerda. Nada que ver con las cinco rojas que le mostraron con el Castellón en Segunda B en el curso 2000-01, su récord en un mismo año.

Recordar esas expulsiones no le duele tanto como hablar de su última experiencia en el fútbol como director deportivo. En 2015 llegó al Olímpic de Xátiva y construyó la plantilla que el pasado curso se quedó a una eliminatoria de dar el salto a Segunda B. Después de tres meses sin cobrar tuvo que abandonar el club. «Comencé la temporada y hace un mes me dijeron que no podía seguir por razones económicas que, realmente, no entiendo. Esto sí me da rabia porque en el fútbol más modesto se echan muchas horas, se termina ayudando en todo para que la entidad siga adelante, dejas de estar mucho tiempo con tu familia y al final las cosas no salen como esperas», asegura a ABC con cierta tristeza. Con una personalidad fuerte que ayudaron a construir tantas tarjetas rojas, sabe que en el fútbol siempre hay segundas oportunidades y él espera ahora la suya. Es como cuando te perdías partidos por las sanciones. Hay que saber esperar y tener paciencia», afirma en su despedida.